Terremoto (Azares y coincidencias II)

Ayer sucedió una cosa extraña. Era el cumpleaños de Sergio, mi amigo colombiano a quien conocí en Chile hace ya casi 28 años, y con quien seguimos manteniendo a pesar del tiempo y la distancia intacta la amistad. Algunos lectores quizás lo recuerden del relato “El día en que me secuestraron las FARC”, en el cual él era un protagonista central. https://pabloperelman.wordpress.com/2014/03/19/el-dia-que-me-secuestraron-las-farc-la-historia-completa/

Por supuesto que la forma de relacionarnos se fue modificando al calor de los cambios tecnológicos que se fueron sucediendo a lo largo de estos casi treinta años. Empezamos, claro está, con las tradicionales y casi extintas cartas escritas a mano, esas a las que las personas de mi generación les dedicábamos cariño y tiempo, que tardaban en llegar a destino y que, en no pocas ocasiones, se perdían sin que el destinatario llegase jamás a leerlas. Luego las fuimos reemplazando por los e-mails, que si bien llegaban más rápido y no se perdían, lejos estaban de poseer el mismo encanto. Cualquiera que llegó a escribir cartas a mano conoce los encantos y avatares que tenía la correspondencia postal, pero cómo resistirse a semejante avance que permitía leer un texto inmediatamente después de haber sido escrito y enviado por el remitente. Los cambios continuaron y apareció el chat en distintos formatos que tuvieron su auge y ocaso, hasta llegar a la era del whatsapp y las selfies, en la que cientos de millones de mensajes y fotografías salen diariamente disparados para mantener – teóricamente comunicados – a los habitantes digitales de este planeta.

¿Pero qué fue lo raro que sucedió ese día? No que fuera su cumpleaños. Como todos, Sergio tuvo que asumir que cada 365 días es un año más viejo. Tampoco podría decir que fue extraño, aunque si algo novedoso, que por primera vez utilizáramos el Skype para hablar por videoconferencia. Lo que sí fue muy raro es que justo unos minutos después que empezara nuestra charla, Sergio me dijera, me parece que más asombrado que asustado, que Medellín estaba temblando. Yo podía escuchar el ruido que hacían las cosas al moverse. Estaba viviendo un sismo a través del teléfono celular de mi amigo. Seguíamos conversando mientras él se ponía debajo del marco de una puerta como medida de seguridad, y me describía como sus vecinos abandonaban los edificios y salían a la calle a esperar que todo finalmente se detuviera. Y su teléfono sonaba todo el tiempo, y no era gente que llamaba para saludarlo por su cumpleaños -tristemente relegado por el sismo-, sino para preguntarle si estaba bien, y si por ahí todo se estaba moviendo tanto como en sus casas.

Y yo que trato de no perder la oportunidad de hacerme el gracioso, lo tranquilizaba diciéndole que la posibilidad de morirse el mismo día en el que uno nació es de apenas una en 365. Y al final seguimos charlando sobre las cosas triviales e importantes de la vida, mientras el terremoto continuaba hasta que finalmente se detuvo. Fue importante y afectó a casi todo el país: 6,8 grados en la escala de Ritcher. Hubo daños, pero hasta donde yo sé, por suerte no se perdieron vidas.

Al fin y al cabo, una coincidencia para compartir en el blog, y una prueba de que hay amistades que resisten el paso del tiempo y el azote de la calamidades naturales.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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18 comentarios

  1. Que lindo, Pablo, me encantó tu relato. Un abrazo, Cristina

  2. Gracias Cristina Contigo Sergio y Tere tambien nos debemos un Skype. No creas que no lo pensamos. Besos

  3. Muy interesante, es una de las pocas veces que me parece que la tecnología utilizada para la amistad a la distancia cumple su cometido, apoyar al amigo en un momento lindo que se le complicó. Me alegro que hayas vuelto al blog. Besos. Vic

  4. Definitivamente: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, y poder contar esta historia de esta manera refleja el alma sensible que hay detras de estos correlatos.

    1. Tengo casi la certeza que este comentario tan lindo es de Teresita, Otra colombiana amiga de aquellos tiempos. Y que el comentario venga acompañado de una frase del gran García Márquez es todo un honor. Gracias!

  5. Qué oportuno terremoto !!!! No solo no causo ninguna victima, sino que te empujó a escribir otra vez… Gráfico ysimpático… Nítida la imagen del amigo hablando por celu debajo del marco de la puerta!! Me gustooo!!!

  6. Genial el relato! conmovedora la coincidencia, estar acompañando a un amigo en el momento exacto a la distancia! No dejan de sorprenderme las nuevas tecnologías, pero a la vez me dio mucha nostalgia el tema de las cartas…que hasta no hace mucho las escribía y las esperaba…toda una magia que ya no creo se repita…ahora es todo tan pero tan inmediato que hasta da un poquito de miedo…
    Bien que volviste a escribir!!!!
    Bravo!

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