Esta semana un virus me tumbó y me dejó durante unos días fuera de combate. Lo que parecía en un primer momento una alergia pasajera, se transformó en una fiebre que el domingo a la noche disparó el termómetro por encima de los 39 grados. Como la fiebre aflojó rápidamente, pensé que un par de días después iba a estar listo para retomar el entrenamiento, pero el cuerpo de manera contundente me dijo que no. Todos los días de esta semana me levantaba con la ilusión de recuperar las fuerzas, pero enseguida tenía que aceptar que salir a correr era un camino seguro hacia la recaída.

Además del virus, en los últimos dos días los astros no estuvieron alineados, y así llegué a la última parte de este viernes con un manifiesto malhumor. A eso de las seis de la tarde, cuando estaba llegando a mi casa, me dí cuenta que tenía que salir sí o sí a correr. Ya mi cuerpo comenzaba a dar mejores señales, pero sobre todo mi cabeza me estaba pidiendo a gritos que la sacara a tomar aire. Entonces me di cuenta que no tenía alternativa y que tenía que salir a hacer lo que los corredores denominamos hacer un fondito o correr una horita que, como todas las horas, también se compone de sesenta minutos (y no de sesenta minutitos).

Llegué a casa, fui revoleando la ropa de calle por los distintos ambientes del departamento, y en un par de minutos estaba vestido de corredor. Cuando me puse las zapatillas tuve la sensación que flotaba: me pareció que hacía años que no me las calzaba y apenas habían pasado cinco días. Salí con destino al Rosedal y al poco tiempo de comenzar a correr mi mente se fue relajando y comencé a disfrutar. Pensé que si yo no corriera y alguien me dijera que con esa actividad, aparentemente tan aburrida, uno disfruta y se divierte, yo desconfiaría. Es un misterio inexplicable, pero por alguna razón, que va mucho más allá de una moda (las modas duran mucho menos que los diez años que el running lleva en constante auge) el placer de correr existe. Y la necesidad de correr también.

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Un comentario en “Correr es un placer y a veces también una necesidad

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