Urgencias

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Hoy no sabía sobre qué escribir. Y no porque me faltasen cosas para contar, sino todo lo contrario. Empiezo a entender – salvando las enormes distancias – a los editores de las  secciones de los diarios. Ellos tienen un espacio limitado de páginas y columnas para una cantidad de noticias, notas de opinión o lo que sea que siempre es mucho mayor que lo que pueden publicar. Viven en tensión con los periodistas que trabajan para ellos y con personas a las que ellos mismo quizás les pidieron una nota de opinión. Son los antipáticos que tienen que postergar un artículo que iba a salir seguro, porque hay otra urgente que pide pista. Un periodista, por ejemplo, de un diario nacional que trabaja en la sección de noticias de Buenos Aires y tiene cerrada una nota preciosa sobre los artistas populares que se ganan la vida en las calles, deberá resignarse a que dicha nota sea postergada una, dos y más veces si hay un paro sorpresivo de subtes, la ciudad se inunda o un mega corte de energía eléctrica deja sin luz a seis barrios. Porque hay noticias que son urgentes y otras que pueden salir hoy, pasado mañana, dentro de un mes o nunca. Lo sé de primera mano porque muchas veces me paso por mi profesión trabajar junto a un periodista para armar una nota que salía seguro el domingo, y abrir el diario ese día y encontrarme con que había sido postergada, lo cual por otro lado es algo que los periodistas no suelen avisar, seguramente porque sí lo hicieran todos los días deberían estar pidiendo disculpas, por algo que ni siquiera pueden controlar y que también los afecta a ellos. Si era un tema perecedero, sabía que la nota no saldría a la luz jamás. En otros casos, cuando ya no la esperaba, de pronto alguien me avisaba que había salido en tal o cual matutino. Igual o peor debe ser en la tele y en otros medios de comunicación.

Les cuento esto porque de pronto, en mi muy breve experiencia como bloguero, estoy empezando a tener conflictos parecidos. Aunque en este caso yo vendría a ser el editor, el periodista o el que manda la columna de opinión. En otras palabras, me estoy “peleando” conmigo mismo por razones parecidas a las que menciono arriba. Yo también tengo mis noticias urgentes, que son las cosas que me pasan en mi vida cotidiana, y otras que quizás ocurrieron hace 20 años, pero que una vez que se me aparecen e imagino un relato, pasan a tener la misma o más urgencia que las de ayer u hoy. Por qué es así, es un misterio, porque estoy hablando de anécdotas o historias de vida – propias o ajenas – en las que quizás no había pensando durante muchísimos años. Y además tengo cosas escritas, que son más de las que pensaba, de la época en que pensé por primera vez que quería tener un blog y otras incluso muy anteriores.

Ayer, por ejemplo, Paulita Haimovich, una compañera entrañable de mi grupo de entrenamiento con la que estaba intercambiando unos mensajes, me dijo “¡Tenés que contar lo de Miguel!” Al principio no sabía de que me estaba hablando, pero enseguida lo recordé. Y si bien esa historia debe tener unos cinco años, apenas Paulita me la recordó sentí que la tenía que publicar sí o sí en ese mismo momento, que ni siquiera podía esperar al día siguiente. Y sino fuera porque unos minutos antes había mandado el post correspondiente a ese día, probablemente lo hubiera hecho, porque la historia de Miguel, además de ser una historia muy bella, es una historia con una asignatura pendiente. Y sin embargo ya pasaron varios días y por alguna razón continúa en la lista de espera.

Cuando archive lo del armario digital y dije que ahora sí quería e iba a tener un blog, fue porque me di cuenta que no tenía que ponerme a pensar frente a la computadora sobre qué quería escribir. Que las historias de ayer, las de hoy y las que ocurrirán mañana existen y solo necesitan ser transcriptas. Y si las historias no son reales, sino un ejercicio de ficción, es porque me pasaron cosas parecidas o hubiese querido que me pasaran. Por eso creo que no hay tanta diferencia entre la realidad y la ficción. Más aun teniendo en cuenta que la mente de las personas trabaja con los recuerdos de manera selectiva, con lo cual el límite entre lo que es verdadero y lo que no suele ser bastante gris o difuso. Por algo uno disfruta tanto de aquellas historias familiares que nos contaban nuestros abuelos, padres o tíos a lo largo de 30 o más años, y es porque esos relatos se van modificando en el tiempo, surgen nuevos matices, e incluso a veces comienzan a aparecer contradicciones, cambios en las moralejas, personajes que antes no estaban pasan a tener protagonismo, o bien los que antes robaban escena, ahora desaparecen. Cuál de todos esos relatos contados por la misma persona se aproxima más a los hechos reales, es difícil saberlo. Ni hablar de aquellos que se originan en historias que van pasando de generación en generación. Porque además muchas veces no existen los hechos objetivos. Puede suceder, y lo he escuchado muchas veces, que una mujer anciana le cuenta a sus nietas que en verdad jamás estuvo enamorada del abuelo, que ni siquiera lo soportaba, y que recién al momento de enviudar pudo disfrutar un poco más de la vida. De golpe y porrazo todo lo que esas nietas imaginaban, lo que quizás les habían contado sus padres y la propia abuela, ya no es como ellas creían. Y después de pensar por qué la abuela no se habrá llevado esos recuerdos a la tumba, seguramente terminan comprendiendo el enorme alivio que sintió esa mujer de poder finalmente contar la verdad. O su verdad. De eso, de contar cosas, de relatarlas, es de lo que se trata este blog.

Al final no escribí sobre ninguno de los temas con los cuales me estoy peleando conmigo mismo. Se ve que que contarles esto también era urgente.

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Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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