Mi reino por un “me gusta” o la amistad en la era de Facebook

amistad y redes

Hace dos o tres años mi hija me preguntó cuántos amigos tenía en Facebook y yo le contesté que seguramente no llegaba a cien. Me miró sorprendida y, luego, un poco socarronamente, me dijo que ella (que en aquel tiempo tenía apenas once o doce años) ya reunía más de 500. Yo traté de defenderme y explicarle que aquellos eran “amigos Facebook”, pero que la amistad y los verdaderos amigos eran y siguen siendo otra cosa. Que una niña de tan corta edad pueda confundir la vida en las redes sociales con los vínculos verdaderos es razonable. Pero cada vez me sorprende más la gente adulta que mezcla una cosa con la otra.

En primer lugar, me parece que para tener muchos amigos en Facebook o seguidores en Twitter o Instagram (por citar las tres redes sociales más conocidas y populares), hay que pasar mucho tiempo en ellas. Incluso las personas famosas (actores, políticos, periodistas, deportistas, etc.) que más éxito tienen, son las que le ponen más tiempo, o bien las que tienen una persona o un equipo que se dedica a postear por ellas. De a poco, aquellos que perseveran publicando comentarios, opiniones, subiendo fotos y vídeos y, también, comentando activamente los posts de las personas a las que siguen, tienen la posibilidad de “armarse” su buen contingente de amigos y seguidores. Claro que están los que hacen mejor su trabajo que otros y no les quito el mérito. Pero quiero resaltar que no hay magia: además de cierto talento y empatía virtual, hay que esforzarse y mucho.

Yo debo reconocer que cuando hago algún comentario en Facebook o las pocas veces que twitteo estoy pendiente de si recibo más o menos “me gustas” o “favs”y, más aun, de si la gente me hace o no comentarios. En esos momentos, si estoy un poco sensible, que la gente me ignore virtualmente hasta puede ponerme de malhumor. Cada tanto se me ocurre compartir en las redes algún pensamiento que me parece ingenioso o divertido y, sin embargo, generalmente tengo poco eco, porque, como bien dice mi hija, tengo escasos amigos y seguidores. Esos días en simultáneo observo como otros “amigos Facebook” reciben avalanchas de “me gusta” cuando quizás lo único que hicieron fue cambiar su foto de portada, a los que se suman lluvias de comentarios elogiosos con frases y palabras que casi siempre con las mismas: “linda, diosa, hermoso, están divinos, sos un genio, te queremos, etc.”.

Al final del día se puede medir el éxito de las intervenciones en la red social creada por Mark Zuckerberg sumando la cantidad de “me gustas” y comentarios. Y ahí, en esa suma, en ese resultado

puramente numérico, corremos el riesgo de confundirnos. Ni hablar en fechas especiales como los cumpleaños, en los que, como mínimo, los que están muy pendientes de las redes sociales terminarán sumando en su haber los saludos en Facebook, Twitter y demás redes sociales, con los whatsapp, BBM y SMS. Y, por supuesto, en no pocos casos varios de esos saludos corresponderán a una misma persona, que no se privará de expresarnos sus congratulaciones por todas las vías posibles. También habrá que agregar a la cuenta los llamados telefónicos al celular y al teléfono fijo (las tías y las mamás siguen resistiendo analógicamente) que, paradójicamente, cada vez son menos. Porque eso es lo que ocurre: nos saluda una enorme cantidad de gente que apenas conocemos, mientras que muchos de aquellos que años atrás aunque sea a última hora del día hacían su llamadito para decir feliz cumple, hoy te lo mandan por Facebook, SMS o WhatsApp.

Antes, por otra parte, cuando alguien nos saludaba nos poníamos contentos y decíamos “¡Te acordaste!” Ahora ya sabemos que para recordar los cumpleaños y otros eventos importantes están Facebook, Mi calendario o la agenda del smartphone. No es que (necesariamente) nos recuerden o nos quieran, sino que nuestros amigos hoy están muy bien equipados en materia software y hardware.

De todas maneras, a mi el uso de las redes sociales me parece que está muy bien, siempre y cuando no se caiga en la confusión de vivir en ellas, como me parece que cada vez sucede más. Hablo de vidas solitarias en las que el teléfono suena poco o nada, y ni siquiera los SMS y los whatsapp sirven para disimular esa soledad. Hay en los días que corren, a mi juicio, una vida en las redes sociales, la “vida virtual”, que tiene sus propios códigos y definiciones sobre qué es la amistad y cómo se la cultiva, y otra vida que podríamos denominar real o “vida analógica”, en la que por suerte sigue habiendo amigos que nos llaman, con los que nos encontramos, con quienes compartimos nuestras alegrías y problemas. Por supuesto en muchas personas ambas vidas conviven de manera armoniosa y sin mayores conflictos. Están también aquellas otras personas que se resisten a entrar en el mundillo de las redes sociales: desde los que temen ser encontrados por insoportables ex-compañeros de primaria o secundaria, pasando por aquellos a los que no les interesa espiar o ser espiados y, hasta quienes argumentan (a veces con mucha convicción o sin dar demasiadas explicaciones), que esto de las redes no es para ellos, entre los que se cuentan muchos de los que no se sienten a gusto con las nuevas tecnologías de la comunicación.

A mi no me preocupa demasiado que la gente sea adicta a las redes sociales. Diría incluso que me conformo con no caer yo mismo en esa tentación. Lo que si me inquieta un poco es cuando las personas comienza a trastocar sus valores, y empiezan a creer que es más importante la cantidad de veces que se aprieta casi sin pensar y de manera indiscriminada el célebre botoncito del “me gusta”, que los amigos que te llaman, te visitan y están en los momentos en los que hay que estar. Por ahí soy un poco anticuado y me perdí algo. Nunca quise tener un “millón de amigos” como dice la canción de Roberto Carlos. Pero me conformo con saber que los pocos que tengo, cuando los necesite, siempre van a estar.

me gusta

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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7 comentarios

  1. “Me gusta tu articulo”, y propondria otra palabra que no sea amigos, estoy de acuerdo que es exagerada, no se, facecompa, relacion…

  2. A los que leyeron esta entrada hoy 9 de abril antes de las 9:30 de la mañana les debo confesar algo: ayer a la noche lo terminé escribiendo dormido, en estado de semisonambulismo. Pensé que no lo había publicado, pero sí lo hice. Cuando hoy leí lo que había escrito estaba lleno de incoherencias y frases incompletas, que creo haber corregido. Necesito un editor!

  3. Hola Pablo…!!!! Empezando a leer tu blog… con mis tiempos, que clarmente no son los tiempos cybernéticos…
    Me gustooo!! Me siento un poco identificada, un poco nomas, porque soy muuuuucho mas cyberermitaña que vos… je. es lo que hay… se los deslizare a mis crios….a ver con qué cara me miran…

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