Basta de hacer cola para ir al baño: una propuesta feminista

mujeres en el baño

¿A quién no le pasó de tener que hacer alguna vez cola para ir al baño? Pero si sos mujer seguramente te pasó muchas veces y lo más probable es que te siga pasando. Sin embargo, ¿tener qué hacer cola para esas necesidades básicas e impostergables es algo inexorable como la lluvia o el paso de los años? Quizás muchos de Uds. estén pensando que este tema es una bobada, y que ya que en el post anterior conté que me sentía desbordado por la cantidad de anécdotas y reflexiones, podría estar invirtiendo mi tiempo y el de los lectores en otros menesteres más interesantes (https://pabloperelman.wordpress.com/2013/09/19/urgencias/?fb_source=pubv1). Sin embargo, les garantizo que el tema tiene ribetes más que interesantes, y que perfectamente podemos enmarcarlo dentro un asunto tan serio e importante como el de la discriminación de género.

Pero antes de ir al grano, repasemos un poco, aunque sea obvio, las razones por las cuales la gente continúa haciendo cola, qué cambios se produjeron en los últimos años y los que probablemente se producirán en un futuro cercano.

Podemos analizar la cola utilizando algunos elementos básicos de economía. Así, “hacer cola” es el desequilibrio entre la cantidad de personas que demandan algún tipo de servicio, y la oferta que existe para satisfacerla. Cuanto mayor es ese desequilibrio, más larga será la cola.

Cotidianamente hacemos cola (o sacamos número) para las situaciones más diversas. Tantas que enumerarlas todas sería tedioso y poco útil, pero vamos a repasar algunas de ellas. Se hace cola para que nos atiendan en un negocio, y luego para pagar por las cosas que compramos. Se hace cola en el cine y los teatros, y también a veces para conseguir una mesa en un restaurante concurrido. Por supuesto se hace cola para pagar las cuentas en el banco, y colas larguísimas para comprar entradas para ver un recital o ir a ver un súperclásico. Se hace cola para esperar el colectivo o para cargar la tarjeta Sube. En el supermercado suelen atacarnos dudas existenciales sobre en cuál de las colas nos conviene ubicarnos y, ley de Murphy mediante, siempre terminamos eligiendo la equivocada. Hubo a principios de este siglo colas legendarias frente a las embajadas de países del viejo continente para conseguir la ciudadanía de la Unión Europea, y por esas épocas surgió el efímero oficio de colero, para el que no se necesitaba ninguna capacitación. Teniendo en cuenta la malaria que había en aquel tiempo, era un trabajo bastante redituable para aquellos que estaban dispuestos a congelarse en una cola a las 2 de la mañana. Lo que se dice una carrera corta y con salida laboral inmediata.

Pero la tecnología promete eliminar las colas o al menos reducirlas en cantidad y tiempos de espera. De hecho, en estos años han sido muchas las innovaciones puestas en práctica. Se pueden pagar casi todos los servicios del hogar debitándolos de una tarjeta de crédito, con débito automático a una caja de ahorro, o pagándolos por internet. También manejando el mouse podemos comprar entradas para el cine, teatro y recitales, y hasta elegir el lugar en el cuál queremos sentarnos, aunque para ello hay que abonar un pequeño recargo. Los corredores nos inscribimos y pagamos casi todas las carreras a través de la red. Hoy podemos hacer las compras del súper llenando el changuito virtual y va a llegar un día, no muy lejano, en que los códigos de barra serán reemplazados por un “identificador por radiofrecuencia” (RFID en su sigla en inglés), que es un sistema de almacenamiento y recuperación de datos que no requiere visión directa entre el emisor y el receptor. Eso significa que podremos pasar el changuito entero por la caja mientras este sistema identifica, automática y simultáneamente, todos los productos que estamos llevando, calcula en instantes el monto de la compra, imprime un ticket y nos pide que cancelemos con una tarjeta de crédito. Todo, por supuesto, sin necesidad de que haya empleado alguno de por medio.

