Un romance escandinavo. Una novela por entregas. Capítulo trece.

26

Cuando Cecilie regresó a Buenos Aires, tuvo que encargarse de varios asuntos relacionados con la separación de Jakob. En primer lugar debió conseguir una niñera para que llevara a los chicos al colegio, los cuidara cuando regresaran a su casa, jugara con ellos, y les pusiera algunos límites como la cantidad de horas que pasaban frente al televisor o jugando con videojuegos. Antes de contratar a Camila, Cecilie entrevistó al menos a otras diez chicas inscriptas en una bolsa de trabajo conjunta de embajadas europeas. A la segunda que más le gustó la llamaría cuando la seleccionada se enfermara o tuviera algún otro impedimento. También le preguntó a la empleada que trabajaba en su casa si podía quedarse un par de horas más por día para preparar la cena. Esa era una de las tareas que últimamente solía hacer Jakob, salvo en los pocos días que Cecilie llegaba temprano de trabajar, lo que solamente ocurría cuando no se encontraba con Esteban.

El segundo paso fue informarles a un pequeño grupo de personas sobre su separación. Lo hizo con la embajadora, con la madre de una chica del colegio que era muy amiga de su hija mayor, y con una mujer y un hombre que trabajaban en la embajada de Francia y en la de México, respectivamente. También fue al colegio a hablar con los maestros de sus hijos y con la directora del establecimiento.

La otra persona que conocía el cambio de su situación conyugal era Esteban, pero él justo había viajado a Canadá el mismo día que ella había retornado a Buenos Aires. Cecilie no pudo evitar pensar en la casualidad que significaba que la partida de uno coincidiera con la llegada del otro. Y si bien no creía en el destino, ni en la buenaventura, ni en la fatalidad, se preguntó si aquello tendría algún significado.

Todos los días y a veces más de una vez al día, Cecilie recibía correos electrónicos de Jakob. La mayoría de ellos estaban plagados de reclamos, amenazas e insultos. Le cuestionaba que se hubiera llevado a los niños, de incitarlo a abandonar su trabajo para seguirla a ella a Buenos Aires, y de impedirle así continuar con su maestría en finanzas. También le decía que estaba seguro que lo había dejado por otro hombre; probablemente algún idiota argentino. Pero en otros mails le pedía perdón por haberla insultado y sospechado de ella, se manifestaba arrepentido por lo agresivo que había estado en los últimos meses y, en particular, se disculpaba por la noche que la había forzado a tener relaciones sexuales contra su voluntad, y por el maltrato que le había propinado la tarde que se reunieron en el bar de Oslo. Cecilie además recibía, por parte de su madre, información que la preocupaba. Según le contaba la madre de Jakob a la suya, él cada día consumía una cantidad creciente de alcohol, y su familia no encontraba la manera de que su ex marido entrara en razones. No solamente no estaba buscando trabajo, sino que ni siquiera se había encargado de actualizar su curriculum. Incluso no había prestado atención a las llamadas de amigos y ex compañeros de trabajo, que le avisaban de búsquedas laborales que se ajustaban a su perfil.

Cuando Cecilie conoció a Jakob, él era uno de los muchachos del colegio que más alcohol consumía y que más borracheras había padecido. Una noche en que el descontrol fue mayor que el habitual, él  terminó en un hospital con una intoxicación alcohólica. Cuando al día siguiente ya se había recuperado, ella lo citó en un bar y fue contundente: o dejaba de tomar o la relación entre ellos se terminaba en ese momento. Jakob le prometió que extirparía el alcohol de su vida, y así lo hizo. En adelante, solo se permitió tomar moderadamente en reuniones sociales. Su conducta recién la rompió al regresar a Oslo desde Buenos Aires, y Cecilie recién se enteró la tarde que se reunieron en aquel bar donde él la recibió con un vaso de whisky. Ese día, luego de tomarse siete vasos, le dijeron que no le servirían más, y lo invitaron a retirarse del establecimiento. Estaba, casi, en un estado de ebriedad.

En sus respuestas, Cecilie intentaba serenar a Jakob. Cuando el tono de las cartas de él era agresivo, le pedía que se calmara y reflexionara. Mientras que en aquellas en las que le pedía disculpas y retiraba sus dichos, ella se mostraba afectuosa e indulgente. En todas sus misivas ellas le pedía que dejara de tomar, le recomendaba hacer ejercicio físico, le sugería apoyarse en sus familiares y amigos, y que si así y todo no lograba superar lo que ya parecía una adicción, pidiera ayuda concurriendo a un grupo de alcohólicos anónimos. Esta última sugerencia irritaba particularmente a Jakob, que negaba rotundamente ser un adicto: solo estaba tomando para ahogar las penas, y porque después de tantos años de abstinencia para complacerla a ella, al menos, en el medio de tanto desasosiego, quería darse un gusto.

