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Hace tiempo que vengo pensando en escribir sobre este tema. Creo que si no lo hice antes fue porque durante el tiempo transcurrido fui cambiando mi propia visión sobre el asunto. Y me di cuenta que no solo se trataba de entender lo que pasaba en el amplio mundo de las redes de encuentros que ofrece Internet, sino también de algo más amplio y profundo. Y que si bien yo puedo escribir sobre mis propias opiniones y eventualmente vivencias, siempre serán visiones personales que requieren ser complementadas y enriquecidas con otras. Por tales motivos también comprendí que estos temas tienen una vastedad tal que, probablemente, requieran de varios posteos. Veremos cómo sale, y si es posible arribar a cierta construcción colectiva. No digo consensos, porque justamente lo que pareciera que abundan son los disensos, los puntos de vista encontrados, los desencuentros. En muchos casos pareciera que eso se debe a las particulares miradas de varones y mujeres, pero ni siquiera estoy tan seguro que se trate de eso. O solo de eso. Aclaro, por último, que lo que voy a escribir en principio intenta ser representativo de lo que ocurre después de los treinta y hasta los 55 o 60 años. Aunque estoy seguro que muchas de las conclusiones podrían aplicarse a una población aun más amplia. Pero basta de introducciones. Vayamos al grano.

El levante a través de Internet y más específicamente las redes sociales de encuentros (RSEs), están lejos de ser un fenómeno nuevo. Tienen sus antecedentes en el chat telefónico y, ya más recientemente, en la aparición del efectuado con la ayuda de una computadora. Algunos recordarán el chat de ICQ, más cercano en el tiempo el messenger de Hotmail, y otros más que no alcanzaron similar relevancia. También existen hace bastantes años páginas como Match, Zona Citas o De la Cole, por citar apenas algunas de las más conocidas. Y otras menos convencionales como las disponibles para infieles declarados, como Ashley Madison, o para aquellos que buscan parejas sexuales, como Adult Friends. Y muchas más. El mundo de las redes sociales cambió definitivamente con la llegada de Facebook, hace más de diez años, de Twitter, que arribo hace unos ocho y, más recientemente, de Instagram y otras más. Si bien estas últimas no fueron concebidas como redes para el levante, sabemos que no son pocos los que se reencuentran por esas vías con el compañerito del primario que no veían desde séptimo grado. Tinder revolucionó las RDEs a fines de 2012 cuando las llevó de la computadora al celular, y tiempo después apareció Happn, la última gran estrella en el firmamento del cachondeo virtual. No pretendo hacer una lista exhaustiva, pues es mucho más larga y cambia según cada país.

Los seres humanos hemos buscado casarnos, estar de novios, tener amantes o amigos con derecho a roce desde el inicio de la civilización humana. Lo que ha ido cambiando son las formas y los lugares de encuentro, las valoraciones o condenas sociales sobre cierto tipo de relaciones, el tipo de arreglos conyugales (como la convivencia sin papeles). Quizás lo único que se ha mantenido inalterado es esa necesidad elemental de que nos quieran y ser queridos, de cuidar o que nos cuiden. Pero ciertamente las cosas han cambiado mucho en el último siglo, y me animaría a decir que incluso con respecto a los últimos treinta años. Pensemos que los matrimonios arreglados eran aun moneda frecuente hace unos ochenta años (por cierto lo continúan siendo en muchas regiones del planeta), mientras que ahora tenemos parejas que viven “cama afuera” y matrimonios igualitarios. El mundo ha cambiado mucho. Las necesidades afectivas, no tanto.

