Al borde del abismo a causa del wi fi: el desenlace (continuación).

Por más que me tocaba los bolsillos de los pantalones o que abría y cerraba los cierres de la campera, no conseguía que las llaves de la casa volvieran a materializarse. Repetí esas acciones varias veces no porque creyera que se produciría algún tipo de magia salvadora, sino para terminar convenciéndome que la situación por más absurda que fuera era esa: por torpeza, descuido o distracción me había quedado afuera de la casa y no tenía la más mínima idea sobre qué hacer.

Comencé a caminar hacia al centro y a pensar en mis opciones. La casa tiene instalada una alarma conectada a la central, con personal preparado para intervenir cuando la misma se activa u observan movimientos sospechosos. ¿Tendría esa empresa una copia del juego de llaves? Mi corazón me decía que sí, pero mi mente se jugaba por el no. De tenerlas, en cualquier situación de robo serían los primeros sospechosos. Luego me acordé de Rodolfo, quien administra las cabañas Aires de Mar, ubicado a pocos metros de la casa, y quien hace un año tenía un juego de llaves que me había entregado en mi última visita a Mar de las Pampas. Pero este año las llaves las había recibido en Buenos Aires y todo indicaba que Rodolfo ya no disponía de otro juego. Su teléfono me había quedado agendado y nunca llegué a borrarlo…lastima que mi celular se estaba cargando dentro de la casa de la que no tenia llaves, y aun no aprendí a desmaterializarme para atravezar paredes.

Sabía que había una persona encargada de hacer la limpieza, y a la que debería llamar para que hiciera la tarea luego de irme. Me sonaba que su nombre era Estela, pero aun no me habían pasado su número de teléfono, ni me había parecido verlo pegado con un iman en la heladera. Y aunque hubiera estado anotado en algún papel o libreta en algún rincón de la casa, de nada me hubiera servido salvo para sentirme aun peor. En la época que no había celulares y que los teléfonos fijos no venían equipados con memoria para agendar los números, yo era capaz de recordar una gran cantidad. Incluso después de muchos años en que había dejado de utilizarlos, las combinaciones numéricas que había usado mucho tiempo continuaban ocupando un lugar el la memoria de mi cerebro. Yo había llamado varias veces al teléfono fijo de mis amigos, pero ya no lo marcaba hace años. Me sonaban algunos números que trataba de ordenar en mi mente. De la característica estaba casi seguro. Pero de los cuatro números restantes solo creía tener certezas sobre dos, y ni siquiera tenía claro cuál era su ubicación y orden. Debía calmarme y tratar de recordar, porque ese número de teléfono era mi única alternativa para zafar de la lamentable situación en la que me encontraba.

Mientras tanto decidí ir a Puerto Pizza, el restaurante donde había cenado apenas un rato antes, y del que al menos era “cliente”. Caminaba rápido mientras buscaba la aparición de este lugar a la derecha del camino. Al menos hablar con alguien, si es que aun no habían cerrado, me vendría bien. Mientras tanto las combinaciones de números seguían dando vueltas en mi cabeza. Por momentos sentía que estaba avanzando, y en otros que ni siquiera estaba tan seguro sobre la característica. Encima Puerto Pizza no aparecía y comencé a pensar que lo había pasado de largo. Entonces me topé con Manolete, un restaurante de tapas al que años anteriores había ido más de una vez, aunque no por eso conocía o recordaba a nadie que trabajara allí. Cuando entré ya no quedaban clientes. Solo tres chicos que no llegaban a los 30 años que estaban preparándose para cerrar el local: Martín, Manuel y Marcela. Les conté brevemente lo que me había pasado, y que necesitaba hacer un llamado a Buenos Aires a un número que no recordaba bien. Y que lo único que tenía en mis bolsillos era una moneda de un peso. Martín me extendió inmediatamente el teléfono. Había llegado el momento de arriesgar y marcar la combinación numérica que, de todas las que habían estado danzando en mi cabeza, me parecía la más probable. Además casi era la una de la mañana de un sábado. Por lo cual aun si acertara con el número, las posibilidades de que mi amiga no estuviese en su casa o que estuviera durmiendo y no escuchase el teléfono eran elevadas. Y si eso ocurría la probabilidad que alguno de sus hijos atendiera el llamado eran casi nulas: no conozco a ningún adolescente que atienda el teléfono fijo de su casa. Me encomendé a dioses y santos de todos los credos y marqué. Luego de varios rings escuché la voz asustada de mi amiga, esperando que le dijeran quien se había muerto. Le conté. Efectivamente había una Estela encargada de la limpieza y que disponía de un juego de llaves. Pero ella no tenía su número. Necesitábamos recurrir a su ex marido. A nadie le gusta tener que llamar al ex a semejante hora, pero le pedí que lo hiciera para no abusar de la generosidad de la gente de Manolete. Quedamos entonces que cuando consiguiera el número me llamaría al restaurante. Ahora solo necesitaba que ella pudiera localizarlo: que no estuviera en un cine con el celular apagado, o se le hubiere acabado la batería o estuviese durmiendo profundamente. Unos minutos después el teléfono sonó y atendí directamente yo. Teníamos el número de Estela quien vivía en Villa Gesell. Nuevamente volví a rogar al cielo para que esta mujer me atendiera. Luego de un par de rings estaba hablando con Estela. La charla fue complicada. Primero no lograba entender de que vivienda le estaba hablando, hasta que entendió que se trataba de una de las gemelas. Le sugerí que me mandara un remise con las llaves al que yo le pagaría el viaje, pero ella de manera razonable me contestó que no me conocía. Que para poder entregármelas necesitaba la autorización del señor. Entonces vino la secuencia de nuevo: llamado a mi amiga, una posterior comunicación de ella con su ex, y finalmente el llamado de este ultimo a Estela autorizándola a enviarme la llave. Como la casa es complicada de localizar, quedamos que la esperaría en una esquina que cruza dos arterias importantes que están a unos 100 metros de la casa. Les agradecí infinitamente a los chicos de Manolete y prometí visitarlos. Marcela (a quien pueden ver en la siguiente foto), que se había mostrado muy preocupada y diligente, me dijo que cualquier cosa volviera, y me indicó que a pocas cuadras de la esquina en la que tenía que esperar el remise había una comisaría.

