Corriendo bajo la lluvia

Cuando Gene Kelly bailó y cantó bajo la lluvia en el recordado film Singin’ in the Rain (Cantando bajo la lluvia, en su traducción al castellano), alcanzaba la escena cumbre del que es considerado como el mejor musical de la historia del cine norteamericano por el American Film Institute.

Probablemente en el momento en que la escena fue filmada no lloviera, sino que habría varios asistentes de la producción simulando una precipitación con regaderas o algún otro artefacto similar. Pero para el caso da lo mismo. Mientras el agua caía, a Kelly no parecía importarle el percance, y bailaba, cantaba y reía como si el sol iluminara el paisaje callejero. Al principio de la escena lleva un paraguas, pero enseguida lo pliega y comienza a empaparse. Y no solo eso: el chasquido de sus costosos zapatos rebotan en la calle inundada, y no parece importarle demasiado el estado en el que estos quedarán. Pueden, si quieren, verlo con sus propios ojos.

Luego de esta introducción, vayamos al tema que nos convoca: si Gene Kelly se mojó, cantó y bailó feliz bajo la lluvia, ¿por qué no podemos hacer lo mismo los corredores cuando las condiciones climáticas no acompañan?

Lo cierto es que la lluvia suele amedrentar a la mayoría de los runners. Incluso, muchas veces, un cielo encapotado es motivo suficiente para desertar.

Es cierto que hay diferentes grados de precipitaciones, que van desde una garúa o llovizna, hasta una tormenta o diluvio.

Si la pregunta es cuando se puede o no correr, empecemos entonces por decir en qué ocasiones de ninguna manera hay que hacerlo. Si hay alerta de tormentas eléctricas o de granizo, hay que descartar la corrida por más deseo y necesidad que tengamos de entrenar. También en el caso de un diluvio, no es deseable que nos pongamos a esperar al Arca de Noé.

Dicho lo anterior, ¿en el resto de los dias de lluvia podemos correr sin temor? En principio, la respuesta es sí, siempre y cuando se tomen las debidas precauciones. Pero claro. Estamos suponiendo que quienes desisten de correr los días de lluvia lo hacen por motivos ligados a la seguridad. Lo cierto es que para muchos la caída de unas gotas, o la amenaza de que caerán, representa una situación poco confortable que no tienen interés de enfrentar.

Sin embargo, quienes corren de manera sistemática y frecuente, no solo deben lidiar con la lluvia. También hay otros eventos climáticos que no son para nada agradables. Casi no conozco, por ejemplo, personas que les guste correr en días muy calurosos y húmedos. No obstante, en esos días, quienes optan por quedarse en sus casas refrescándose con sus aparatos de aire acondicionado son los menos, aunque la gran mayoría no pare de quejarse del clima agobiante. Lo mismo podría decirse de los días en que las temperaturas son muy bajas: preferimos un clima más templado, pero somos muchos los que desafiamos la crudeza del invierno.

En mi caso, salvo las situaciones extremas que comenté más arriba, la lluvia no me preocupa demasiado. Al poco tiempo de comenzar a andar casi me olvido de que está lloviendo. Y si la lluvia es leve o moderada, hasta la disfruto. Claramente la prefiero al calor agobiante, donde uno en lugar de mojarse con el agua que cae del cielo, lo hace con el sudor que brota incontenible de las entrañas del cuerpo, que despide un calor infernal.

Volvamos a los riesgos. Sin duda los más temidos son la gripe y el resfrío. Claramente no es un buen negocio enfermarse por no perderse un entrenamiento. Sin embargo, no hay motivo para que ello suceda, siempre y cuando se tomen las debidas precauciones.

Nadie se enferma porque caiga agua. Mientras el cuerpo está caliente, no se corre riesgo alguno. El problema aparece cuando paramos y nos enfriamos. Si el cuerpo permanece mojado y la temperatura es baja, puede sobrevenir un estado gripal -un riesgo que dicho sea de paso también existe los días muy fríos, en los cuales también transpiramos-, de la misma manera que puede ocurrirle a cualquiera que se empapa en la calle. Por lo tanto, apenas se termina la corrida (incluso antes de elongar) hay que secarse. Si salimos y volvemos a nuestras casas, no bien abrimos la puerta nos sacamos la ropa, la tiramos al cesto y nos metemos sin escalas en la ducha caliente. Si no es este el caso, necesitamos un poco de logística: hay que llevar una toalla y una muda completa de ropa para cambiarnos, incluyendo ropa interior, zapatillas y medias. Y debemos tener detectado un lugar cercano en el cual trocar el atuendo empapado por otro seco.

Claro que sí el problema de la lluvia trae aparejados otros inconvenientes, como por ejemplo “me queda hecho un desastre el pelo”, mi capacidad para aconsejar al respecto es nula. Pero habrá, imagino yo, en la infinita oferta de shampoos y cremas, alguna solución. De todas maneras, si recomiendo llevar una gorra con visera: no sé si sirve para cuidar el pelo, pero es muy útil para evitar que se nos meta el agua en los ojos.

Una consideración final. Buenos Aires es una ciudad particularmente lluviosa. Hay años en los cuales puede llover casi cien días. Y lo peor es que hay rachas de una semana y hasta diez días de caída continua de agua. Ante ello todo el mundo se pone de malhumor, sufren aquellos a los que no se les seca la ropa lavada y también los runners. Dependiendo de si es el año de la Corriente del Niño o de la Niña, la situación puede ser mejor o peor. Este verano, por ejemplo, se pronostica muy lluvioso.

¿Cuantos días y entrenamientos se pueden perder a causa de las precipitaciones? Sin duda, muchos. ¿Vale la pena entonces animarse como Gene Kelly a desafiar la lluvia y, en lugar de bailar y cantar, largarse a correr? Yo creo que sí.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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3 comentarios

  1. Desde mi punto de vista, y haciendo una reducción del texto en pocos caracteres, digo: “Aquí estoy yo y me la re banco”, que por supuesto, traspolada a cualquier otra situación a la que uno se enfrente, es a mi entender la postura más conveniente. No está bueno esconderse cuando la cosa viene mal. ¿no?. Voy por vivir la vida en “clave” de épica. Me encantó

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