¿Me meto entonces en Internet? Pareciera que la respuesta es crecientemente afirmativa, según muestran las estadísticas de las empresas que venden estos servicios, y el pulso de la calle. Pero cuando las RSEs hicieron sus primeras apariciones, otra hubiera sido la respuesta. Recordemos que quienes buscaban conocer personas a través de la red tendían a ocultarlo, o a contárselo solo a terapeutas o íntimos amigos. Es que las RSEs no estaban muy bien vistas que digamos. O, mejor dicho, las personas que recurrían a ellas. Eso aun, en menor medida, continúa sucediendo. ¿Por qué? Pareciera que para muchos las RSEs de encuentros son el último recurso luego de haber “fracasado” en otros ámbitos. No pasa nada con ningún compañero/a de trabajo o estudio, no resultaron distintas salidas a bailar o a tomar algo, nos fue horrible con ese/a amigo/a de otro amigo con quien en teoría teníamos tantas afinidades, pero la noche estuvo plagada de silencios incómodos y para colmo no se terminaba más. Por lo tanto no queremos volver a hablar por mucho tiempo de presentaciones o citas a ciegas, que nos proponen nuestros amigos y amigas con vocación de celestinos.

Alguien nos cuenta que Fulano o Mengana conoció a alguien por Internet. Y nos incita a probar. Por supuesto que estamos al tanto que existen las RSEs y tenemos cierta idea de cómo funcionan las más populares. Frente a la incitación las respuestas posibles son muy variadas, pero básicamente se dividen en: entusiasmo, negativa rotunda y “podría ser”. Raramente el entusiasmo es la primera respuesta. Por el contrario, negativa rotunda suele encabezar el ranking. “Podría ser” es una opción muy elegida para escapar del asedio de la persona que nos quiere convencer: psicólogos, íntimos amigos, familiares cercanos (o lejanos) o un conocido que es amigo de otro amigo. Cualquiera de ellos puede atacarnos en el momento menos esperado. Circunstancias disparadoras sobran. Venís de una separación difícil, hace mucho que no estás en pareja, te ven con “carita triste” o te avisaron que en el casamiento de tu prima te pusieron (porque realmente no había otra posibilidad) en una mesa en que solo van a haber parejas y VOS.

Pero aquí, por el momento, solo nos interesa dedicarnos a los que responden con un NO rotundo. Esto no es para mí, suele ser la respuesta más elegida. Cuando te explican que no se trata de emprender la primera expedición tripulada a Marte, o de un reclutamiento de voluntarios para recuperar las Malvinas, tenés que esforzarte un poco más para explicar tu negativa. Suponés que la gente que está en esas redes seguramente no debe ser muy interesante, porque por alguna razón están AHÍ. Que además te parece demasiada exposición por el tipo de trabajo que tenés, que podrían enterarse tus hijos, o mirá si te cruzás con tu jefe o tu ex. Miles de calamidades podrían ocurrir. Pero la más importante refiere al tipo de gente que esta en las RSEs. El pensamiento que subyace a la “gente que está allí”, es que son personas que no les va bien en el mundo de los encuentros reales (presentaciones, salidas a bailar o bares, compañeros de trabajo o estudio, etc.), que en verdad es lo mismo que te pasa a vos. En rigor, lo que sucede es que los ámbitos de encuentro, sobretodo a partir de cierta edad, ya no abundan. Los barrios ya no son el lugar dónde la gente se conoce (como bien relatan los tangos de la década del cuarenta), sino un montón de edificios; ni siquiera conocés cómo se llama el del 4B. El colegio o la facultad terminaron hace rato, los clubes fueron desfalleciendo y reemplazados por gimnasios. Las ciudades son más grandes y más inhóspitas. Si el tuyo es un buen interlocutor te explicará que estar en una RSEs no significa estar de oferta o liquidación. O ser una especie de “talle único” por final de temporada. Simplemente es tener ganas de conocer a alguien y asumir que estar solo no es ninguna verguenza. ¿Acaso la gente que va a bailar no tiene como principal objetivo ver “qué pasa” esa noche? Desde las milongas de tango, las peñas folclóricas, los boliches de rock, la cumbia o la música electrónica, las intenciones de varones y mujeres han sido las mismas. La diferencia es que la gente va a “bailar”; no de “levante”. En cambio en las RSEs no hay manera de esconder las verdaderas intenciones detrás de una fachada, aunque no falta aquel o aquella que declara buscar solo nuevos amigos para compartir no se sabe qué cosas.

