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Si están leyendo es porque lo que promete el título les resultó atractivo e intrigante. Pero antes de comenzar con el texto les quiero hacer una advertencia. Este nota la escribí hace casi tres años, aunque conserva absoluta actualidad. Si bien está escrita en un lenguaje coloquial contiene números y gráficos, con los cuales no todo el mundo se lleva bien. Y, quizás lo más grave, es bastante extensa. Claro que la extensión es una medida relativa: si les interesa el tema de los solos y solas, y más en general, las cuestiones del corazón, les prometo que este post solo será el punto de partida de un camino. Si están leyendo desde el celular, salvo que tengan alguno de esos que vienen con pantallas gigantes, les aconsejo que dejen la lectura para cuando puedan conectarse desde una computadora, una tablet o cualquier dispositivo más amigable. No quiero que después me pasen la factura del oculista.

Para los que luego de esta introducción ya están pensando en desertar, como tampoco se trata de una película de suspenso, les adelanto que la respuesta a la pregunta del título, es sí. En efecto: hay bastantes más mujeres solas que varones en la misma condición. Y si los cálculos se hacen como sugiero, se podría decir que muchas más. Así que ahora se pueden quedar tranquilos. Eso sí: cuando lo comenten con amigos, familiares o compañeros de trabajo y les pidan un poco más de precisiones, si no leen la entrada entera, ¿qué les van a decir? Bueno, ya sé. Les van a recomendar el blog.

Datos y notas para comprender la problemática de los solos y solas en la Ciudad de Buenos Aires

Por Pablo Perelman

El 27 de octubre de 2010 se realizó el Censo Nacional de Hogares, Vivienda y Población. Este hecho, que ocurre sólo una vez cada diez años, probablemente muchos lo recuerden porque en ese mismo día falleció el ex presidente Kirchner.

Cada vez que se realiza un nuevo censo, los datos del anterior envejecen de la misma manera que lo hace el periódico de ayer. El Censo del año 2001 es ahora una foto desactualizada, en la que aún se pueden reconocer los rasgos más permanentes de nuestra estructura sociodemográfica, pero que también esconde las transformaciones que se produjeron en la última década. Recientemente se conocieron datos muy generales del Censo de 2010, que sólo nos permiten saber cuántos varones y mujeres viven en cada provincia y en las distintas localidades del país. Pero sólo eso. Habrá que esperar al menos hasta mediados del año que viene para disponer de la paleta completa de datos necesaria para pintar la nueva realidad.

Uno de los interrogantes a los que deberá responder el nuevo censo, es qué ocurrió con el mercado matrimonial en la Ciudad de Buenos Aires. Pero, ¿de qué estamos hablando? Seguramente a la mayoría de los lectores esta terminología les sonará extraña, ajena y hasta incluso de mal gusto. ¿Es que acaso se puede hablar de oferta y demanda de personas en busca de pareja? Más aún, ¿es posible hablar de desequilibrios de mercado cuando existen notorias diferencias entre la cantidad de varones y mujeres que están potencialmente disponibles para comenzar una relación? Es oportuno aclarar, entonces, que no es esta una terminología que estoy inventando con el fin de llamar la atención: el mercado matrimonial ha sido abordado en las últimas décadas desde la economía, la sociología y la demografía por numerosos y prestigiosos autores, aunque en el caso argentino hasta ahora los estudios no han sido demasiado numerosos.

Yo vengo interesándome en el mercado matrimonial de la Ciudad de Buenos Aires desde hace unos 15 años, cuando advertí, en base a los datos del Censo de 1991, el importante desequilibrio que existía entre la cantidad de varones y mujeres, en perjuicio de estas últimas. La escasez de varones o la sobreabundancia de mujeres, no era una percepción equivocada o una conclusión ligera carente de sustento, como yo mismo había pensado hasta que me topé con los números, sino una realidad perfectamente mensurable a través de la información censal. Tampoco era un fenómeno que exclusivamente afectaba a las mujeres mayores, como generalmente se asume, no obstante es cierto que es en las franjas de mayor edad donde los desequilibrios son más notorios.

