Carta urgente a Miguel Ángel Morales

Querido Miguel: antes que nada espero que estés bien y que puedas recibir esta carta. Porque hace como un año que no te veo y no tengo manera de ubicarte. Hace tiempo que vengo pensando en vos porque hay algo que tengo que decirte. Cuando todavía te veía casi todos los sábados y domingos, tuve infinidad de oportunidades de contártelo, pero por alguna razón nunca lo hice. Supongo que me dio pudor. Pero no te doy más vueltas. Esto pasó hace cinco años y comenzó con una carta que escribí al foro de mi grupo de running  Correrayuda.

Queridos amigos: ayer salí a correr a la mañana y al cruzar por Figueroa Alcorta y Dorrego  me sorprendí con los avances de la obra del futuro puente que será utilizado por peatones, corredores y ciclistas. Sin dudas, una buena noticia para todos aquellos que practican deportes o pasean por la zona.

Creo que todos conocemos al hombre que desde hace años ayuda a cruzar correctamente el complicado cruce sobre el cual se está construyendo el puente. Ese hombre está postrado desde hace quién sabe cuanto tiempo en una silla de ruedas. No puede caminar; mucho menos correr o andar en bicicleta. Y sin embargo es ese mismo hombre el que generosamente nos alerta sobre el peligro que la imprudencia y la distracción (tan propia de ciclistas y atletas pedestres) puede ocasionarnos. No puedo evitar pensar que quizás ese hombre, del que desconozco nombre o apodo, haya sufrido tiempo atrás un accidente que le impidió volver a caminar, y decidió hacer lo poco que estaba a su alcance para evitar que otras personas tengan el mismo trágico destino. 

No tengo dudas que ese hombre salvó a muchos de un terrible accidente. No he visto a nadie ignorar sus instrucciones. Yo mismo he clavado decenas de veces los frenos de mis zapatillas cuando el levanta su mano derecha y hace sonar el silbato. Este hombre me ha protegido de los asesinos seriales que se cansan de burlar los semáforos en rojo. Me pregunto cuántos accidentes habrá evitado, cuántos cuerpos habrían quedado gravemente dañados, cuántas vidas se habrían perdido prematuramente, cuántas familias hubiesen quedado destruidas por el dolor. Pero sobre todo me pregunto qué hará ese hombre cuando el puente se inaugure y todos nosotros podamos prescindir de sus servicios.  ¿Sentirá la satisfacción de “misión cumplida” y verá con agrado que sea ahora el Estado el que se ocupe de la seguridad vial y peatonal de esa esquina? 

No puedo saber qué piensa ese hombre. No sé cómo se sentirá. Jamás me detuve a hablar con él. Nunca le dije cuanto valoro su trabajo. No sé que hará ese hombre, pero sí sé lo que debería hacer la comunidad. 

Propuesta

Para empezar, el futuro puente debería llevar su nombre. Nadie como ese hombre hizo tanto para mantener la seguridad de esa esquina. Y si esta obra finalmente se concretó, también en parte se la debemos a él, que todos los días con su presencia nos dice: ¡esta esquina es muy peligrosa! ¡tengan cuidado! ¡no se maten! 

Nosotros podemos hacer algo por él. Hagamos una placa en su homenaje para que todos sepan, incluyendo a las futuras generaciones, que antes de que se construyera ese puente hubo un hombre que durante años, a cambio de nada, ayudó a preservar la vida de los que por ahí pasaban. Y entreguémosela en el mismo día y en el mismo momento en que el puente se inaugure oficialmente. Es poco en comparación con lo que él hizo por nosotros. Pero es un gesto humano y posible. Y él se lo merece. ¿Alguien me quiere acompañar en la comisión pro-homenaje? 

No te imaginás Miguel todo lo que generó esta carta. Todos mis compañeros estaban emocionados, conmovidos. Mi casilla de mail por esos días explotaba. Todos querían ayudar en lo que pudieran. Escribimos un petitorio dirigido al Jefe de Gobierno pidiendo que el puente llevara tu nombre. Varios de nosotros hicimos gestiones informales en el Gobierno de la Ciudad. No pasaba un solo día sin que alguien aportara una nueva idea. Que el puente llevara tu nombre pasó a ser nuestra gran causa.

El sábado 20 de diciembre de 2008 varios amigos me escribieron contándome una gran noticia. Sorpresivamente el puente se había inaugurado el día anterior, y esto salió en el diario La Nación de esa fecha: “Rodríguez Larreta propuso bautizarlo como el “Puente de Miguel”, en homenaje a un joven discapacitado que suele visitar la zona de Palermo y que es muy querido por los vecinos. No obstante, será la Legislatura porteña la que elija el nombre.” (http://www.lanacion.com.ar/1082768-ya-esta-en-uso-el-puente-de-dorrego). No habíamos podido entregarte la placa que habíamos pensado. Pero el puente iba a llevar tu nombre y eso era lo más importante. Cuando el trámite oficial se cumpliera, te haríamos también nuestro propio homenaje.

Vos nos sorprendiste y una vez que el puente fue inaugurado te quedaste en la esquina de Figueroa Alcorta y Dorrego. Seguiste haciendo tu trabajo de la misma manera que lo hacías antes. Tenías razón porque no toda la gente que camina o corre usa el puente, y los ciclistas lo tienen restringido. Nos seguiste cuidando de la misma forma que lo hacías antes. A cambio de nada. Los años pasaron y todavía el puente no lleva tu nombre. Yo sigo confiando en el que el reconocimiento finalmente va a llegar. Seguro que más de un diputado de la legislatura porteña cuando conozca esta historia hará las gestiones pertinentes. Vos sabés que a veces lo urgente posterga lo importante. Pero también que cuando una causa es justa finalmente el reconocimiento llega. Pero mientras se hagan los trámites, quiero hacerte llegar, gracias al arte de mi amigo Juan Antonio Currado*,  el homenaje de nuestro grupo. El que no pudimos hacerte cinco años atrás. Ojalá que puedas verlo. Y que te conmueva y emocione tanto como a nosotros cuando comenzamos a pensarlo cinco años atrás. Te mando un gran abrazo y espero verte pronto.

Imagen

*Agradecimiento especial a Juan Antonio Currado de JAC Fotocollage (http://jacfotocollage.blogspot.com.ar/)

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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