Como vimos, los avances tecnológicos conseguidos por la humanidad y los que vendrán, amenazan con pasar a mejor vida a muchas de las colas que todavía seguimos haciendo. Pero hay una que goza de muy buena salud y que no parece estar sometida ni al más mínimo riesgo. Y claro, adivinaron todos: estamos hablando de la nunca bien ponderada cola para ir al baño. Porque, al menos que yo sepa, aun no se han inventado retretes virtuales, ni medicamentos que sustituyan las ganas de hacer pis. Pero si bien estamos obligados a continuar yendo al baño por los siglos de los siglos, la pregunta del millón es si también estamos condenados a tener que esperar para obtener el desahogo que produce hacer pipi.

Ninguna cola es agradable, pero convengamos que en ciertas ocasiones la del baño puede tornarse dramática y angustiante si uno está apurado, y ni hablar si además nos ponemos nerviosos.

Pero volvamos al principio. Salvo contadas excepciones, como por ejemplo cuando un micro hace una parada en la ruta, la cola para ir al baño solamente la hacen las mujeres. Y si queremos encontrar una solución al problema, antes necesitamos de un buen diagnóstico. Para eso nuevamente tenemos que volver a echar mano a rudimentos básicos de economía, y específicamente a la ley de la oferta y la demanda.

Empecemos entonces por la demanda. Los que leyeron el post de hace dos días sobre solos y solas, se anoticiaron que en Buenos Aires hay más mujeres que varones (https://pabloperelman.wordpress.com/2013/09/18/cuando-los-numeros-cantan-es-verdad-que-en-buenos-aires-hay-mas-mujeres-solas-que-hombres-solos/?fb_source=pubv1). Y si bien en esta ciudad es donde el desequilibrio demográfico está más acentuado, en varios de los centros urbanos más importantes del país ocurre algo parecido. Lo mismo que en Nueva York, Paris o Berlín.

Las mujeres no solamente son más, sino que además tienen más motivos para ir al baño. Son la gran mayoría de las veces las que cambian los pañales de los bebés (por ejemplo en muchos shopping centers los cambiadores solo están instalados en los baños de mujeres) y las que acompañan a los niños más pequeños. También necesitan (¿cómo se dirá delicadamente esto?) varios días al mes cambiar cada tanto toallitas con o sin alas. Y bueno, ya que están ahí quizás aprovechan para retocarse el maquillaje. Según me dijo mi odontóloga, si es que le entendí bien, las mujeres tienen menor capacidad para retener líquidos, lo cual les provoca la necesidad de orinar con mayor frecuencia. Un amigo una vez me dijo que otro problema que yo no había contemplado, es que las mujeres aprovechan la excursión al baño para charlar. Yo no me animo a agregar este ítem a las causas, pero tengo que decir que siempre me llamó la atención que cuando una chica anuncia su intención de ir al baño, muchas veces hay otra que le dice estas dos palabras: “te acompaño”.

Los hombres, además de ser menos, por lo general hacen su trámite de manera muy expeditiva. En conclusión, aunque en este caso no tengo ninguna estadística oficial, mi estimación es que la demanda total para ir al baño está compuesta en un 70% por mujeres y en un 30% por varones. Porque son más y también porque le dan más usos.

Veamos ahora qué pasa con la oferta diferenciada por sexo. Cuando los arquitectos diseñan los baños de restaurantes, complejos de cines o shopping centers, hacen algo sumamente sencillo: la mitad del metraje es para el de varones y la otra mitad para el de mujeres. Pero este decisión, aparentemente neutra, es groseramente equivocada, porque aun suponiendo que la demanda fuera idéntica, lo que vimos que no es cierto, el miti y miti en verdad tampoco es tal, porque en los baños de varones además de los inodoros hay mingitorios. En consecuencia, la cantidad de “puestos totales” de los baños masculinos es muy superior. En muchos restaurantes es habitual que el baño de mujeres tenga un solo inodoro, mientras que en el de varones, además del retrete, haya dos mingitorios; es decir, una relación de tres a uno. Esto lo sé porque durante muchos años, cada vez que estaba con una mujer en un bar o restaurante, y llegaba el momento en que ella anunciaba (siempre llega ese momento) que tenía que ir al baño, yo le pedía que se fijara cuántos puestos tenía, y después o antes, cuando llegaba mi turno, los contrastaba. Puede ser que lo mío no fuera muy romántico que digamos, pero me resultaba muy difícil abandonar esta investigación.Ya no pregunto más porque con la muestra que reuní es más que suficiente.