No era casual, por lo tanto, ver cómo las mujeres cada vez más atiborraban bares y restaurantes -lo cual fue percibido por los empresarios del sector que ofrecen atractivas promociones a las mesas integradas exclusivamente por mujeres—, observar cómo se constituían en mayoría en los cines, teatros y espectáculos musicales, que en la ciudad uno de sus shopping centers más importantes se autopromocione como Pasión de mujeres, o que tantas veces ellas tengan que hacer cola para satisfacer un derecho tan elemental como ir al baño.

Dicha situación no arrojó demasiados cambios cuando salió a la palestra la información del Censo de 2001, y los primeros datos de este año ratifican que la falta de varones continuará apesadumbrando los corazones de las porteñas. En efecto, tal como intentaré demostrar utilizando datos de la Encuesta Anual de Hogares de la Ciudad de Buenos Aires de los años 2008 y 2009, las mujeres continuarán teniendo mayores dificultades para conformar una pareja, lisa y llanamente porque son más.

Empecemos por mirar algunos números. Lo poco que sabemos del Censo recientemente celebrado es que en Buenos Aires viven 2.891.082 personas, de las cuales 1.335.163 son varones y 1.555.919 mujeres. Esto significa que en la actualidad hay un 16,5% más de mujeres que de varones, lo cual equivale a que las porteñas superan a los porteños en 220.756 personas. Es cierto que, en parte, esa diferencia se debe a que en nuestra ciudad la población es la más envejecida del país. A su vez, como la esperanza de vida femenina supera a la masculina en unos siete años, a medida que Buenos Aires ha ido envejeciendo, también se fue feminizando. Sin embargo, cuando analizamos los datos poblacionales desagregados por edades, se advierte que los desequilibrios no sólo existen cuando llega el período otoñal de la vida sino que, por el contrario, comienzan bastante antes.

Habida cuenta del desequilibrio mencionado, siempre resulta sorprendente señalar que en la Ciudad de Buenos Aires nacen por año, en promedio, entre un 5% y un 7% más de varones que de mujeres, lo cual se debe a una sencilla razón biológica: en Argentina, como en el resto del mundo, todos los años nacen más niños que niñas, aunque estas últimas son más resistentes a los percances de salud que se presentan a lo largo de la vida.

Observando los datos de 2008-2009, pareciera que en la Ciudad de Buenos Aires las únicas privilegiadas son las niñas, quienes desde el nacimiento hasta los 14 años de edad son superadas en cantidad por los varones en poco más de 2%, lo cual les permite disputarse los noviecitos en un pie de igualdad hasta los primeros años del colegio secundario.

Ya entradas en la adolescencia, el período de abundancia se va convirtiendo en dulce recuerdo, a medida que la fría realidad de las estadísticas muestra el crecimiento de una “competencia desleal”. Así, con el paso de los años, las mujeres capitalinas en busca de pareja comienzan a enfrentarse con dificultades crecientes, en tanto comprueban que son cada vez más, en términos relativos, las que se disputan la misma cantidad de hombres. Horas de charlas son consumidas para describir al prototipo del hombre porteño que no logran cazar ni casar. A partir del intercambio de experiencias se concluye que los varones son cuanto menos fóbicos y poco comprometidos, cuanto más cobardes y mujeriegos.

Mi intención no es contradecir estas opiniones. Aunque no voy a abordar en este tema, creo que tienen un razonable fundamento. Pero sí me parece importante alertar desde un comienzo que la escasez de varones no se debe a que nos escondemos de bandadas de mujeres que patrullan la ciudad buscándonos en los rincones en los que estamos agazapados sino, en verdad, a que somos bastantes menos que ellas.

Vayamos por partes. Lo que habitualmente se utiliza en los análisis demográficos para medir el desequilibrio entre la cantidad de varones y mujeres, es el llamado “índice de masculinidad”, que indica la cantidad de varones que hay por cada 100 mujeres. En la Ciudad de Buenos Aires, el Censo de octubre nos muestra que hay 85,8 varones por cada 100 mujeres, dándonos una primera medida de la escasez masculina.

