maraton multitud

Lo he comentado varias veces con amigos, pero nunca he escrito sobre ello. No piensen que estoy loco – al menos no por esto – pero el maratón de Buenos Aires debería ser una fiesta en la que, además de los corredores, hubiera al menos un millón de personas acompañando en la calle.

Muchos me han dicho que Buenos Aires no es New York, ni Berlín, ni Boston ni Londres. Que en esos lugares la gente es diferente, más participativa y solidaria. Yo les digo que creo que están equivocados. Que el problema no pasa por ahí.

Hay muchas razones por las cuales el día de la carrera somos más los que estamos corriendo que aquellos que están mirando. Y si no contamos los que están esperando a algún corredor amigo para acompañarlo en los últimos kilómetros y, a los allegados más íntimos, literalmente podríamos decir que no va nadie.

¿Por qué? ¿Es un espectáculo aburrido? ¿Hay que levantarse muy temprano? Definitivamente no.

Empecemos por la razón más elemental. Casi nadie sabe que ese día se corre la carrera. Y si nadie lo sabe es porque nunca se la ha jerarquizado como un gran evento deportivo. Valga la comparación con el circuito callejero del TC 2000, que recibió un fuerte auspicio para su organización por parte de las autoridades, y una intensa atención por parte de los medios de comunicación. TODO el mundo sabe el día que se corre esa carrera, y el resultado en términos de concurrencia está a la vista: las veces que se hizo fue multitudinario.

El running ya es después del fútbol el segundo deporte más practicado del país. Los practican por igual mujeres y varones; jóvenes y personas de edades avanzadas; atletas de elite y los que solamente buscan mejorar su condición física. Sin embargo, las noticias deportivas de las carreras que se desarrollan en nuestro país, no tienen espacio en la sección de deportes de los matutinos, sino en la de información general o en los suplementos de la Ciudad. No es, sin embargo, el mismo tratamiento que la noticia recibe cuando la competición ocurre en Chicago, Berlín o Tokio. Es cierto: Buenos Aires no está dentro del circuito de las majors (las seis maratones más importantes del mundo), pero es nuestra maratón. Los partidos de primera D tampoco son acontecimientos deportivos de primer orden, pero sus noticias tienen lugar en las sección de deportes. ¿Por qué el running no? Lo mismo sucede con el resto de las carreras de calle y con las competiciones de aventura que se multiplican en todo el país. Esa es la razón por la cual, salvo los mismos runners, nadie conoce los nombres de los grandes corredores de nuestro país. Y el motivo por el cual muchos se van del país para mejorar su situación económica, ya que el dinero que ponen los sponsors depende de la cantidad de público. Para ellos las carreras en Argentina tienen “bajo rating”.

Los diarios y casi todos los medios audiovisuales describen a estos eventos como un acontecimiento de carácter casi folklórico, en el cual un grupo de gente, un poco rara y otro poco loca, sale a la calle mientras los jóvenes regresan de los boliches, para correr unos extravagantes 42 km y 195 mts. Por supuesto que hay algunas excepciones como blogs, suplementos de running, programas en radios y señales de televisión, pero suelen ser espacios pequeños, con escaso presupuesto, y muchas veces autogestionados. La oferta es muy pobre e irrelevante si pensamos que estamos hablando del segundo deporte más practicado del país.

Los organizadores de la carrera hacen el esfuerzo de traer a keniatas y etiopíes para elevar el nivel de la competencia, pero para los medios de comunicación estos personajes no son atractivos, porque vienen a participar en una carrera que no le interesa a nadie. El problema del bajo rating se retroalimenta: si a la gente no le interesa no lo mostramos, y como no lo mostramos nadie lo conoce y, por lo tanto, el día del evento, la gente no se entera.

Tenemos una ciudad hermosa pero el recorrido del maratón es poco atractivo, porque su diseño prioriza cortar la menor cantidad de calles, de manera de no molestar a los automovilistas. Una gran parte del recorrido lo hacemos por lugares deshabitados. Es justamente el criterio contrario, por ejemplo, al del maratón más admirado del mundo – New York -, que atraviesa cinco condados o boroughs; Staten Island, Brooklyn, Queens, Bronx y Manhattan y muchos de los barrios más emblemáticos de cada uno de ellos. Los vecinos de esta gran ciudad no necesitan “ir” a ver la carrera, sino que la carrera se las ingenia para pasar cerca de sus casas. Nadie se preocupa o protesta porque ese día cortan los 1,298 metros del Puente colgante de Verrazano-Narrows, las avenidas de Manhattan o las calles de Long Island. Se sabe que ese día la ciudad está dedicada a su maratón, y no a los automovilistas. Y como los automovilistas están bien informados se organizan, estudian los recorridos alternativos, no se quejan.

Aquí el gran obstáculo para tener un maratón con un recorrido atractivo, es que hay que cortar muchas calles y, por lo tanto, molestar a quienes van en auto. Sin embargo no es el mismo criterio que se adoptó, por ejemplo, para llevar a cabo el TC 2000 (que requiere interrumpir el tránsito por mucho más tiempo), así como para la organización de algunos eventos culturales, como el recordado recital de Violeta, el ícono del marketing infantil de los últimos años.