Después de mucho “trabajo de campo”, mi conclusión es que la oferta total de puestos se compone de 70% destinada a los varones y solo 30% a las mujeres. Como imaginarán, la combinación es explosiva, y la consecuencia ineludible es la bendita cola.

Yo sé que el movimiento feminista de la Argentina está muy ocupado en asuntos más trascendentales como la planificación familiar, la violencia de género, la discriminación salarial, la sobrecarga de trabajo doméstico, el llamado “techo de cristal” que les dificulta a las mujeres acceder a cargos directivos en las empresas o en la administración pública y tantos más. La verdad es que al lado de todos ellos, la cola para ir al baño puede parecer una frivolidad.

Sin embargo, para mi es una muestra de como en una cuestión tan elemental y fácil de solucionar, la arquitectura piensa con cerebro masculino. No me cabe duda, por ejemplo, que dentro de los equipos que diseñan los baños de los grandes paseos de compras hay arquitectas mujeres, que obviamente sufren este error de cálculo como cualquier otra. ¿Nadie se dio cuenta que el problema se arreglaría haciendo más grandes los baños de mujeres a costa de sacrificar una parte de la superficie que se destina a los de varones? ¿Cuánto más grande? Lo suficiente para que la oferta de puestos se invierta: 70% para las damas y 30% para los caballeros. Eso sería lograr igualdad de género y lo mejor de todo es que nosotros los varones no perderíamos prácticamente nada. A lo sumo, quizás alguna que otra vez, nos toque hacer cola a nosotros también, pero en ese caso estaríamos contribuyendo a una buena causa, cual es reducir drásticamente la degradante espera a la que tantas veces deben someterse nuestras parejas, hijas, abuelas o sobrinas. Después de todo, si ellas tardan mucho tiempo en el baño, no nos queda otra que esperarlas.

No me imagino a ninguna agrupación feminista juntando firmas para presentar un proyecto en el congreso que modifique algún código de construcción, ni tampoco lo propongo. Pero si algún lector de este blog conoce a alguien en la Sociedad Central de Arquitectos o en el Centro Argentino de Ingenieros, por favor traten de que lea este post.

Por último, hay una forma de solucionar el problema de un día para el otro, y es eliminando los baños para varones y mujeres*. Bastaría con sacar los cartelitos que cuelgan con variados diseños en sus puertas, y si no hay lugar en uno probaríamos en el otro. Y recién en ese caso, si está todo ocupado, nos pondríamos a hacer una cola unisex. Pero si tengo que ser honesto, me parece que para que una medida así tenga aceptación social, se necesita tiempo y que exista un profundo cambio cultural. Este blog probablemente ya no va a existir, pero estoy seguro que ese momento va a llegar.

baño unisex 1

*Nota: existe un antecedente en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, donde el año pasado se decidió que todos los baños sean unisex. Sin embargo esta medida no fue tomada para eliminar las colas en los baños de mujeres, sino con motivo de la reciente sanción de la Ley de Identidad de Género. Sé que la medida en su momento resultó polémica, pero no tengo información sobre sus resultados.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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13 comentarios

  1. Me encantó la forma en que presentaste este tema. Pasé por varios estados: orgullosa de ser parte de llamado sexo débil por poder aguantarme las ganas a veces, tonta por ver como siempre tenemos que hacer estas fatídicas colas para ir al baño, indignada por el corto metraje y no cortometraje , que se nos dedica para este fin. También debo decir, y mis congéneres estarán de acuerdo , en cuántos misterios guardan esas charlas a própósito del ” te acompaño”. Si supieran “todo” lo que puede significar!!!
    Lo que me dejó impertérrita fue tu “uso” de las citas para alimentar estadísticas, temo que hayas invitado a alguien sólo para que contribuyera con ellas. Habrán sido muchas, pocas??? ( cuántas minas que tengo…).
    Finalmete si algún día se habilita un baño unisex propongo algo no clásico para el cartel de la puerta tipo… “Solos y solas con deseos…” y que cada quien haga su interpretación, no?

