Once obsesiones de un maratonista y una canción desesperada

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Faltan solo dos días y estoy insoportable. Me consuela un poco saber que la mayoría de mis compañeros están igual que yo. Bueno, casi igual que yo. Y eso que hasta hace una semana me sentía confiado y tranquilo. Pensaba mucho en el maratón, obviamente, pero no estaba tan obsesionado como en las dos veces anteriores que lo corrí. ¿Qué pasó entonces? Nada. Solo que antes faltaban más de 10 días y ahora apenas dos. Voy compartir con Uds en qué devaneos anda mi alocada cabeza. Y luego, como colofón, una canción desesperada. Ey! Si no son corredores no se vayan. De pronto en estos días se van a cruzar con varios de nosotros y es mejor que estén preparados.

1) Quiero que todos sepan que el domingo voy a correr el Maratón de Buenos Aires. Nos pasa a casi todos los corredores, no vayan a creer que soy el único. Si alguien nos mira las zapatillas, antes de que levante la vista le aclaramos que son de running, y que esas solamente las usamos para las carreras de calle. Si, por supuesto, también hay carreras de aventura y esas también las corremos. Si hasta cruzamos la cordillera de Los Andes corriendo. Si estamos en un taxi y hay mucho tráfico (es decir casi siempre) le decimos al taxista que corriendo seguro que llegamos más rápido. Y si nos dice que faltan como veinte cuadras, más vale que se entere que eso para nosotros no es nada. Les cuento una que me tengo pensada por si mi amigo el verdulero se olvidó que corro el domingo: cuando le pida que me ponga papas y batatas, ni loco me pierdo de decirle que son para la carga de hidratos. ¿Carga de hidratos? Y si, Ramón. Cuando uno corre un maratón hay que estar todo el día meta que meta con la papa, el arroz y la batata.

2) Ahora que el verdulero, el taxista o el encargado nos puso cara de interés, llegó el momento de aclararle que el maratón es masculino y que decir la maratón es una barbaridad semántica. Y cuando nos cuente que tiene un sobrino que también corre maratones, hay que ponerse muy serio y advertirle que el verdadero maratón tiene 42 km y 195 metros, y carreras como la maratón del helado artesanal que tienen una extensión de 10 o menos kilómetros son una estafa puesta al servicio del marketing más pueril.

3) Si vamos al psicólogo, obviamente todas las sesiones que tengamos en el último mes las vamos a dedicar a hablar del maratón. El profesional que se precie intentará llevarnos al terreno de la asociación libre, y nos invitará a pensar en cuáles son las cosas verdaderamente importantes que estamos depositando en algo que, al fin y al cabo, no es más que una carrera. Si esto sucede significa que el tipo no entendió absolutamente nada y llegó el momento de cambiar de analista. O, mejor aun, hacemos la cuenta de toda la plata que le pagamos a ese chantapufi en el lapso de un año, y con ese dinero nos anotamos para correr el maratón del polo norte y por ahí hasta nos sobra plata. ¿O al fin y al cabo todavía no nos dimos cuenta que no hay mejor terapia que el running?

4) Seguro que cuando le contamos al taxista, al encargado del edificio o al verdulero que vamos a correr los 42 km y 195 metros, después de pensar para adentro lo locos que estamos, por decir algo o ser amables, nos preguntarán cuánto tiempo pensamos tardar. Pobre tipo no sabe en la que se metió. ¡Porque eso es muy difícil de contestar! Hay que explicarle, para empezar, que hay un tiempo probable y otro posible, que depende de cómo esté el clima, de cómo nos levantemos, si sopla viento en contra o a favor, si hace calor, frío o llueve. Y que, por otra parte, en una carrera tan dura lo más importante es terminarla, lo cual, en nuestro fuero íntimo, no nos lo creemos ni por medio segundo. Cuando nuestro monólogo se extienda más de lo aconsejable, nuestro interlocutor maldecirá habernos hecho la pregunta de cortesía, pero ya será tarde. Si es el verdulero rogará que las frutas y verduras nos alcancen hasta el domingo, así no nos vuelve a ver hasta el lunes o martes. El pobre encargado está en el horno, así que si le quedan unos días de vacaciones es posible que se los pida.

5) Por supuesto la mayoría del tiempo estamos a solas con nuestros pensamientos, y ahí no nos queda otra que aguantarnos a nosotros mismos. Las dudas existenciales nos agobian. Tratamos de pensar en otra cosa, en distraernos. ¿Acaso la vida no está llena de un cúmulo de cosas bellas, trascendentes e importantes? ¿Puede ser que una carrera o, peor aun, la fantasía de cómo será esa carrera expulse de nuestro cerebro cualquier otro pensamiento o idea? ¡Por Dios, basta! ¿Por qué no será ahora el domingo a las 7:30 AM para que me abran el corralito y por fin pueda empezar a correr?

6) No todo, por supuesto, es un calvario. Hay momentos lindos como cuando nos vamos a la cama, cerramos los ojos, y nos ponemos a imaginar nuestra carrera soñada. Nos visualizamos fuertes, confiados, optimistas. Vamos a vencer a todos y cada uno de los obstáculos que se nos presenten a lo largo de los 42 km. ¿O acaso para que entrenamos tanto tiempo sino es para acariciar la gloria que nos espera en la llegada, para sentir el goce que nos provocará la medalla que nos colgarán del cuello, para alimentarnos de las sonrisas y los abrazos de los amigos que nos felicitarán, que nos dirán que lo logramos, que somos unos genios. Y a pesar del cansancio no vamos a querer que ese momento se termine nunca.

