“Es domingo y no tengo novio”. Historias de amor y desamor para empezar bien la semana.

mujer triste

No, no salí del placard. “Es domingo y no tengo novio” (http://esdomingoynotengonovio.blogspot.com.ar/) es un blog que escriben mis amigas Flor Bea y Maite Pil. Pero antes de presentárselas, voy a contarles cómo llegué a ellas y a su blog. Como bien saben, navegar en internet tiene sus misterios. No corremos el riesgo de soportar un naufragio y tener que sobrevivir en una isla desierta como Tom Hanks; a lo sumo, lo peor que puede pasarnos es quedarnos sin servicio de internet, que se nos meta un virus o que la compu nos diga hasta acá llegué.

Pero lo que ciertamente pasa, y a menudo, es que luego de surfear durante un rato las aguas virtuales, de pronto nos topamos con algún lugar al cual no tenemos idea de cómo llegamos. Por ahí estábamos buscando algo en google, fuimos a dar a un sitio que nos llevó a otro, y luego a otro, hasta que finalmente terminamos desembarcando en un lugar tan atractivo e interesante del que nos haremos habitués. Eso me pasó a mí con “Es domingo y no tengo novio”.

Flor Bea y Maite Pil se presentan a ellas mismas, de la siguiente manera: “Nacimos hace veintipico de años en la ciudad de Buenos Aires. Nos gustan varias cosas y podríamos contar de qué signo somos, pero eso lo reservamos para los hombres esotéricos.”

El nombre del blog nos dice muchas cosas. Son chicas jóvenes que en la realidad o la ficción – eso poco importa – están solas, pero uno imagina que preferirían no estarlo. Escriben los domingos, que es un día difícil. El fin de semana se está terminando, y si había expectativas de que pasara algo interesante, una historia de amor, o aunque más no sea una historia a secas, una vez que el sol del domingo se retira, las esperanzas se desvanecen. Solo queda esperar la llegada del lunes, con sus rutinas de trabajo o estudio. Si nos agarra mal parados o medio sensibles, no es raro que cuando finalmente anochezca sobrevenga algún bajón o brote melancólico.

Flor Bea y Maite Pil cuentan historias de amor y desamor. Historias que pudieron ser y que finalmente no fueron. A veces a esas historias las recuerdan con cariño, las rescatan. Otras veces agradecen con fina ironía, sarcasmo o cinismo, habérselas sacado de encima. Hablan de las cosas que les pasan, como ellas dicen, a chicas de veintipico, pero que pueden pasarle a cualquiera mujer, aunque tenga diez, veinte o treinta años más.

Este es un blog naturalmente muy femenino. Pero eso no quiere decir que sea exclusivamente para mujeres, ni mucho menos. Por el contrario, este es un blog de lectura obligatoria para los varones, al menos para los que queremos tender un puente que nos permita desentrañar algunos de los misterios del alma femenina, en un momento donde las relaciones están cambiando de manera tan vertiginosa.

Luego de convertirme en asiduo lector del blog, conocí a Flor Bea y Maite Pil en el segundo ciclo de cine organizado por “Es domingo….”. En la segunda o tercer función, yo estaba muy mal ubicado y traté de cambiarme de lugar. Pero con tan mala fortuna y torpeza, que pateé el enchufe del cañón proyector. Como antes de volver a encenderlo había que esperar que se enfriara, hubo que hacer un intervalo obligado de por lo menos 20 minutos. Supongo que deben haberme odiado, pero les agradezco que no se hayan reservado el derecho de admisión en las siguienes funciones.

Los dejo con los relatos de Flor Bea y Maite Pil. Ojalá los disfruten tanto como yo.

Qué extraño

Por Flor Bea

Extraño sus ojos, su pelo, sus orejas, su boca caramelo cerrado, el lóbulo de su oreja entre mis labios, su cuello perfumado. Extraño sus hombros, su clavícula entre mis dientes, su piel maní tostado. Extraño sus uñas recortadas, sus pies, sus manos apiladas, las veces a veces transpiradas. Extraño sus sueños realizados, sus maneras y sus modos, sus nodos concentrados, sus nudos desatados. Extraño su voz y su risa, su prisa lenta a mis espaldas, su alma, su estigma, su vida postergada. Extraño sus mañanas en las mías, su cara en la ventana, su cama ventilada, su ropa sin abrigo, su armario con su lío, su casa, su morada. Extraño tanto el peso de su cuerpo, la levedad de la angustia soportada, la palabra precisa en la confianza, la señal de que aquello era la gracia. Cuánto extraño todo esto que extraño cuando quedo colgada en sus pestañas, y subo y bajo sin elegir el ritmo que elegiría cuando aquieto mientras calma. Porque extraño sólo extraño y más extraño que conmigo él aún despierte y salga.

Extraño es que no entre sigiloso ya a mi cuarto, que hayamos olvidado los apodos de los juegos, que ya no bebamos los jugos cítricos del alma, que después de perdernos no encontremos la calma, la calma, la calma. Extraño es que no llegue el alivio de la despedida ganándole a lo eterno roto. Extraño es lo perpetuo cuando abunda la ira, extraño es que la violencia intente cerrar heridas. Extraño es que gritáramos cuando el mundo nos callaba, extraño es que lo mudo siempre muere con palabras, extraño es que su boca no pueda vomitar fresas, extraña es la certeza de haber olvidado algo. Extraño es el instante que ignora lo pasado, extraño es que haya algo sin poder ser recordado.