    1. Con relación al “te acompaño” muchas veces después de salidas en pareja, luego me enteraba de un montón de cosas que nunca habían sido charladas en la mesa, del estilo “parece que están remal” o “están pensando en tener un hijo”, todo con muchísimo lujo de detalles. Ahí me di cuenta que las mujeres tienen una capacidad increíble para hablar en poco tiempo de cosas importantísimas en el baño. Quizás esa sea la razón por las que aun no se organizaron para salir a reclamar más superficie e inodoros. Adhiero a la propuesta. Después de terminar esta entrada buscando en internet descubrí que hay cosas rarísimas. Por ejemplo, en Suecia un partido político presentó un proyecto de ley para que los hombres solo puedan hacer sus necesidades sentados. Y hay varias más muy llamativas. Besos.

  2. como dice Mafalda “lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Habría que admitir también que en lugares como los shoppings o los aeropuestos, el porcentaje de mingitorios “ociosos” es muy alto. Uno hasta se puede dar el lujo de dejar espacios libres entre usuarios. Excelente la porpuesta.

    1. Gracias Tomás. Creo que justamente la capacidad ociosa de mingitorios e inodoros en nuestros baños, en paralelo a las colas en los baños de mujeres fue lo que me hizo comenzar a pensar e “investigar” sobre este tema. Hay una distribución inequitativa de puestos que si se los sacan a los varones no les afectaría en nada, y para las mujeres sería maravilloso. Es difícil imaginar otras situaciones de solución de inequidades tan poco conflictiva. Abrazo.

  3. muy buen relato!!! es tal cual y creo que hasta peor!!! me hiciste reír con tus observaciones y estadísticas!!! cómo es que tanta mente brillante construyendo no piensa estas cosas?? más de una vez terminé entrando al baño de los varones…y bueno, la necesidad obliga…jajjaj A lo mejor entre tantos lectores de tu blog esté el que provoque el cambio!!! besos

  4. Yendo al camp de entrenamiento de Mendoza en el bus sentada al lado de un ex desconocido. Habíamos hablado tanto que ya era conocido. Le digo: me hago pis!. Dile al conductor que pare, me dice Hernan. Me paro sin separar mucho las piernas y me acerco a hablar con el conductor. Me dice que en diez minutos paramos en una estación de servicio. No estaba segura de poder aguantar diez mas… Llegamos y bajo corriendo al baño donde me encuentro 10 mujeres haciendo filaaaa!!!! Miro la puerta del baño de hombres: y nadie afuera. Le digo a Hernan que entraba al baño: fíjate si no hay nadie y entro yo. Me dice: dale, pasá!! Entré directo al baño con puerta y tres hombres de espaldas me vieron por el espejo entrar y sonrieron. Ellos usaban el mingitorio. Pensé que no había nadieee, Hernan!! No pasa nada, me dice. Mientras alguien me sostenía la puerta. No era él sino Julito, un futuro amigo. Salgo aliviada sin mirar y entro en el shop para comprar un yogur… Otra vez una extensa fila, pero esta vez para pagar. Yo riendo fuerte para variar, con Hernan, de la situación y diciendo que de todos modos no los volvería a ver. Un X de la fila me dice: no te hagas problema por haber entrado al baño de hombres! Una urgencia es una urgencia! El tipo era uno de los que estaba en el baño.

  5. Genial Paulita! Que buena historia! Sin dudas para agregarla al expediente reclamando más baños para las mujeres. Tu anécdota me hace acordar a un fondo que hicimos juntos hace más de un año. Yo estaba descompuesto y mi situación se volvía cada vez más apremiante. Al baño más cercano no llegaba ni de casualidad y vos me salvaste porque tenías unas toallitas húmedas en la mochila. ¡Que situación más desesperante! ¿Te acordás? Besos!

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