Un romance escandinavo. Una novela por entregas. Capítulo dos.

3

Esteban no podía dejar de pensar en Cecilie. Sabía que el asunto no tenía demasiado sentido, pero le resultaba imposible detener sus devaneos. Decidió escribirle un e-mail para agradecerle la gestión con Ursula y, agregó, solamente por decir algo que alimentara la charla, lo interesante que sería incrementar el casi nulo intercambio cultural que existía entre Argentina y Noruega. Cecilie no tardó en contestar. Le dijo que la idea le parecía muy atractiva, y que, como punto de partida, lo invitaría a la Noche nórdica (un evento que Noruega organizaba en conjunto con Finlandia, Suecia y Dinamarca), que tendría lugar al día siguiente en la Feria del Libro porteña. Le dejaría, por si quería asistir, un par de entradas en el stand de Noruega. Inmediatamente Esteban le contestó que iría, y le aclaró que con una entrada era suficiente.

Al día siguiente se vistió con la ropa que le pareció más apropiada para la ocasión: una camisa celeste, un pantalón beige, un saco azul y unos zapatos de tono marrón oscuro. Hizo tiempo recorriendo los stands de la feria, ojeo algunos libros sin comprar ninguno y entabló breves charlas con las personas con las que se cruzó. Llegó adrede media hora después del horario previsto, porque nunca había soportado ser de los primeros en arribar a este tipo de eventos. Enseguida divisó a Cecilie conversando con varias personas que la rodeaban en semicírculo. Llevaba puesto un vestido negro y ceñido al cuerpo que se extendía hasta el final de sus rodillas, el pelo suelto por debajo de los hombros, unos aros perla y unos zapatos con tacos aguja que le sumaban unos centímetros a su ya elevada estatura. A cada frase que pronunciaban ella o alguno de sus interlocutores, Cecilie sonreía. Por detrás suyo se escuchaba una banda de jazz finlandesa que tocaba música de fondo, sin que nadie le prestara mayor atención.

Cuando se anunció al público el comienzo del evento, Cecilie se paró justo debajo del escenario. Tomó el micrófono, agradeció la presencia del público en un castellano sin fisuras pero algo acentuado, y resumió las actividades que tendrían lugar a lo largo de la noche. Hizo un par de bromas que fueron acompañadas por las risas de los concurrentes, anunció un sorteo que tendría lugar al finalizar las exposiciones y terminó sus palabras introductorias diciendo que esperaba volver a ver a los asistentes el año siguiente.

La actividad comenzó con una charla sobre el poeta y dramaturgo noruego Henrik Ibsen y su obra cumbre, Casa de muñecas. Esteban estaba sentado dos filas detrás de Cecilie. Si bien siempre había admirado la obra de Ibsen, su mirada y concentración no estaban dirigidas al expositor, sino al pelo rubio que cubría el cuello y el inicio de la espalda de la joven escandinava. Estaba convencido que ella no lo había visto, así que sintió que algo tenía que hacer para sorprenderla y que notara su presencia. Arrancó una hoja de un cuaderno que llevaba en el maletín, hurgó en los bolsillos de su saco hasta encontrar una birome, y le escribió una breve esquela que decía: “Hola Cecilie. Aquí estoy para comenzar a afianzar los lazos culturales entre nuestros países.” Tras cartón tocó la espalda de la mujer que estaba justo delante suyo, le señaló a Cecilie, y casi hablándole al oído le pidió que le alcanzara la nota. La mujer primero se sorprendió, luego le devolvió una sonrisa cómplice, y finalmente toco la espalda de Cecilie y le entregó la nota. Ella la leyó, se tomó unos segundos para procesarla, y luego giró el cuerpo y la cabeza hacia su izquierda buscando a Esteban. Cuando lo ubicó lo saludó sacudiendo hacia los costados su mano derecha, y meneó su cabeza mientras sonreía. A Esteban le pareció que la traducción de esa expresión corporal era “que tipo audaz y atrevido”, aunque también podía significar “que sujeto desubicado e impertinente.”

Al finalizar las exposiciones, Esteban se mantuvo a una distancia prudencial de Cecilie, pues nuevamente ella estaba rodeada, aunque ahora el cortejo se integraba exclusivamente por hombres. Luego de un rato ella logró sortear el cerco, y en su camino se cruzó con él. Lo saludó amablemente pero a las apuradas, pues estaba preocupada por la falta de reposición de vino y otros detalles del servicio. Alcanzó a decirle que el catering era un desastre, y no se privó de aclarar que lo habían contratado los finlandeses.

Al rato Esteban sintió que no tenía mucho más que hacer allí y emprendió la retirada. Era obvio que las chances de hablar con Cecilie eran prácticamente nulas, y su interés por reforzar los lazos culturales con los países nórdicos era, en verdad, inexistente.