A los pocos minutos de estar parado esperando, un patrullero paró para preguntarme si tenía algún inconveniente. Preferí no contarle mi peqeña historia y le dije que todo estaba bien. Al rato volvieron a pasar y repitieron la pregunta. Tuve que explicarles que esperaba un remise que me traería unas llaves. La explicación les pareció un poco rara, pero continuaron con su ronda. La tercera vez que pararon detuvieron el motor del vehículo y un agente se bajó. Me pidió que le explicara mejor cuál era la situación. Me di cuenta que había pasado a ser sospechoso de algo. Supongo que hay personas que se dedican a observar los movimientos de las casas que pretenden robar. Me pidió que le mostrara los documentos que no tenía, y cuando ya empezaba a imaginar la primera noche de mis minivacaciones en un calabozo, llegó el remise y el conductor corroboró mi versión. El remisero hizo sonar el manojo de llaves que estaba dentro de una bolsita de nylon, y fuimos hasta la casa. Introducir las llaves y que la cerradura girara fue música para mis oídos. Le di una generosa propina, subí a la habitación y me arrojé en la cama. Antes de dormirme pensé que quizás lo que me había pasado era una buena historia para el blog,

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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14 comentarios

  1. Te fue bastante bien en todo, tenes buena memoria y sos tranquilo por lo que veo ante la situación desastrosa que tuviste que enfrentar. Espero que la mañana siguiente haya sido mejor y disfrutes tus vacaciones. Besos. Vic

  2. Ayayay!!! Creo que tu amiga y el ex marido merecen un lindo presente a tu vuelta, no quiero imaginarte llamándome a la 01h00 de la mañana! Jajaja Pablo, antes de salir hay que ir el baño, tener en mano las llaves, celular, tc, DNI y unas monedas para cualquier emergencia vio? Se me ocurre que un buen regalo de cumpleaños para vos podría ser una linda cangurera! Más allá de todo me alegro que todo haya salido bien y que no tuviste que ir a la estación de micros a pasar la noche. Ahora a descansar y no salgas nunca mas sin esas 4 cosas de oro. Abrazo

    1. Con llaves salí. Solo que eran de otra casa! Todo el resto no lo necesitaba: solo estaba yendo a la casa de al lado a mover la antena del router. Igual, por supuesto que vivo olvidandome de todas las cosas que mencionas. Besos Deli.

  3. Y dónde está Marcela? No será el árbol que pasa por la terraza, no? Por suerte tienes muy buenos amigos…..

    Un abrazo, Cristina

  4. Es increíble todo lo que contás…lo bueno es ver que a pesar de todo hay siempre gente dispuesta a ayudarnos, les debés más que un simple presente a unas cuantas personas…yo comería pizza tooooodos los días por ejemplo para agradecer a esos chicos geniales de Manolete!!! Creo además que al estar tan acostumbrado a ser un despistado tenés como un entrenamiento especial a resolver situaciones…Lo de los números de tel es real…yo tampoco me acuerdo más de ninguno!!!!
    Beso y que puedas disfrutar tus vacaciones más tranquilo!!!!

    1. Gracias Marga. La gran mayoría de la gente es buena y solidaria. Lo que pasa que en la gran ciudad vivimos todos tan apurados que no tenemos tiempo para ejercer esas virtudes. Están siendo unas lindas vacaciones. Besos!

  5. Ay Pablo, qué manera de hacernos sufrir con tu relato !!
    Lo bueno es que tuviste una experiencia digna del blog y ganaste nuevas amistades en Manolete.
    Qué estés disfrutando de estos días y acumules nuevas vivencias para compartirnos, ojalá que menos estresantes

    1. Bueno, necesitaba ponerle un poco de suspenso. Creo que vos leíste todo junto. Quizás escriba sobre las reacciones diversas frente a los hechos. Son muy divertidas e interesantes las respuestas que recibí en el blog y por privado. Besod

  6. Que grande Pablo…siempre te las arreglas para que alguna chica se haga cargo de tus olvidos!! Abrazo

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