Se pierde de vista, por otra parte, que no se trata solamente de “darnos el gusto” a los maratonistas. Las grandes ciudades del mundo aprovechan su maratón como un gran evento turístico, que atrae a personas de todo el mundo junto con los familiares y amigos que los acompañan. Pero no se puede pensar el impacto solo en términos de los que vienen. ¿A qué canal de televisión podría interesarle mostrar una carrera que se corre en una ciudad vacía? Invertir en un maratón requiere de pocos recursos y se puede obtener un altísimo retorno. Con cientos de miles de personas en las calles habría más sponsors, que a su vez aportarían más dinero, y se mejorarían los premios para los deportistas. ¿Por qué no podemos tener el maratón más importante de Latinoamérica?

Es verdad que a los corredores les gusta viajar para combinar running con turismo. Hay pocas cosas comparables a conocer una ciudad corriendo a través de sus calles. Pero sería bueno que no tuviéramos la obligación de salir del país solo para experimentar la indescriptible sensación de correr rodeados de cientos de miles de personas que alientan.

Por supuesto el otro puntal para que las calles de Buenos Aires se inunden de espectadores, es que ese objetivo sea una prioridad de política pública. Y no solo pienso en las autoridades del GCBA, sino también en las nacionales. Cuando se vende Buenos Aires se esta vendiendo la Argentina. Los visitantes que vienen de lejos aprovechan para hacer un recorrido turístico mas amplio También el norte y el sur argentino, la costa atlántica o la región del Cuyo, por ejemplo, podrían beneficiarse de un maratón porteño masivo. Esta es una buena razón para que ambos niveles de gobierno trabajen asociados, y cada uno aporte algo diferente y complementario.

Pero no se trata solamente de esperar las decisiones de las autoridades políticas o la promoción de los medios de comunicación masivos. Los propios corredores deberíamos tener una actitud mas proactiva. Como comunidad de runners es mucho lo que podemos hacer para llamar la atención sobre este tema. Nosotros podemos interesar a los medios de comunicación, a las autoridades políticas, a los organizadores de carreras, comunicarnos entre nosotros a través de los numerosos running teams que hay en la ciudad y en el país. Podemos, sin lugar a dudas, aprovechar el poder enorme que tienen las redes sociales para instalar como consigna #Un millón de personas en el maratón de Buenos Aires.

Tenemos que poner esta cuestión en el candelero porque aun no existe. A nosotros mismos, por costumbre, nos parece natural que nuestro maratón se corra en una ciudad vacía. A veces pasa que lo que es raro nos terminan pareciendo normal. Hay que empezar a hacer algo. Y ojo. No se trata solamente del maratón; el objetivo más amplio es al menos que también podamos convocar a la gente para eventos de participación multitudinaria, como las Fiestas Mayas (10 k) o la We Run (21 k). Vayamos “entrenando” a los espectadores en competiciones más cortas.

Va a llegar sin duda el día que Buenos Aires tenga su maratón multitudinaria. Todos podemos aportar nuestro granito de arena para que eso ocurra lo antes posible. No sigamos perdiendo el tiempo hablando de nuestra complicada idiosincracia, o pensando que en otros lugares son mejores que nosotros. Ojalá aparezcan rápidamente socios que se sumen a esta idea. No se trata de una utopía, ni de una quijotada. Porque verdaderamente lo raro en es que corramos en calles semidesiertas. Que se venga la fiesta.

calle desierta

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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3 comentarios

  1. Lo que me gusta de tu exposición es que nos planteás preguntas que no habíamos pensado. Cierto que -especialmente para los no-runners- nos resulta casi natural que haya poca concurrencia de público y lo tomamos como un evento “de otros”. Será entonces hora de apropiarnos también de estos eventos y aprendamos a disfrutar de participar cada uno desde el lugar que elija.

  2. Tu comentario me hizo tomar conciencia sobre algo increíble. Yo mismo, que estoy pontificando sobre las virtudes de un espectáculo al cual nadie asiste, nunca fui a ver una carrera. He asistido, por supuesto, numerosas veces en calidad de corredor, o para asistir en la carrera a otro compañero. Por que recomiendo un espectáculo al cual yo tampoco elijo ir? Porque en verdad al espectáculo hay que armarlo. Las ciudades organizan sus maratones, por ejemplo, con espectaculos artisticos de primer nivel. Las calles desboradando de gente alentando tambien son una fiesta en si misma. La gente va a lugares a los cuales se la convoca. Y como el maratón de Buenos Aires no pide asistencia, nadie va. Ni siquiera los corredores. Cuando haya una convocatoria a una fiesta, seguro que la respuesta será distinta. Llevar a los chicos al maratón, por ejemplo, sera una alternativa al pelotero. Y si ellos lo piden, ni hablar.

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