Cómo sería mi Boca – River perfecto

Lo que ha pasado con las sucesivas postergaciones de la final de la Copa Libertadores excede el terreno meramente futbolístico. En particular los argentinos lo hemos sentido como un capítulo más del libro de los contrastes entre lo que se supone que deberíamos haber sido – la Argentina potencia -, y lo que en verdad somos – una nación pobre. También para el resto del mundo nuestro país se ha convertido, desde hace varias décadas, en un verdadero misterio. Si las cosas hubieran salido mejor nos pareceríamos a Canadá o a Australia. Pero lamentablemente salieron bastante mal. Todo indica que los que eligieron emigrar a este país en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del XX – es decir nuestros ancestros-, la pifiaron. A reclamarles al cementerio.

Claro que según la ideología que se profese o las elecciones político partidarias que se tengan, las explicaciones sobre cuándo y por qué se jodió la Argentina serán sumamente variadas. Pero no es este el momento para discutir eso. Estamos ante la inminencia del que probablemente sea el superclásico más importante de la historia, y quiero contarles cómo sería mi Boca – River perfecto.

Pero para poder llegar a expresar mi propuesta, necesito hacer un viaje al pasado remoto de mi vida. Hablo de los años setenta, cuando con poco más de diez años de edad, esperaba ansioso la llegada del domingo para escuchar los partidos de Boca por la radio. En esa época prácticamente no existía, salvo eventos muy especiales, el fútbol televisado, y mucho menos la televisación en directo.

La radio AM estaba eternamente presente en las reuniones familiares de los domingos. Y si había simpatizantes de más de un cuadro de fútbol, los sonidos de relatores y comentaristas podían llegar a desquiciar a quienes permanecían ajenos o desinteresados a los pasajes de los partidos, y a los vaivenes de los resultados. Otros escuchaban los encuentros en sus radios portátiles -que venían equipadas con un solo auricular-, mientras caminaban por la calle con novias o esposas que tenían prohibido pronunciar palabra – todo un signo de una época que hoy parece lejana – no fuera cosa que justo lo hicieran en el momento en que se produjera el gol y, producto de la inoportuna interferencia, no se escuchara quien había sido el autor de la conquista.

Yo amaba escuchar las transmisiones de los partidos de fútbol por radio. Un buen relator te cuenta en qué parte de la cancha está la pelota, qué jugador la tiene, qué rival lo está marcando, cuáles otros están al acecho, qué opciones de pase existen, a qué velocidad se traslada la pelota, si el jugador se frena o vuelve a acelerar, etc. Y también brinda al radioescucha información del contexto del partido: si se está nublando, que pasa con cada una de las hinchadas, si está por producirse algún cambio, cuánto tiempo adicionará el árbitro, qué estarán pensando cada uno de los técnicos, si el win derecho está pisando mal, o si los alcanza pelotas están haciendo tiempo. Claro que todas estas cosas también se mencionan en los relatos televisivos. Pero la vorágine de palabras y la rapidez con las que son pronunciadas para describir aquello que el ojo humano no puede ver, le da al relato radial una dimensión épica de la cual el televisivo para mi carece. A tal punto que el relator de radio muchas veces nos crea la ilusión de estar “viendo” un partidazo, cuando en verdad la descripción intenta disimular los tan a menudo bodrios futbolísticos. Solo ellos pueden hacer que nos tensemos y emocionemos en un 0 a 0 en que no se generan siquiera situaciones de peligro.

Recuerdo la primera vez que mi papá me llevó a la cancha. Fue un Boca 4 – Atlanta 0, con una nota de color muy particular: el arquero del Equipo bohemio era el loco Gatti. A pesar del triunfo por goleada de mi equipo, yo salí del estadio un poco desilusionado. ¿Era quizás más emocionante escuchar el partido por la radio que verlo en la cancha? Exagero un poco, pero algo de cierto hay.

Me animo a decir que los mejores relatores de radio le dan un valor agregado al hecho futbolístico. De la misma manera que la crítica literaria o cinematográfica lo hacen con los libros y las películas. Quizás el ejemplo más palpable es el relato de Víctor Hugo Morales sobre el segundo gol de Maradona a los ingleses en el mundial del 86. Diego pinta una de las obras cumbre de la historia del fútbol arte, mientras Víctor Hugo hace de manera simultánea su propia creación artística. Maradona realiza lo que parece imposible “en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos”; y Víctor Hugo le agrega con su relato la dimensión épica que la obra llevada a cabo por el “barrilete cósmico” merece.