7) Hay que empezar a bajar uno o mejor dos cambios, porque a la carrera hay que llegar descansados. Es muy importante los días previos dormir todo lo que se pueda, porque la noche anterior lo más probable es que la pasemos en un duermevela. Casi con seguridad no podremos dormir nada, no quiera el diablo que nos desmayemos un rato antes de que suenen las tres alarmas distintas que pusimos y no escuchemos ninguna de ellas. No soy supersticioso, pero por las dudas mejor toco madera.

8) Pero si es cierto que, como reza el proverbio musulmán, nadie se muere en la víspera, tampoco nadie se queda dormido el día del maratón. Si dormir nos costó un Perú, ahora el centro de todas nuestras preocupaciones es sí podremos ir al baño. Se entiende, ¿no?. No es solo cuestión de abrir la puerta y sentarse un rato en el inodoro. Buena parte del éxito dependerá de lo que suceda entre esas cuatro paredes. Pero ojo: no hay que olvidar que antes de pasar por el sagrado recinto por lo general toca el desayuno. ¿O antes hay que vestirse? Tampoco vendría mal una duchita para relajarse. Pará pará. Mejor no ducharse nada porque dadas las circunstancias quizás relajarse mucho sea contraproducente.

9) Creanme que lo intento, pero no soy de los que logran dejar preparado todo la noche anterior. Siempre alguna cosa me olvido, como por ejemplo atar en la remera el número de competidor. Como estoy nervioso no me sale, me pincho los dedos con los alfileres de gancho, las yemas me sangran, la remera se tiñe de rojo. Todo está saliendo mal; evidentemente es una señal de que hoy no es mi día. Pero como no soy cabulero después de un rato se me pasa.

10) Al fin logro salir a la calle. Ahora todos se van a dar cuenta que soy un maratonista. El encargado está lavando la vereda y de corazón me desea la mejor de las suertes. En la calle de civil solo hay chicos y chicas en grupitos volviendo de los boliches. Siento que me miran como a un bicho raro. Me saludan medio borrachos y yo les devuelvo el saludo. Me gusta cruzármelos. Me acuerdo que alguna vez también fui joven y no corría maratones. El resto somos colegas que caminamos o trotamos despacito. Estamos todos medio muertos de miedo, pero eso no nos impide empezar a disfrutar del gran día.

11) Al fin llegamos al punto de encuentro donde están nuestros amigos. La mayoría correrá la carrera, pero también hay otros que vinieron desde muy temprano para acompañarnos, nos sacan fotos, nos dan ánimos. A su manera ellos también quieren ser parte de la fiesta. Los quiero tanto a todos, pero por favor ya no me pregunten nada que tengo miedo de no saber qué contestar. Disculpen pero me quiero concentrar como un boxeador antes de subirse al ring, o como un nadador antes de tirarse a la pileta. Igual nos vemos dentro de 42 km y 195 metros, y ahí con lo que quede de mí pueden charlar todo lo que quieran.

Una canción desesperada

Aquí me pongo a correr
Porque mis piernas inquietas
Me hacen sentir un sotreta
Si es que no salgo a la calle
A devorarme kilómetros
Por las veredas y parques.

Ya se viene el maratón
Y los nervios me carcomen
Fue tanto tiempo entrenando
Aunque llueva, nieve o truene
Que ahora que llegó el gran día
Estoy muerto del julepe.

La carga entera de hidratos
La cumpliré a rajatablas
Arroz, fideos, batatas
Papas, cereales y avena
Y pa´ hidratar gatorade
Limonada y jugo e pera.

Y ahora todos me preguntan
Que cuánto pienso tardar
Si busco marca personal
O apenas llegar a la meta
Muchas preguntas concretas
Que me cuesta contestar

Que si me pongo adelante
O mejor salgo de atrás
Si empiezo más despacito
O siempre a ritmo parejo
Si tomaré muchos geles
O comeré frutos secos.

Que nadie se quede afuera
Y aunque no corra que aliente
Que apretando bien los dientes
Y con un amigo al lado
Es lindo llegar a la meta
Y fundirse en un abrazo.

Y ahora me voy a dormir
Para soñar un ratito
Es que quiero verme ahí
Cerquita de la llegada
A ver si sale un sprint
Pa´ que festeje la hinchada.

payador

*Mi número de carrera.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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6 comentarios

  1. jajajaja , me morí…me hiciste reir mucho!!! nunca corrí maratón pero escuché muchos comentarios y situaciones muy parecidas a las que relatás a medida que se va acercando el día…desde afuera es muy emocionante verlos llegar después de tanto esfuerzo físico y mental (y de tanto taladrar la cabeza a todos con que van a correr el maratón!!! jajaja).
    Estás listo Pablo, te entrenaste para llegar y lo vas a hacer!!! Vamos a ser muuuchos los que vamos a estar alentándolos!!!!
    Seguinos contando tus anécdotas que son muy graciosas y de paso te descargás!!!
    HASTA EL DOMINGO !!!!! Besos

  2. Mientras te leía te veía posta… Y la vaselina, los geles y el garmin? El garmin! Lo deje mal conectado y no cargo!!! Oh y ahora quien podrá ayudarme… Nada corro igual sin vaselina, ni geles y sin garmin, paro en todos los puestos de hidratación y corro tranquilo pero firme que para eso me entrene los 3 meses anteriores.
    Muy lindo tu relato Pablo, todos nos identificamos en más de una de tus obseciones! Bravo!!!

  3. Jajajaja! Muy cierto, me sentí identificado con cada una de las situaciones. Los runners somos vistos como bichos raros, te faltó enumerar lo dificil que resulta encontrar un taxista que te quiera levantar en la calle para ir a la maratón, no saben si venís de una fiesta de disfraces o te tomaste todo y te dio por salir de deportista…

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