Utilizando los datos de las Encuestas Anuales de Hogares de 2008 y 2009, podemos observar cual es el desequilibrio que existe entre ambos sexos considerando tramos de edad. Así, en el siguiente gráfico se puede advertir que con la excepción del tramo de 15 a 19 años, en todos los demás las mujeres superan en número a los varones, y que estas diferencias se profundizan a medida que se envejece. Pero como decíamos antes, aunque la escasez masculina es sensiblemente mayor en la tercera edad, comienza a aparecer mucho antes. En efecto, las mujeres que tienen entre 30 y 39 años superan en número a los varones de la misma edad en más de 20%, y entre los 50 y los 59 años esa diferencia se ensancha al 32%.

Gráfico 1: Población por sexo e Índice de masculinidad según tramos de edad. Ciudad de Buenos Aires. Años 2008 – 2009

ImagenFuente: Encuesta Anual de Hogares de 2008 y 2009. Dirección General de Estadística y Censo. Secretaría de Hacienda. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Empero, ¿son estos datos adecuados para graficar la problemática del mercado matrimonial porteño? Definitivamente no. Lo que hemos mostrado hasta el momento, son meros volúmenes poblacionales por sexo. Pero si se trata de conocer la problemática de los solos y solas, los datos presentados apenas nos muestran la punta del iceberg del fenómeno que pretendemos medir.

Para acercarnos a la verdadera situación de escasez, necesitamos no sólo mirar cuantos varones y mujeres hay en total, sino además, distinguir entre aquellos que tienen o no tienen pareja. En tal sentido, tanto los censos como las encuestas de hogares nos permiten identificar a las personas según si viven o no en pareja bajo un mismo techo, independientemente del estado civil que posean. Este punto resulta sumamente importante, porque el estado civil cada vez está menos correlacionado con la convivencia. Basta con afirmar que actualmente se estima que al menos la mitad de las nuevas uniones no pasan por los registros civiles; que se puede seguir casado legalmente pero estar separado de hecho; o que una parte importante de los que revistan en la categoría de viudos o separados, en la práctica, se encuentran unidos en segundas nupcias.

Si consideramos entonces como solos y solas a todos aquellos que, independientemente de su estado civil, no conviven en pareja, podemos convenir que tenemos ahora una definición mucho más apropiada para estimar el desequilibrio del mercado matrimonial.

Como puede advertirse, si ponemos como condición para participar en el mercado matrimonial que las personas no vivan en pareja, se observa que la escasez masculina aumenta de manera pronunciada. Tomando los mismos tramos de edad que escogimos como ejemplo, tenemos ahora que en el segmento de 30 a 39 años las mujeres superan a los varones en más de 45%, mientras que en el que va de los 50 a los 59 años, por cada varón que no convive en pareja hay casi dos mujeres y media en la misma condición. La línea en verde muestra como, a medida que aumenta la edad, la cantidad de varones disponibles por cada 100 mujeres disminuye abruptamente.

Gráfico 2: Población que no vive en pareja por sexo e Índice de Masculinidad según tramos de edad. Ciudad de Buenos Aires. Años 2008 – 2009

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Fuente: Encuesta Anual de Hogares de 2008 y 2009. Dirección General de Estadística y Censo. Secretaría de Hacienda. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Aunque los datos que hemos visto recién, representan mucho mejor como afecta la demografía al universo de los solos y solas, considero que aun es necesario dar un paso más. Si bien la cantidad de varones y mujeres que no conviven en pareja nos permite situarnos de manera más próxima al desequilibrio que existe en el mercado matrimonial, aún no estamos contemplando a las personas que no viven en pareja, pero que mantienen una relación estable. Como vivimos en una sociedad monogámica, a esas personas no las podemos considerar disponibles, por lo cual debemos excluirlas de los respectivos bandos de solos y solas.

Entonces, desde esta perspectiva, los solos son aquellos que no viven en pareja ni tienen una relación estable cama afuera. Sin embargo, lo que conceptualmente puede resultar sencillo e inobjetable, resulta sumamente complejo de operacionalizar. Tenemos ahora un primer obstáculo metodológico serio, habida cuenta que ni los censos ni las encuestas de hogares indagan sobre las relaciones de pareja que mantienen las personas que no conviven bajo un mismo techo. En otras palabras, ninguna fuente de información le pregunta a la gente que no vive en pareja si tiene novio o novia, amante, o cualquier tipo de relación afectiva con otra persona.

Frente a semejante obstáculo, podemos detener nuestra indagación y esperar que algún día las fuentes de información interroguen a las personas sobre las relaciones estables que mantienen (lo cual, hasta donde yo sé, es una variable que no se mide en ninguna parte), o intentar un ejercicio de simulación que nos aproxime un poco más a nuestro objeto de estudio.

Si elegimos el último camino no nos queda otro remedio que echar manos a ciertos supuestos –que, como ocurre siempre que no se tienen datos objetivos– pueden ser considerados más o menos arbitrarios. En este caso, vamos a suponer que el 50% de los varones que no convive en pareja tiene una relación estable, que a mi me parece una proporción, en promedio, muy razonable.

Se puede advertir en el siguiente gráfico, cómo a partir del tramo que va de los 30 a los 39 años, el desequilibrio ya es notoriamente pronunciado, toda vez que hay más de un 90% de solas que solos. Mientras que en el tramo de 50 a 59 años, encontramos a casi cuatro mujeres que no tienen pareja estable, por cada varón que está en la misma condición. Nuevamente, la línea verde muestra cómo, a medida que aumenta la edad, la cantidad de varones disponibles por cada 100 mujeres disminuye hasta niveles bajísimos.

Gráfico 3. Población que no vive en pareja ni tiene una relación afectiva estable por sexo e Índice de masculinidad

según tramos de edad, Ciudad de Buenos Aires. Años 2008 – 2009*

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*Nota: se establece como supuesto que el 50% de los varones que no vive en pareja tiene una relación afectiva estable.

Fuente: Encuesta Anual de Hogares de 2008 y 2009. Dirección General de Estadística y Censo. Secretaría de Hacienda. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Falta, sin embargo, una vuelta de tuerca adicional para terminar de aproximarnos al panorama de los solos y las solas. No lo hemos dicho antes, pero este ejercicio apunta a dimensionar el mercado matrimonial heterosexual, lo que implica que no debiéramos incluir dentro del universo de los solos y solas, a aquello varones y mujeres que tienen una orientación homosexual. Obviamente, aquí tropezamos con una segunda dificultad metodológica, porque tampoco contamos con datos que nos permitan estimar la magnitud absoluta y relativa de gays, lesbianas, travestis y transexuales, ni sabemos en qué medida esta orientación es más frecuente en varones o mujeres. En este caso he desistido de la posibilidad de trabajar con hipótesis alternativas.

No obstante, sí me parece importante aclarar que cuanto mayor sea la proporción de gays y lesbianas sobre el total de la población (que seguramente la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario ayudará a visibilizar cada vez más), mayor será también el desequilibrio que genera en el mercado de solos y solas. En otras palabras, en un mercado caracterizado por la escasez relativa de varones heterosexuales, aunque la incidencia de la homosexualidad masculina y la femenina fuesen idénticas, su existencia tiende a aumentar el desequilibrio en favor de los varones y en perjuicio de las mujeres. Insisto en este punto, porque es moneda corriente escuchar que hay muchos más gays que lesbianas, y que esa sería una de las causas fundamentales que explicaría por qué hay tan pocos hombres disponibles en el mercado matrimonial. Si eso fuera cierto –no como opina otra corriente que afirma que el lesbianismo es igual de importante solo que está más invisibilizado–, indudablemente estaríamos en presencia de un factor que contribuiría fuertemente a agrandar el desequilibrio. De todas maneras, e insisto a riesgo de ser reiterativo, si ambos fenómenos tuvieran igual importancia, de todas maneras las mujeres tendrán mayores dificultades para encontrar una pareja heterosexual, debido a que son el sexo superavitario.

He presentado una manera de mirar la información que intenta demostrar que las mayores dificultades de las mujeres para encontrar una pareja después de los 30 años, no se deben fundamentalmente a factores psicológicos o sociales, sino demográficos. Nada decimos aquí acerca de las razones que han generado tan elevados desequilibrios, tema del cual trataré de ocuparme en un futuro post. Pero para no dejar abierto tal interrogante sin ninguna respuesta, adelanto que los dos factores determinantes son la mayor mortalidad masculina y, más aún, el efecto producido por las migraciones del interior y las internacionales. Sintéticamente, por un lado, las tasas de mortalidad de los varones son significativamente mayores que las de las mujeres. Por otro lado, Buenos Aires es una ciudad que atrae más mujeres que varones del interior y del exterior del país, mientras que estos últimos la abandonan en mayor medida en busca de nuevos rumbos.

De cualquier manera, los datos aquí mostrados no deberían desanimar a las mujeres ni hacer que los hombres nos durmamos en los laureles. Al fin y al cabo, las estadísticas sólo muestran tendencias y la suerte de cada uno de los porteños se construye a partir de su propia historia. Después de todo, en el mercado de los afectos todos los días se realizan nuevas operaciones y, claro está, la competencia está lejos de ser perfecta.

*Agradecimientos

A Paulina Seivach por sus valiosos comentarios y por compartir la pasión por este tema, y a Marianela Ava por el empeño y la paciencia para procesar los datos aquí presentados.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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10 comentarios

  1. Genial. Además de la mayor tasa de mortalidad de los hombres, cosa esperable porque el hombre ha tenido históricamente funciones económicas que le generan mayor estrés y desgaste físico, se me ocurre otra explicación posible para el desequilibrio en la cantidad de hombres y mujeres (en parte ya la insinúas en el artículo) y es que la Ciudad de Buenos Aires, al tener un perfil económico centrado en los servicios, tiende a atraer mano de obra mas concomitante con las capacidades de las mujeres. Por eso creo que el desfasaje también se da en las edades en que las personas se incorporan, típicamente, al mercado de trabajo. Imagino que si uno pudiera ver los datos del personal ocupado en la Ciudad de Bs As por rama de actividad, vería que el sector servicios está ocupado, principalmente, por mujeres.

    1. Mirá Hernán, en realidad el tema de la mayor mortaldad entre los hombres relacionado con el stress laboral, era una teoría que era sostenida hace unos años, pero cada vez tiene menos defensores, debido a que países como por ejemplo Alemania o los nórdicos, que tienen tasas de actividad muy similares entre mujeres y varones, continúan teniendo una esperanza de vida femenina bastante mayor. La misma Ciudad de Buenos Aires es otro ejemplo en ese sentido. Así que habría causas médicas o biológicas. POr otra parte,la verdad es que no sé si es peor el stress laboral o ser ama de casa y tener a cargo a dos, tres o cuatro chicos.

      En cuanto al perfil económico de la Ciudad de Buenos Aires centrado en lops servicios tenés toda la razón del mundo y las migraciones van en ese sentido. Yo tengo datos y cosas escritas sobre esta cuestión, como así también otros que muestran que el nivel educativo de las mujeres solas es superior al de los varones en igual condición. Gracias por comentar. Abrazo.

  2. Más allá de la realidad demográfica de que ellas son mas, opino de que los hombres nos ponemos mas infantiles con los años, perdemos el tiempo haciendonós los bonitos y cuando nos queremos avivar tenemos un pie en el jonca.

    1. Totalmente de acuerdo. Tanto las varones como las mujeres intuitivamente conocen cual es la situación. Muchas amigas mía me han dicho que los hombres se “abusan” y creen que se les pueda soportar cualquier cosa. Ya nos abundaremos en este asunto. Abrazo.

  3. Uf, no se si quería saber tantos datos estadísticos, pero me confirma que seguiré muy feliz con mi lema “todo puede pasar, mas allá de las estadísticas o más allá de lo que muchos digan!!!! Beso

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