¿Es la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires una cita obligada?

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Todos los años cuando los calores estivales finalmente abandonan la ciudad y dejan paso a la llegada del otoño, Buenos Aires le abre la puerta a su Feria Internacional del Libro, que desde hace 41 años se realiza ininterrumpidamente. Tengo mis primeros recuerdos de la Feria en los finales de los 70, cuando en plena dictadura la oferta literaria de las editoriales estaba menguada por la censura que imponían los dinosaurios encargados de decir que libros se podían o no leer, o cuáles eran las películas que era adecuado o no proyectar. Como esta gente era bastante ignorante, muchas veces uno se encontraba con libros que habían sorteado la mirada de los censores, o escapado de alguna quema de bibliotecas de las tantas que hubieron en aquellos años nefastos. Había que hurgar, revolver, preguntar a los editores y a los libreros. Pero siempre me terminaba llevando algún incunable, y esa compra por sí misma era todo un acto de rebeldía. Ir cada año a la Feria constituía el gran desafío anual contra los censores. Una fiesta interna que ocurría en simultáneo con una tragedia nacional masiva e inédita.

Los años pasaron, afortunadamente reconquistamos la democracia, y la Feria de Buenos Aires, sus editores recuperaron la plena libertad de publicar lo que quisieran, y los libreros la de exhibir toda esa obra en sus anaqueles. Ya no era la Feria ese reducto casi único para mi en el que se podía encontrar lo que antes estaba prohibido. Por otra parte, a principios del siglo XXI, para preservar a las librerías de la competencia desleal con los supermercados, se sancionó la ley del precio único del libro. Y entonces la Feria dejó también de ser el lugar al que íbamos a buscar esas ofertas imposibles de conseguir en otro lado.

La Feria creció en cantidad de expositores, metros cuadrados, visitantes de aquí y de allá. Empezamos a perdernos dentro de sus enormes pabellones, nos mareábamos con la cantidad interminable de stands. Por momentos la visita a la Feria se transformaba en una “actividad aeróbica” con largada en el pabellón amarillo y llegada en el rojo; o a veces en una “actividad gastronómica” con epicentro en su patio de comidas, quizás no tanto por apetito sino por la necesidad de descansar un poco.

Muchos de mis amigos que son tipos muy lectores, dejaron de ir a la Feria. Decían sentirse más a gusto en las librerías, en las que tenían algún librero amigo de esos que la saben lunga.  Yo mismo en algunos años dudaba, y a veces iba más por culpa que convicción. Pero en los últimos años mi pasión por la Feria de Buenos Aires sé renovó.  Entendí que yo, como muchos de mis amigos, había hecho un uso parcial y limitado de ella.

La Feria no es solamente un evento que se desarrolla en un predio enorme con más libros que los que había en  la biblioteca de Alejandría, ni esas largas caminatas en las que a veces nos perdemos. La Feria es un evento literario, cultural y artístico con una oferta de actividades inmensa que es imposible aprovechar si no la conocemos.

Es el lugar de las presentaciones de los libros, la oportunidad de tener un mano a mano con los escritores y llevarnos un ejemplar firmado por el autor; es el espacio de las mesas redondas y los debates literarios, culturales y políticos; es la excusa para que nos visiten los grandes autores internacionales, y también para conocer a los escritores de todas las regiones de la Argentina, porque muchos de ellos no llegan a Yenny – El Ateneo.  Como tampoco acampa en los anaqueles de las  principales cadenas libreras mucha de la literatura latinoamericana que no se publica en España, por esta suerte de renovada colonización literaria. Es el ámbito en el cual todos los años llega una “ciudad invitada”, como lo será este año México DF con sus más de 50 escritores y espectáculos artísticos. Es también hace más de 30 años el sitio de encuentro de los profesionales del sector, en el cual ocurren acontecimientos como el III Encuentro de Ferias Nacionales, al cual asistieron representantes de más de 40 Ferias de todo el país. Porque quizás Buenos Aires sea la capital cultural de la Nación, pero por suerte los libros se compran y leen mucho en todos lados, en parte gracias a esas otras ferias menos famosas pero tan necesarias como la porteña.

A la Feria hay que venir, pero con un plan. Visiten su pagina para ver la oferta inmensa que tiene http://www.el-libro.org.ar/internacional/general. Sean sus seguidores en las redes sociales y, en particular, de su Twitter @feriadellibro, y entérense a cada rato de aquello que se viene o esta por empezar. O si tienen un smartphone descarguen la app de la Feria (41 Feria del libro) y déjense llevar. Consulten la agenda del día para evitar caminatas errantes e inconducentes, y elijan las actividades que quieren hacer. No sean solamente “visitantes” de la Feria, sino también participantes y protagonistas.

La Feria cumple 41 años y es la más extensa y visitada del mundo. Por algo debe ser. Ayer me encontré con un amigo que hace más de 20 años que vive en Suiza.  Le dije si quería aprovechar para darse una vuelta por la Feria y me puso cara de ” no vale la pena”. Teníamos mucho de que hablar así que no insistí. Ahora le voy a decir que lea el blog a ver si el año que viene lo convenzo y nos damos juntos una vuelta.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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2 comentarios

  1. A mi me sigue gustando ir. De hecho me compré un libro que ni sabía que estaba traducido por la Universidad de Mar del Plata. El libr Sociología de la Familia de Segalen. Vic

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