Es extraño no quererlo cuando extraño su presencia y es extraña esta ausencia de pasado en el instante. Es extraño que algo pase cuando no hay lugar al tiempo. Es extraño que a lo lejos reconozca mi silueta y que corra como atleta a tomarla entre sus brazos, a tomarla entre sus vasos. Es extraño que me beba, que me sorba, que me absorba cuando ya habita tan lejos. Es extraño su reflejo en el mar tan espejado, es extraño estar salado para que ya no nos infecte, para que ya no nos afecte. Es extraño el tajo rojo, es extraño el gajo amargo en la fruta anaranjada, es extraño este gaje de aceptar que sea el pellejo el que cuente lo secreto. Es extraño querer tanto, tanto y no poder decir te amo porque eso en la escritura es explícito y pesado.

Qué extraño que un día gris haga que lo extrañe tanto.

Una amiga

Por Maite Pil.

Leticia me llamó llorando y con algún tipo de cuadro gripal, conozco sus congestiones. Se deprime y se engripa, o se engripa y eso la deprime. No logré entender mucho de lo que dijo, por sus mocos y la histeria, pero mencionó algo de un hombre boca abajo en la cama, vestido, que no pudo soportarlo, que un hombre no hace eso y algunos comentarios más acerca de sus límites, la muerte y el final. Este día iba a llegar. Con algún hombre se las iba a cobrar.  Hasta ahora entre nosotras el “lo mato, lo mato” había sido una muletilla. Pero no iba a tardar demasiado en ocurrir. Una vez casi nos matamos entre nosotras. En esa época estábamos por rendir un final de neurociencias y, estudiando las funciones cerebrales, se nos dio por golpearnos la cabeza en lugares estratégicos para olvidar viejos y actuales amantes. Terminé un mes con un cuello ortopédico y ella con la boca partida. A pesar de todo esto, recurre a mí en plena crisis como si yo fuera a darle alguna solución coherente. Tal vez aquel golpe sí la haya afectado. Será que soy bastante buena en esto de la escucha. O será que estoy lo suficientemente loca para ir, sin hacer demasiadas preguntas, a la potencial escena de un crimen. Me preparé algunas cosas que podríamos necesitar. Un vino, aunque corría el riesgo de que ella estuviera con antibióticos. Pero yo no iba a mover un muerto sobria porque todavía tengo algo de decencia. Unos cubre calzados que me había robado del trabajo y unos guantes de latex. Dos paquetes de cigarrillos. Una caja de anticonceptivos de emergencia. Lavandina y uno de esos jabones femeninos. Un juego de sábanas sucio, un toallón y la cámara de fotos.  Me tomé un colectivo de una línea que no me llevara a su casa sólo para tener el boleto como coartada.  Me bajé a la primera parada y me tomé un taxi. No sabía si iba a servir de algo pero era la primera vez que estaba envuelta en una cosa así. Como metí todo en una mochila de camping, me hice pasar por extranjera con el taxista, el cual no dudó ni un segundo en pasearme por la ciudad aprovechándose de la situación. Esto ya estaba empezando a salirme caro. Después de varias vueltas sin sentido, llegué. Le toqué el portero con nuestro clásico código y enseguida me abrió. Por suerte puede abrir desde arriba. Creo que se mudó ahí simplemente por eso, para ahorrarse el viaje en ascensor. Me abrió la puerta de arriba e intentó darme un beso, le esquivé la cara para no dejarle transpiración en la mejilla y le pregunté “Dónde está?”, susurrando, como si los muertos escucharan. No me contestó y rompió en llanto, mientras me hacía un gesto con el brazo como invitándome a pasar. Le respondí con otro gesto que me esperara. Ahí fue cuando me di cuenta de que los cubre calzados junto con los guantes habían quedado a lo último de la mochila. Me agaché en el pasillo y empecé a buscarlos. Me los puse con una velocidad digna de admiración y entré. Leticia me miró con una cara surrealista y me preguntó: “¿Pisaste mierda?”. Yo no podía hablar, me apoyé el dedo sobre la boca como los carteles de silencio hospital y fui directo a su habitación. No había nadie en la cama ni a los alrededores, tampoco en el placard. Volví al comedor y le pregunté “¿Qué hiciste con el tipo que tenías en la cama?”. “¿Martín? Se fue a la casa, lo mandé al carajo”, me contestó, y volvió a llorar. Se puso a hacer mate mientras me explicaba cómo él solía esperarla boca abajo en la cama antes de tener sexo y cómo ella ya no soportaba esa escena. Me quedé en blanco, casi temblando. No podía sentir más que decepción ante la ausencia del crimen. Y miedo por mí, por mi deseo. Le dije que había pisado mierda y que yo iba a tomar vino.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

M T

Poesías, prosas y cuentos

Correlatos

Relatos, ficciones y lo que tenga ganas de escribir

Semana 52: Espartatlón

Relatos, ficciones y lo que tenga ganas de escribir

ES DOMINGO Y NO TENGO NOVIO

Relatos, ficciones y lo que tenga ganas de escribir

A %d blogueros les gusta esto: