La selección argentina, mi hija, Diego Latorre y yo

María Eva, la joven experta en fútbol
María Eva, la joven experta en fútbol

Cuando faltando pocos minutos para ir al alargue, Mario Gotze venció la resistencia de Sergio Romero y le robó a los argentinos el sueño del tricampeonato mundial, como tantos otros compatriotas sentí la puñalada en el corazón, me agarré la cabeza con las manos y me resigné a que apenas seríamos, como en el mundial del noventa, subcampeones.

Desde mi punto de vista habíamos llegado demasiado lejos, y no cabía duda que los alemanes habían hecho mucho más méritos para ser merecedores del título. Y no lo digo sólo por la paliza histórica que le propinaron a los brasileros en su propio mundial. Durante todo el campeonato desplegaron un juego bello y eficaz que los llevó a parecerse a los mejores seleccionados de las últimas décadas: el Brasil del ´70, el Holanda del ´74 y la España de los últimos años.

En cambio la selección Argentina nunca me convenció. Salvo contados pasajes del campeonato y arrestos individuales de algunas de sus estrellas, el juego de nuestro representativo nacional fue aburrido y muy alejado de las expectativas que había despertado, no solo en nuestro país, sino también entre los millones de aficionados del planeta fútbol. Nadie discutía que teníamos la mejor delantera del campeonato: con Leo Messi , el “Pipita” Higuain, el “Fideo” Di María y el “Kun” Agüero, solo era cuestión de apostar por la cantidad de goles y el espectáculo que estaban por venir. Los goles venían con cuentagotas gracias a que de vez en cuando Messi frotaba la lámpara, pero el espectáculo brillaba por su ausencia.

Argentina empezó jugando de manera horrible, luego mejoró un poco, hasta que finalmente se transformó finalmente en un equipo equilibrado y sin brillo que obtenía buenos resultados. Pero la verdad que mirar los partidos de la selección a mi me resultaba más aburrido que chupar un clavo.

Sin embargo, la opinión mayoritaria de la prensa argentina y de los hinchas vernáculos, era que teníamos una gran selección. Y que si bien el juego distaba de ser bonito, el cuerpo técnico y los jugadores eran un ejemplo de como ejecutar una buena estrategia para avanzar en el objetivo de todos: ganar el título como sea.

Y como durante los mundiales de lo único que se habla es de fútbol, yo también hablaba de fútbol. Y a quienes aceptaban escucharme, les decía que Argentina para mí definitivamente no era ese gran equipo del que tantos hablaban, que no entendía muy bien en que consistía su famosa táctica y estrategia, y que tampoco me interesaba ganar a costa de jugar de manera horrenda. Debo confesar que mi parecer no tuvo muy buena acogida. Me tenía que dar cuenta que un mundial es un torneo corto en el cual no te podés descuidar. Un error de cálculo y te quedás afuera. Y además se jugaba en Brasil: que podía ser más lindo que arrebatarle el título a los brasileros en su propia casa.

Cuando los elogios de los medios argentinos llegaron al paroxismo, comencé a leer lo que decía la prensa extranjera: los medios españoles y latinoamericanos eran concluyentes: Argentina no jugaba a nada. Los brasileros también, pero claro: que iban a decir nuestros archi rivales futbolísticos después que los torturamos durante todo el torneo con el “Brasil decime que se siente….” (que dicho sea de paso para lo único que sirvió fue para tener al 95% de los brasileros hinchando, pintándose la cara y hasta poniéndose la camiseta de Alemania durante la final). Si todos nos tienen bronca y envidia, ¿que iban a decir?. Los periodistas de los diarios ingleses e italianos tampoco estaban muy convencidos con nuestra maravillosa estrategia, pero Maradona les hizo el gol con la mano a los primeros en el ´86, y a los segundos los eliminamos en el ´90 de su propio mundial.

Pero la noche de la derrota contra Alemania me deparó un nuevo e inesperado infortunio, Había quedado pasar a buscar a mi hija María Eva por la casa de una amiga. Cuando bajó tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Estaba desconsolada como nunca antes la había visto. Que los jugadores no se merecían esto, que cuando íbamos a volver a tener la oportunidad de jugar la final de un mundial, que el dolor que sentía era infinito.

