Al borde del abismo a causa del Wi Fi (Distracciones y torpezas I)

El whatsapp había llegado un par de horas antes, pero tarde un rato en advertirlo. El mensaje de mi amiga decía que ni ella, ni su ex marido ni sus hijos iban a usar este fin de semana largo la casa de Mar de las Pampas, y que si yo quería me la ofrecían. Este año por distintas razones las vacaciones se habían ido postergando, y de pronto el verano porteño llegaba a su fin. Las necesitaba así que no dude en agradecerle y aceptar su ofrecimiento.

Primero le ofrecí venir a mi hija adolescente que me pidió pensarlo. Según ella tenía ganas, pero también mucho que estudiar. Pero me parece que lo que realmente le impedía tomar la decisión eran un par de fiestas con sus amigos que por ninguna razón del mundo quería perderse. Así que mejor lo dejábamos para las vacaciones de invierno. Luego hablé con un amigo a quien la idea le tentó. Pero con el paso de los días fue perdiendo entusiasmo, hasta que finalmente desistió. Así que me quedé solo en el proyecto de vacaciones, pero aun así la idea me entusiasmó. Sería cuestión de llevarme algunos libros, música, y empacharme con varias series que se habían ido acumulando como un trabajo pendiente. Y, por supuesto, si el sol lo permitía, disfrutar de la playa, de los paseos por el bosque y del running.

Ayer por la tarde, mientras viajaba con el tiempo justo a la terminal de ómnibus de Retiro, advertí que había olvidado al menos dos cosas: la maquinita de afeitar y el cargador de la notebook. Así que probablemente optara por dejar crecer mi barba por unos días, y me las arreglara con el iPad. Teniendo en cuenta que soy muy distraído y olvidadizo, los daños eran mínimos y estaban controlados. Tenía lo más importante que eran las llaves de la casa y el pasaje del ómnibus. En la valija un montón de ropa probablemente innecesaria, pero siempre que armo una maleta para pocos días me sucede lo mismo: ante la duda, si aun queda lugar, va adentro.

Como suele suceder con estos feriados, la salida de Buenos Aires fue un infierno, y el ómnibus tardo una hora y media más del tiempo previsto. Escuché música, leí un poco el diario y aproveché para tomar una buena siesta. Y también para mirar por la ventana el paisaje monótono y aburrido al costado de la ruta, hasta que me sorprendió este bello cielo pintándose de todos los colores sobre el final del atardecer.

Finalmente el micro llego a Villa Gesell y enseguida tomé un remise que me llevó a la casa de Mar de las Pampas. Llegué cuando ya la noche era profunda, logré encontrar la llave correcta de un manojo que contenía otras varias, y respire aliviado cuando al teclear la contraseña la alarma se desconectó. Subí las cosas arriba e inmediatamente fui a la casa de los vecinos (y amigos de mis amigos), con quienes comparten el servicio de Internet. Enchufé el router y, después de varios intentos fallidos, logré recordar la contraseña y mi celular pareció conectarse al wi fi. Así que cerré la casa de los vecinos, activé la alarma, y volví a la casa de mis amigos para ordenar rápidamente las cosas antes de salir a cenar. Respondí unos mensajes que preguntaban si había llegado sano y salvo a destino, y advertí que la conexión al wi fi no estaba funcionando correctamente. Quise probarla con el iPad y el resultado fue igual de negativo. Pensé en volver a la casa de los vecinos para solucionar el problema, pero a esa altura el estómago marcaba otras prioridades que no necesitaban de conexión a Internet para ser resueltas. Así que caminé las siete largas cuadras que me separan del centro, y opté por un lugar que ofrecía pizza, pastas y cerveza artesanal. Comí un goulash con spaetzle que no era la gran cosa pero estaba decente, y aproveché para darle un poco de carga al celular que casi no tenia batería. Pero como durante la cena seguí intercambiando algunos mensajes, cuando estaba llegando a la casa el teléfono me avisó que iba a apagarse por falta de energía. Y así ocurrió.

Luego de enchufar el celular al cargador, ahora si estaba en condiciones para volver a la casa de los vecinos y tratar de solucionar la mala señal de Wi Fi. Quizás solo se tratara de cambiar la orientación de la pequeña antena del router o de colocarlo en otro lugar de la casa. Me abrigué, tome las llaves y, como el celular estaba cargándose, me lleve el iPad para monitorear la señal.

Del manojo de llaves que tenia, la primera no encajó. Tampoco la segunda, ni la tercera. ¡Pero habían funcionado hace un rato! Me armé de paciencia y volví a probar cada llave de los dos lados. Y una tercera vez. Las miré con enojo en la semipenumbra y un escalofrío me recorrió el cuerpo de pies a cabeza. ¡Lo que tenía en la mano eran las llaves de mi departamento de Palermo y no las de Mar de las Pampas! Mi teléfono celular estaba cargándose en la otra casa que estaba cerrada. No tenia dinero, ni documentos, ni tarjetas de crédito. Solo un iPad sin conexión a Internet que no me servía para nada. Ya había pasado la medianoche. Traté de superar rápidamente la etapa obligada de las auto recriminaciones. Deseché la palabra auto boicot y descarté en ese momento duplicar mis sesiones de psicoanálisis. Cuando uno fue muy distraído toda su vida, en parte está inoculado frente a cualquier adversidad. Claro que en el momento uno quiere matarse, pero aquí lo que necesitaba era buscar una solución. Estaba sin llaves, sin teléfono, sin dinero, sin documentos, sin tarjetas de crédito y sin ningún conocido cerca. Me sentí un indigente. Bueno; tenia el iPad.

Continuará……….

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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8 comentarios

  1. Parece una película de terror, espero muy entusiasmada la continuación. Buenas vacaciones. Vic

  2. Te reconozco en el relato, Pablito, me encanta que seas tan distraído para gozar de tus relatos 😉

  3. Por favor, ya mismo quiero saber cómo sigue la historia!!!! ¿te agarró el famoso Yeti de Mar de Las Pampas mientras buscabas desesperadamente la llave? o te salvó algun hada del bosque?

  4. Siiiii…..Pablo, claro que reconozco al compañero de la calle Portugal en Santiago de Chile…estás exactamente igual!!! Tb estoy ansioso por saber cómo te las arreglaste….Abzo

    1. Querido Gerardo. El único hombre con el que convivi durante un tiempo, coincidiendo con nuestra época de estudiantina en Santiago. Fueron solo cinco meses pero la pasamos muy bien. Yo que tengo un record de divorcios con vos logre sobrevivir. Seguro que si eran seis meses ya no me aguantabas mas. Jaja. Abrazo grande!

  5. Noooooo!!!!! me muero!! en esa oscuridad y soledad de mar de las pampas sin poder entrar a ninguna de las dos casas!!!!
    Tremendo!!!!
    …y recién empiezan tus vacaciones!!!! jajajajajajaja

  6. Estaba tranqila hasta saber que habias llegado y dentro de la casa que abrigo te daría, no me permitia siquiera pensar que algún desbarajuste o movimiento inoportuno podia suceder; entonces cuando decidiste ir a comer pensé … Oh por Dios esto no puede ser un relato común que valga la pena redactar y tomar tiempo preciado de un descanso merecido después de tan tremendo viaje…y el tan temido renglón llego..desnudo de provisiones estás! Hay amigo como te las arreglaras???

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