Nos quejamos de la dictadura de las pantallas, pero casi todos en mayor o menor medida vivimos en Internet cuando estudiamos, trabajamos, nos relacionamos con otros (Facebook, Twitter, Instagram) o nos recreamos (YouTube, Netflix o Spotify). Internet no es una moda, sino parte de una revolución científica y tecnológica que nos asalta en la PC, la notebook, la tableta o el celular. Y salvo que querramos irnos a vivir a una comunidad hippie en el medio de la mismísima nada, difícilmente podamos prescindir de estar conectados. Hasta a nuestros familiares más cercanos e íntimos los vemos más de manera virtual (desde Facebook hasta los tan temidos grupos de whatsapp) que personalmente. Así que una vez que nos llenan la cabeza con algunos y otros de los argumentos que mencioné arriba, quizás pasemos de la categoría del no rotundo, al “podría ser”. Ese mismo día estaremos espiando de qué se trata y, quién dice, quizás una o dos semanas más tarde o esa misma noche nos sumemos a alguna de las RSEs. Y seguramente, cuando establezcan su primer contacto, dirán algo asi. “Soy nuevo/a aquí. No estoy muy convencido/a de estar aquí, pero quiero probar de qué se trata.

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Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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15 comentarios

  1. Creo que todo depende de la “situación conyugal” coyuntural y la necesidad afectiva. Es cierto lo que decís pero me parece que personalmente es mejor y por internet puede haber más ilusión que realidad. Vic

  2. Es muy cierto todo lo que decís, pero falta el factor seguridad por un lado y el de aburrimiento por otro. Ejemplo: He descargado Tinder porque estaba aburrida y sin citas, entonces lo usaba a modo de juego, como uno juega al Candy Crush, y a su vez, como bonus, si alguien lindo “matcheaba” levantaba el ego charlando un rato. Ahí está el factor aburrimiento. Pero, sin embargo, jamás considere salir con ninguno de ellos por miedo a que sean locos, o algo salga mal, mal de verdad. Ahí está el factor seguridad. Por suerte ya elimine la app porque todavía se puede conocer gente al viejo estilo, como es por medio de amigos.

  3. Si. Es verdad. Ya hablaré sobre esos temas cuando nos metamos en el mundo de las apps. Gracias por comentar aunque no me sale quién sos.

  4. Muy interesante, me sentí identificada, estoy aquí por Tinder….mis amigas me crearon un perfil porque sienten que debo conocer a “alguien”, que ya ha pasado mucho tiempo desde que me separé etc etc etc…,son sus percepciones en todo caso, a lo que me he opuesto tenazmente pero finalmente sucumbí a sus deseos…, hoy me metí con mucho susto y curiosidad a la app para ver de que se trata, y me apareciste tu, empecé a indagar quien eras porque aparecía la dirección de una página…..jajajaj y me encuentro con esto! genial!
    Un artículo que me hace mucho sentido pues es verdad que uno se cuestiona un montón!, sin embargo, creo que, como dices tu, es una nueva forma de relacionarse hoy en día,todo ha cambiado… nos cuesta, pero es una nueva realidad a la que hay que adaptarse…aunque nada sustituye una buena taza de te o café bien conversada.

  5. Excelente!!! Muy claro y realista.
    Gracias por compartir tu pensar y regalar una muy buena lectura
    Saludos
    Lic Pao Vaccarezza

  6. “El mundo ha cambiado mucho, las necesidades afectivas no tanto” PUM gran verdad, esas ahí están y seguirán, el apapacho y la necesidad de compartir van implícitas en la condición humana…gran reflexión Pablo, te leo desde muy lejos, donde ahora hace frío y no calor jajaja México 🖤

  7. Yo conocí a varios hombres más que por diferentes causas no se llego a algo romántico, También conocí dos locos, pero inofensivos. Ahora estoy saliendo con un Tinder hoy en dia y la verdad, muy satisfecha con la app, conseguí nuevos amigos después de una separación en la que quede sola y también a mi pareja actual. La recomiendo!

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