Un romance escandinavo. Una novela por entregas. Capítulo uno.

1

Hacía varios meses que Esteban y Lucía venían atravesando una crisis con final previsible. Llevaban doce años de convivencia, a los que se sumaban otros dos de relación cama afuera. Seguían queriéndose a pesar del paso de los años, las discusiones que generan el reparto de las tareas domésticas, la crianza de los hijos y la administración del tiempo libre de cada uno. Pero las peleas eran cada vez más frecuentes, hasta que un hecho aparentemente sin importancia, desencadenó el final: una discusión sobre si era necesario o no reemplazar la bacha de la cocina fue creciendo, hasta que Lucía explotó: le dijo a Esteban que estaba harta y que quería que se fuera lo antes posible. La primera reacción de él fue quedarse callado y con la vista dirigida al piso. Hasta que un par de minutos después reaccionó y le dijo que apenas consiguiera un lugar se iría.

Esteban sintió que necesitaba un poco de aire y salió a dar una vuelta. Llamó a algunos amigos para comunicarles el inminente cambio de su situación conyugal, buscando por un lado consuelo, pero también para hacer su propia catarsis. Al rato una amiga le devolvió el llamado con una noticia auspiciosa: una amiga en común de la facultad que vivía en Washington, Analía, que tenía un departamento por el centro que apenas usaba quince días al año cuando venía para las fiestas, le ofrecía prestárselo. Esteban solo tendría que pagar las expensas, los servicios, y el sueldo de la empleada que se encargaba de mantenerlo limpio y en buenas condiciones. El departamento estaba amoblado, lo que facilitaba una mudanza rápida y evitaba momentáneamente el gasto significativo de dinero que implica equipar una vivienda.

Así que al poco tiempo Esteban estaba vaciando los cajones, estantes y barrales en los que estaba su ropa, pensando que ahora Lucía tendría para ella los dos placares, sepultando la disputa sobre cuánto espacio de almacenamiento le correspondía a cada uno. Fue metiendo la ropa en un par de valijas y, como era pleno verano, decidió postergar la mudanza de la vestimenta de mayor abrigo. Recorrió cada ambiente de la casa como si jamás fuera a regresar, abrazó a sus hijos de siete y cinco años prometiéndoles que los vería pronto, y se despidió de Lucía con un abrazo que no estuvo exento de una inevitable incomodidad. Casi al instante sonó el timbre que anunciaba la llegada del taxi, cargó con la ayuda del taxista las valijas en el baúl, y se sonrió cuando este le preguntó si se dirigían a Retiro, Aeroparque o Ezeiza. Cuando llegó al departamento de Analía dejó las valijas tiradas en el living, y se zambulló en la cama pensando cómo sería su vida en adelante y deseando dormir al menos tres días seguidos.

2

Esteban era un sociólogo especializado en políticas culturales, que trabajaba en una Fundación dedicada a la investigación de esa temática. Al momento de su separación se encontraba coordinando una investigación sobre la industria editorial y, en particular, sobre los aspectos vinculados a la exportación de libros y derechos de autor. Por esa razón le habían asignado la conformación de una mesa en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que debía estar integrada por especialistas argentinos y extranjeros. Una editora y traductora amiga, Silvana, le había proporcionado los nombres de un par de personas calificadas para participar en dicha mesa. Y también le había sugerido consultar a otras que podían asesorarlo para elegir al resto de los expositores. Una de ellas era una funcionaria de la Embajada de Noruega, Cecilie, a quien Silvana había definido como una chica muy inquieta y particularmente interesada en la problemática cultural. Así fue como Esteban se contactó telefónicamente con ella, quien se mostró desde el primer momento muy amable y solícita. Le sugirió convocar a una traductora noruega, Ursula, que se dedicaba a traducir literatura del español al noruego, y se comprometió a contactarla e invitarla a integrar la mesa.

Un par de semanas después llegó el día del evento. La convocatoria de público cuando faltaban unos diez minutos para el comienzo era más que aceptable, lo cual alivió a Esteban que temía que la sala -que tenía una capacidad para unas doscientas personas-, quedara muy grande. Un par de minutos antes del horario estipulado, una mujer rubia de rasgos vikingos se acercó a saludar. Medía aproximadamente 1,75, sus ojos eran grandes y de color almendra, tenía la frente ancha, la nariz recta y levemente respingada, los pómulos salientes y la pera firme. El pelo era abundante pero finito, y lo llevaba tirante y atado con una cola de caballo. Estaba levemente maquillada y vestía un traje suelto de estilo moderno y color champagne. Se dirigió a Esteban con la mano extendida y le dijo “Yo soy Cecilie, tú debes ser Esteban.” Él quedó doblemente sorprendido: por un lado, por la belleza de Cecilie y, por el otro, porque no entendió cómo hizo ella para identificarlo. Lo cierto es que prolongaron el apretón de manos y la mirada a los ojos unos instantes más que lo habitual y, cuando finalmente se soltaron, Esteban se estremeció. Recordó que poco tiempo atrás había leído los resultados de una investigación realizada por una universidad inglesa, que concluía que las personas necesitan apenas 8,2 segundos para enamorarse. Cuando lo leyó le pareció tan ridículo que lanzó en solitario una carcajada, pero ahora le parecía el estudio más serio de los que había tomado nota en los últimos años.

Lo cierto es que Cecilie le comunicó que, debido a compromisos previos, le resultaba imposible quedarse a presenciar las exposiciones. Se disculpó con una sonrisa que a Esteban le pareció cautivante, le deseó suerte con la mesa, y abandonó la sala dejándolo en un estado de ligera conmoción. Aunque el evento resultó un éxito coronado por un fuerte y prolongado aplauso de los asistentes, la cabeza y todos los sentidos de Esteban estaban en otro lado. Y no precisamente en la exportación de libros y derechos de autor.

Continuará…

Link al capítulo dos

https://pabloperelman.wordpress.com/2018/12/14/un-romance-escandinavo-parte-dos/

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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