Así como la Argentina que tenemos no es la que hubiéramos querido, con el fútbol parece que nos sucede algo parecido. Logramos que los dos equipos más poderosos del país, que conforman para muchos el clásico más importante del fútbol a nivel mundial, diriman entre sí quién será el próximo campeón de la Copa Libertadores. Pero la fiesta de entrada no puede ser completa, ya que los partidos se juegan sin visitantes. Y el encuentro de revancha ni siquiera se juega. Quince forajidos bastan para burlar un “operativo de seguridad” cuya misión más importante y casi única era blindar al micro de los jugadores de Boca. Los forajidos tienen éxito. La Argentina simbólica fracasa. Las autoridades primero cambian el horario de inicio del cotejo. Luego lo postergan para el día siguiente. Y al día siguiente lo suspenden con fecha y lugar de juego inciertos. Vergüenza. Oprobio. Perplejidad. Desconcierto. ¿Qué nos pasa – qué les pasa -a los argentinos? ¿Hasta dónde llegó la decadencia argenta que no podemos organizar un partido de fútbol entre dos equipos nacionales? Ahora tenemos que elegir (o dejar que elija la Conmebol) entre Dubai, Miami, Medellín y Madrid la sede del encuentro que no pudimos ni supimos jugar en Buenos Aires.

Ahora bien. Cómo yo no me resigno a que este título se dirima el próximo domingo en Madrid, les voy a contar cómo sería mi Boca – River perfecto. Creo que todavía estamos a tiempo, así que ni bien termine de escribir la propuesta se la enviaré a los directivos de ambos equipos, a la Conmebol y a la FIFA. Y, por las dudas que quieran mantenerla oculta para evitar la presión popular, les pido a los lectores de este blog que me ayuden a difundirla.

Propuesta:

1) El partido se disputará en Argentina. Podría ser en la cancha de River o, si no se ponen de acuerdo entre los dos equipos, en la de Vélez Sarsfield.

2) El encuentro se realizará sin público local ni visitante, de manera de evitar cualquier tipo de disturbio, incluso entre hinchas de un mismo equipo.

3) El encuentro no será televisado. Dado los hechos acaecidos hace un par de semanas atrás, es muy probable que el partido sea muy trabado, sin goles e incluso con ausencia de jugadas de peligro. Al no televisarse, se le ahorrará a los cientos de millones de telespectadores el suplicio de ver un encuentro poco atractivo y no acorde con las expectativas generadas.

4) El encuentro no será disputado por los jugadores. Entiendo que esta es la parte de la propuesta que puede sonar más extraña. Pero dados los antecedentes recientes, la archirrivalidad entre ambos clubes y la presión desmesurada que tendrán los jugadores, los riesgos de lesiones graves, tumultos y desmanes dentro de la cancha, desaconsejan que los mismos sean de la partida. Si bien ellos suelen declarar que les encanta jugar este tipo de partidos, créanme que es mentira.

5) Pero lo anterior no significa cancelar el cotejo. En mi Boca – River perfecto para zanjar todas las dificultades conocidas, el encuentro será disputado por jugadores de Play Station. El software deberá proyectarlos holográficamente y de manera perfecta en la cancha, de manera que sea imposible distinguir entre los jugadores reales y los humanoides. Y, obviamente, las tribunas estarán repletas de hinchas locales y visitantes. Se tirarán papelitos.

6) El encuentro será transmitido por los mejores relatores radiales del mundo, que le imprimirán al partido toda la belleza e intensidad que se merece.

7) Será el mejor y más emocionante encuentro de la historia del fútbol. Al cabo de los 90 minutos reglamentarios los equipos terminarán empatados en 5, con varios goles de antología por ambos lados. El alargue será dramático: a segundos del final Boca logrará un empate agónico, dejando igualado el cotejo al final del tiempo reglamentario en 7 goles por bando. En consecuencia, el título se definirá por tiros desde el punto del penal.

8) El drama llegará al paroxismo en la definición por penales. Tras más de dos horas y media de disparos alternados, los equipos quedarán empatados en 35. Los jugadores comenzarán a desfallecer – sí, los jugadores de Play Station también se cansan – y, tanto ellos como los técnicos, pedirán que se detenga el partido.

9) Se improvisará una reunión entre los directivos de ambos clubes, los árbitros y el presidente de la Conmebol, y acordarán dar por terminado con la venia de la FIFA el encuentro. No habrá un solo campeón. El título de la Copa Libertadores será compartido entre los equipos más poderosos y enemistados del país. Dividirán la suma de los premios destinados al campeón y al subcampeón en partes iguales.

Entonces desterraremos la violencia, jugaremos el encuentro en Argentina, será un partidazo, estará potenciado y embellecido por los mejores relatores radiales del mundo, los dos equipos ganaran, y los argentinos nos demostraremos y le demostraremos al mundo que podemos hacer las cosas de otra manera.

Pero a mi Boca – River perfecto aún le falta el capítulo más importante.