4

Ahora que era un hombre separado, Esteban alternaba entre estados de ánimo opuestos. Por momentos primaba en él una sensación de libertad, sobre todo en las noches, cuando podía elegir cenar en su casa o afuera, encontrarse con amigos, mirar lo que quisiera en la televisión, o quedarse hasta altas horas leyendo. En otras ocasiones se sentía dominado por la angustia, y anhelaba volver a la convivencia con Lucía y a la cotidianeidad con sus hijos.

A los chicos los veía fin de semana de por medio y todos los miércoles. Les preparaba las comidas que más les gustaban, los llevaba a comer afuera, y los fines de semana planificaba al menos una salida al teatro o al cine. A diferencia de cuando vivía con ellos era permisivo con la televisión, un poco para que le vieran un costado positivo a la separación de sus padres, y otro poco para descansar por un rato de ellos. Lo cierto es que así y todo sus hijos, como suele suceder casi siempre en los primeros tiempos de las separaciones, tenían cierta resistencia a ir a su casa, lo cual expresaban a través de quejas y berrinches que a Esteban le producían cierto desasosiego.

Pero desde la aparición de Cecilie, Esteban se sentía con el ánimo renovado y el espíritu fortalecido, para asumir el desafío que suponía la conquista de la joven noruega. Pero también se encontraba desconcertado sobre cuál era la mejor manera de retomar el contacto con ella. Luego de pensarlo mucho decidió escribirle un nuevo correo electrónico en el que le agradecía la invitación a la Noche nórdica, elogiaba con detalle el nivel de las exposiciones y le decía que la calidad del catering contratado por los finlandeses no le había parecido tan mala. Agregaba que imaginaba que estaría agotada tanto por las relaciones públicas que requería la diplomacia, como así también por haber estado corriendo de un lado al otro para que todo funcionara de acuerdo con los exigentes parámetros noruegos. Por último le preguntaba qué tal le resultaba la vida diplomática, confesando que él tenía el prejuicio de que era un poco protocolar y aburrida.

Esteban envió el e-mail por la mañana, y hasta última hora de la tarde no le había llegado respuesta alguna. Cuando estaba por irse del trabajo, la contestación llegó. En resumidas cuentas Cecilie le agradecía la asistencia a la Noche nórdica, volvía a quejarse de los finlandeses, y le decía que la vida diplomática es como cualquier trabajo: tiene sus aspectos gratificantes y otros aburridos o rutinarios. Y que lo más complicado para ella era compatibilizar las obligaciones a deshoras, como los cócteles o las cenas protocolares, con la familia. Esta última frase a Esteban le cayó como una daga. Cecilie debía tener unos 32 años, por lo cual la había imaginado libre de compromisos y disfrutando de la vida en un país que no era el suyo. Pero familia era, casi con seguridad, sinónimo de marido e hijos. También le mencionaba que le gustaba la vida en Buenos Aires, aunque a veces sentía que los porteños estaban siempre apurados, que hablaban muy fuerte y que a menudo se quejaban por tonterías. Concluía su carta retomando la cuestión de los lazos culturales noruego-argentinos, y su deseo de llevar a cabo acciones conjuntas entre ambos países que permitieran afianzarlos. Ese deseo era, para las esperanzas que abrigaba Esteban, una buena señal.

Continuará…

Link al capítulo tres

https://pabloperelman.wordpress.com/2018/12/17/un-romance-escandinavo-parte-tres/

 

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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20 comentarios

  1. Juaaa, no se porqué , pero imagino que este cuento lo estás haciendo a medida del lector,
    es como que del otro lado de tu mostrador, nosotros pedimos cerveza,… y vos la das!!, perdón por el devarío!!

  2. Espero que la continuidad del relato no esté sujeta a ningún factor externo (venta de publicidad, firma o rescisión de contratos o cualquier otro evento de corte comercial).
    Por supuesto descuento que la idea de plantear una historia a desarrollarse en capítulos o entregas, tendrá que ver con el dejar fluir libremente a la creatividad del autor, sin espacios determinados entre principio y fin, y tal vez (coincido) con la expectativa que se genere en quienes estamos de este lado de la barra.
    Me gusta mucho como lo mostrás a Esteban en su particular momento de recién separado/estratega, en perfecta armonía de oposición con respecto a la intuitiva y segura Cecilie.
    Ví algunos cabos que quedaron sueltos en la primera parte que se van desarrollando en la segunda y que tal vez crucen transversalmente la historia romántica entre el joven sociólogo y la bella tocaya.
    Nos vemos en el próximo.

    1. Bueno. Hay bastante de eso qué decís en este cuento. Va desarrollándose a.medida que lo voy compartiendo con los lectores. Así que yo también tengo intriga de cómo va a seguir y terminar. Gracias por comentar nuevamente! Y nos vemos en el próximo.

  3. Pablo! Me encanta, yo agradezco como no te imaginas la lectura ágil y sencilla y tu forma de escribir lo es 👏🏼👏🏼. Te acabo de descubrir y no te pienso soltar 😉

    1. Gracias Mariana. Me alegra mucho que el “descubrimiento” te guste. Espero no defraudar tus expectativas. Y un honor que me leas desde Guadalajara, México. 😉

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