Fuimos a cenar afuera y tuve que insistirle para que eligiera un plato. “¿Cómo podés tener ganas de comer con lo que nos acaba de pasar?”, deslizó de manera poco sutil. Traté de restarle dramatismo a la situación, le dije que al fin y al cabo el fútbol era un juego, y que ya tendríamos nuevamente la oportunidad de ganar un mundial. El tiempo pasaba y ella seguía sin encontrar consuelo. “¿Y vos no estás remal?”, disparó. Entonces le dije la verdad. Yo ya le había anticipado unos días antes que la selección mucho no me convencía, y ella había intentado explicarme las virtudes tácticas y estratégicas del equipo. Pero esa noche la incomprensión de mi hija viró en enojo. La verdad es que yo no solo no entendía nada de fútbol, sino que además era una persona insensible y un apátrida. No recuerdo si llegó a decirlo, pero seguramente sentía vergüenza de que yo fuera su padre.

Así, en un abrir y cerrar de ojos, mi hija, que hasta el mundial de Brasil jamás había mirado un partido completo, me estaba dando clases de fútbol, explicando la importancia de la identidad nacional, y alertándome sobre los graves problemas psicológicos que seguramente debería tener por ser tan insensible. Esa noche no hubo caso. Yo no me sentía mal porque habíamos perdido la final, pero sí porque mi hija me detestaba. El tiempo pasó, su vida se recompuso, y nunca volvimos a hablar de esa fatídica noche.

Días después, en el entrenamiento estaba entrando en calor con Diego Latorre, quien comenzó a correr en mi grupo de running hace un par de años. Le conté mi impresión del equipo y hasta la pelea con mi hija. Y entonces llegó el bálsamo que necesitaba. Al mejor comentarista de fútbol de la Argentina, al genial jugador que vistió la casaca de Boca y fue ídolo de los xeneixes, al jugador distinto, al “otro Diego”, tampoco le había gustado nada la selección. “Me pareció horrible” fueron sus palabras. Cuando le mencioné el famoso tema de la estrategia, me dijo que a él le gusta el fútbol, y que en función de la estrategia no había que sacrificar las convicciones.

Pasaron varios meses y hace pocos días volví a hablar con Latorre. Le recordé la charla que habíamos tenido. Coincidimos en que hoy nadie estaría muy interesado en revivir la brillante estrategia del Argentina – Holanda que ganamos por penales gracias a las atajadas de Romero, y a la providencial salvada de Mascherano que le sacó el gol a Robben a segundos del final del partido. Entonces le pedí autorización a Diego para contar esta anécdota en el blog y me contestó. “Más vale. Uno se tiene que hacer cargo de sus opiniones”.

Por ahí tengo suerte y algún día consigo que M. Eva y Latorre hablen de fútbol y zanjen sus diferencias. No me digan que no sería muy divertido.

Genio y figura
Genio y figura

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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12 comentarios

  1. Muy de acuerdo. Todo es como en la película match point, a ver de qué lado cae la pelotita. Y era por abajo Palacios!!!

  2. Creo que cuando está en juego la celeste y blanca mucha gente se pone las anteojeras. Evidentemente da bronca pero hay que ser realista. Argentina no jugó bien

  3. Yo no entiendo nada de fútbol pero en época de mundial miro los partidos, me gusta, sigo a la selección pero sin entender demasiado…Así y todo me pareció que bien no estaban jugando…pero me pasó igual que a vos cuando perdió Argentina y repentinamente ví a mi hija adolescente llorar frenéticamente y encima no se le podía hablar!!!! Súper fanatizada estuvo tooodo el mundial!!! Creo que en esos momentos se genera eso, fanatismo liso y llano.
    Pero no hay forma, por eso mismo, que entren en razón…

    1. Si, totalmente de acuerdo. Me parece que fue un fenómeno muy generalizado entre los adolescentes. Parecían todos tn desilusionados y dolidos como cuando terminan una relación con el primer gran amor.

  4. Genial Pablo. Lastimosamente la selección argentina en las últimas 2 décadas se transformó en un equipo que solo dá disgustos. A nivel mayores no gana nada desde la copa América de 1993 (22 años!!!!!). Además hizo que tu hija te pusiera en capilla. En particular este equipo argentino, tuvo a varias de sus figuras (salvo alguna que otra honrosa excepción) muy por debajo de su nivel: Gago, Higuaín, Kun Agüero, Palacio, el propio Messi (que a la hora de la verdad siempre te deja a gamba).
    La anécdota es muy buena y el que haya intervenido Latorre (uno de los pocos analistas serios que hay en el periodismo de fútbol) poniéndose de tu lado, le da más autoridad a tu opinión.
    Un saludo

  5. Me sentí muy identificado, se puede confesar que cuando tu selección no te enamora por su juego podemos hasta preferir que no gane? alcanza con que tengan puesta la celeste y blanca para que seamos hinchas? abrazo de gol

    1. Si no fura un demagogo temeroso de perder a algunos lectores fanáticos incondicionales de la selección, como los políticos temen perder a sus votantes, te diría que sí. Pero bueno, soy un demagogo. Abrazo de gol.

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