10) Para festejar la obtención del trofeo continental, Boca y River jugarán dos partidos amistosos: el primero en la cancha de los Xeneixes y el segundo en la de los Millonarios. Esos partidos tendrán las siguientes características:

  • Serán disputados por los jugadores;
  • Habrá en las tribunas público local y visitante;
  • No se llevará a cabo ningún operativo de seguridad;
  • Los barrabravas se abstendrán por sí solos de concurrir a los estadios;
  • No habrá el más mínimo atisbo de violencia;
  • Los encuentros serán televisados;
  • Ganará el mejor.
  • Sea cual fuese el resultado, al terminar el segundo partido en cancha de River, los dos equipos darán, cada uno a su tiempo, la vuelta olímpica.
  • Los hinchas aplaudirán y ovacionarán a su equipo; posiblemente silben y abucheen al contrario.
  • Bonus track: el FMI se retirará definitivamente de la Argentina, al país se le condonará la totalidad de la deuda externa, creceremos durante los próximos 15 años a una tasa del 10% anual, acabaremos con la inflación, derrotaremos al narcotráfico, alcanzaremos la pobreza cero y uniremos a los argentinos. Y para no recibir ningún reclamo por parte de algún lector futbolero, ganaremos la próxima Copa América y el Campeonato Mundial Qatar 2022.

¿Lo que leíste te pareció una pavada o algo totalmente descabellado? Puede ser. No sé cómo sería tu Boca – River perfecto. Este es el mío.

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

Participa en la conversación

13 comentarios

  1. Me hiciste reir con tu fantasia, Hasta coincidiria, Adicionaria para que sea perfecto
    meter presos a ambas barras bravas, dirigentes, y jugadores que de una o otra forma
    ayudan a que al ir a una cancha te jugues un boleto de loteria , y el premio sea tu vida.

  2. Muy sabroso relato Pablo! Coincido en casi todos los aspectos por supuesto expulsar al FMI de America del Sur y Central entera. Difiero sólo en el resultado final: yo los declararía a ambos perdedores, con una Copa Libertadores desierta…los equipos tendrían derecho a apelar de la sentencia, sólo luego de jugar los dos partidos posteriores, donde las hinchadas y los jugadores debieran dar muestra de que sí son capaces de jugar una final y sí merecen la copa.

    1. Gracias Ale. Si, creo que quizás tengas razón. Voy a mandar a la Conmebol esta variante que proponés. Seguro que alguna de las dos eligen. Abrazo transandino!

  3. En cuanto a lo de los relatores, me pasó una cosa rarísima, que refuerza lo que dices Pablo. La primera vez que escuché un partido por radio estando simultáneamente en la cancha!! Era chico, doce años quizás…en un momento pensé que los relatores se habían equivocado y estaban transmitiendo otro partido!! Y claro: estaban transmitiendo otro partido…
    Un merecido reconocimiento a esos grandes relatores. Te aporto con algunos grandes de la dé ada del 60 en Chile: Carlos González Marquez, Nicanor Molinare, Héctor “cañón “ Alonso, Hernán Solís, Julito Martinez….

  4. Más allá de lo ingenioso (y no quiero decir genialidad porque me parece un término de una grandilocuencia que desmerece el efecto que me causó la lectura de tu relato).
    Ingenioso, como el Hidalgo (y ésto no es una mera referencia al título del Quijote) porque entiendo tu visión de la épica.
    Vengo de familia futbolera y poblada de varones. Así que la nena, a fuerza de codazos, logró no ser discriminada para participar de esos programas deportivos.
    La épica de sentarme en la terraza de mi casa de La Lucila con mis hermanos, los domingos después de almorzar con Coca Cola (único día en la semana) , a escuchar el relato del partido que jugaba el millo, o también, la de haber seguido la campaña de tigre, los sábados en el campeonato de Primera B.
    Nada como la Spika. Nada.
    Y sí Pablo, uno de mis primeras decepciones en mi vida infantil o preadolescente, fue la que sentí al salir de la cancha de River, tras haber visto el partido sin la guía o compañia del relator y el comentario de Lujambio.
    Por tu humor y tu ingenio para correr del centro de la escena el negocio futbolero, recuperando mediante tu “pefecto Boca-River”, (que para mí sería un “perfecto River-Boca”) el sentimiento y la participación de los hinchas, Chapeau!!!

    1. Gracias Ceci! A esta altura tus comentarios merecerían ser una sección de este blog. Nada mejor cuando uno escribe que el lector recurra a sus propios recuerdos para enriquecer el relato. Y si los reescribe bellamente como vos, mejor aun. Así se logra, de alguna manera, una suerte de construcción colectiva, que retroalimenta la escritura. Un abrazo grande.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

M T

Poesías, prosas y cuentos

Correlatos

Relatos, ficciones y lo que tenga ganas de escribir

Semana 52: Espartatlón

Relatos, ficciones y lo que tenga ganas de escribir

ES DOMINGO Y NO TENGO NOVIO

Relatos, ficciones y lo que tenga ganas de escribir

A %d blogueros les gusta esto: