La belleza y la velocidad no solo le pertenecen a los jóvenes

corredoras de mediana edad

Hace unos días, viajando en el subte, escuché una conversación entre dos amigas. Una que tendría unos 45 años y que era bastante bonita, le decía a la otra: -Si algo me pone furiosa es cuando mi marido me dice que para la edad que tengo estoy muy bien. ¿No puede decirme que estoy muy bien a secas? ¿O que soy linda?

Todo el mundo en mayor o menor medida tiene miedo a envejecer. Y también la fantasía de que se puede luchar contra el paso del tiempo o al menos intentarlo. Practicar un deporte inyecta una dosis importante de vitalidad a las personas y las hace sentir más jóvenes. Ese seguramente debe ser uno de los secretos del auge del running entre quienes tienen más de 40 años. En muchos casos se trata de personas que hace muchos años que no practicaban ningún deporte, e incluso no son pocos los que salvo por las clases de gimnasia del colegio, nunca antes habían hecho ejercicio físico alguno.
El proceso es, más o menos, siempre el mismo. El primer logro es sostener la actividad durante un tiempo; no rendirse. Más adelante, una vez adquirida cierta confianza, llegará el momento de correr la primera carrera en una distancia corta, generalmente entre 8 y 10 km. Y, si todo resulta bien, una vez abandonada la categoría de principiante, el nuevo desafío será correr esas distancias más rápido. Y también prepararse para completar carreras más largas.

Al principio los progresos son muy notorios. Si la rutina de entrenamiento se cumple, la gran mayoría consigue mejorar significativamente su performance en los próximos dos o tres años. Es habitual escuchar la frase “…ahora que tengo 40 años, físicamente me siento mejor que cuando tenía 20 o 25”.

Cuando una carrera se acerca, las conversaciones entre corredores se vuelven bastante aritméticas. La danza de números incluye la referencia al mejor tiempo que se posee en tal o cual distancia, que es aquel que se intentará mejorar, lo que por supuesto implica correr más rápido que nunca.

Ahora bien. Es un hecho que después de los 30 años a igual preparación, el rendimiento de los corredores comienza a declinar. Como los cambios de un año a otro son pequeños, las mejoras en el entrenamiento y la nutrición, sumadas a la experiencia, pueden permitir al corredor superar este obstáculo y continuar mejorando los tiempos de las distintas distancias. Pero así todo llega un día en que la edad se transforma en un límite. Sin embargo, eso no significa que se acabaron los desafíos y las posibilidades objetivas de mejorar los resultados …. en términos relativos. Veamos por qué.

La siguiente tabla, elaborada por la WMA, en base a una base de datos de resultados de carreras muy importantes, muestra cuáles son los tiempos equivalentes, desde el punto de vista relativo, de corredores de distinto sexo y edades. En otras palabras, es una herramienta que permite comparar los resultados de personas de distintas características en una misma carrera, aislando la caída del rendimiento que se produce con el paso de los años. También toma en cuenta que las mujeres corren más despacio que los varones.

Tabla de equivalencias de tiempos por sexo y edad para una carrera de 10 kilómetros

Edad
Varones
Mujeres
30
00:43:00
00:48:34
35
00:44:13
00:50:06
40
00:45:35
00:51:49
45
00:47:07
00:53:45
50
00:48:50
00:55:56
55
00:50:56
00:58:38
60
00:53:29
01:01:56
65
00:56:24
01:05:47
70
00:59:47
01:10:17

En este caso, lo que hice es construir dichas equivalencias tomando como base a un corredor de 30 años que tarda 43 minutos en completar una carrera de 10 km, y fijarme cuáles son los tiempos equivalente para varones y mujeres que tienen entre 30 y 70 años. Por ejemplo, una mujer de 45 años que corre los 10 km en 53 minutos y 45 segundos, es “igual de buena” que el varón de 30 que tarda 43 minutos. Y lo mismo podríamos decir para un hombre de 60 años que demora 53 minutos y 29 segundos en completar la distancia. En el caso más extremo, la equivalencia para una mujer de 70 años es de 1 hora, 10 minutos y 17 segundos, lo que significa 27 minutos más que el varón de 30 años que tomamos como referencia.

Lo que nos permite una tabla de equivalencias es pasar de la dimensión absoluta a la relativa. Y en esta última dimensión, por ejemplo, se puede afirmar que una corredora de 50 años que tarda 55 minutos en una carrera de 10 km., es más veloz en términos relativos que el varón de 30 que los hace en 43 minutos, a pesar que la mujer cruzó la meta 12 minutos más tarde.

Lo interesante de tablas como estas, es que también le permiten imaginar a una persona que empezó a correr “de grande”, que tiempos podría haber hecho si hubiese iniciado esta práctica deportiva a los 25 años.

Siempre se dice que lo bueno del running es que permite que las personas corran contra sí mismas. Aunque no ganemos ninguna carrera ni subamos a podio alguno, tenemos el incentivo de mejorar nuestros propios tiempos. El problema es que que si solamente nos fijamos en los tiempos absolutos, en tratar de bajar una marca que conseguimos hace cinco o siete años, podemos terminar frustrados. Lo que nos dice la tabla de equivalencias, es que si logramos mantener nuestros tiempos anteriores o incluso si tardamos un poquito más, en el mundo de la dimensión relativa podemos estar mejorando. Es una forma de asumir que envejecer es un proceso inexorable, pero que eso no significa en absoluto que desaparezcan nuevas metas y desafíos. Y esto seguramente vale tanto para el running como para todas las dimensiones de la vida.corredor grande

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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