27

Esteban y Betina, luego de haber dormido unas pocas horas, se despertaron a las 6:30. Tenían que estar en la oficina de los canadienses a las 8:00, la cual solo les quedaba a unas pocas cuadras del hotel. Volvieron a tomar una ducha que terminara de despertarlos, desayunaron evitando los excesos y se dirigieron a la oficina para llegar unos minutos antes del horario pautado. Habían consensuado que en un inicio fuera Betina la que llevara la voz cantante, porque de los dos era la que tenía mejor inglés. En todo caso, en la medida que la situación lo ameritara, Estaba haría acotaciones y metería bocadillos. Cuando llegara el turno de las preguntas dirigidas a él, no tendría otra alternativa que hablar en lo que él definía como un inglés tarzanesco o de inmigrante de habla hispana recién llegado a Estados Unidos.

Pocos minutos después de las 8 los hicieron pasar. Fueron recibidos en una enorme sala de reuniones con una mesa ovalada por tres miembros de la comisión directiva de la institución, y por el encargado de supervisar los proyectos que ellos financiaban en la región. Los fondos que la institución administraba eran distribuidos, además de en América Latina y el Caribe, en África y Asia. Provenían principalmente del estado canadiense, y requerían de la aprobación del parlamento de ese país. En la cabecera de la mesa se sentó el hombre de mayor edad. Era calvo, estaba bastante excedido en peso, y tenía un aire bonachón. Abrió el diálogo diciendo que lamentaba lo ocurrido con el desfalco, y que les agradecía que hubieran viajado a Toronto con tanta celeridad. Agregó que hacía unos quince años que ellos colaboraban con la Fundación, que el trabajo conjunto había sido muy fructífero, y que confiaban en encontrar una solución al problema, puesto este afectaba a ambas instituciones. Luego les pidió a Esteban y a Betina que les detallaran los hechos acaecidos. Ella tomó la palabra e hizo una descripción pormenorizada de lo que había ocurrido, resaltando el problema urgente que tenían para afrontar el pago de los sueldos, y evitar así que se discontinúen los proyectos. Solo omitió mencionar que ella tenía transitoriamente la firma conjunta para librar los cheques y los rumores que señalaban, desde antes de producirse el desfalco, a Núñez como un ludópata. A su turno Esteban comentó con detalle los avances de los proyectos financiados por los canadienses, resaltó la repercusión que había tenido la organización de la mesa en la Feria del Libro sobre exportación de libros y derechos de autor, el trabajo conjunto que se estaba haciendo con la Cámara Argentina del Libro y el estado argentino para crear un Instituto del Libro, y exageró un poco cuando mencionó la repercusión que esas y otras acciones habían tenido en los medios gráficos, radiales y televisivos del país. Luego de dos horas de reunión, el hombre calvo sugirió hacer un cuarto intermedio hasta las 15.

Betina y Esteban dejaron el edificio y salieron a caminar por una ciudad desconocida. Ni siquiera se habían preocupado (ni habían tenido tiempo) de averiguar cuáles eran los principales sitios turísticos de interés. Betina le preguntó a Esteban cómo pensaba que les había ido. Él le contestó que le parecía que bien. “Logramos contestar todo lo que nos preguntaron; además percibí un clima agradable y buena predisposición por parte de ellos. Yo creo que nos van a dar una mano.” Como toda respuesta Betina lanzó un “yupi”, y se colgó del brazo derecho de Esteban a modo de festejo anticipado. Él le dijo que no quería amargarle la celebración, pero aunque era optimista, hasta que no les contestaran era mejor ser cautos. A lo cual Betina replicó. “¿Y yo como hago para ser cauta? ¿Acaso no soy precisamente una incauta?” Esteban le festejó la primera broma del día, y ella le dijo que si conseguían la plata le prometía hacerle muchas más. Entonces él le preguntó: “¿Y mientras tanto?” A lo cual Betina contestó: “Mientras tanto a pasear. En el hotel me dieron un mapita y me marcaron los puntos de mayor interés turístico. Así que vos y yo nos vamos a turistear. ¿Viste? Soy como Cortázar. Me salen unos neologismos geniales.” Luego de caminar más de dos horas decidieron almorzar. A sugerencia de Betina eligieron un restaurante de comida vietnamita. Esteban primero puso cara de ni loco, pero ella le dijo que la había comido varias veces y era exquisita. Él tuvo que reconocer que había sido una buena elección. Cuando terminaron se dieron cuenta que no tenían tiempo de volver caminando, y tomaron un taxi que los dejo justo cuando se estaba por cumplir el horario de inicio de la segunda parte de la reunión.

Esta vez los hicieron pasar inmediatamente. Nuevamente el hombre calvo tomó la palabra. Les comunicó que ya tenían una decisión acordada por la mesa chica de la comisión directiva. Les darían el dinero necesario para funcionar los próximos tres meses. La continuidad de la Fundación y de los proyectos que esta llevaba a cabo, dependería de que lograran recuperar los fondos que habían sido robados. Esteban y Betina les agradecieron el aval y la confianza, y les aseguraron que no ahorrarían esfuerzos en recobrar el dinero hurtado. Cuando la reunión parecía haber finalizado, el encargado de proyectos para América Latina y el Caribe tomó la palabra, y les pidió que volvieran al día siguiente a las 15 hs para conversar sobre un tema que no les podía adelantar. Betina y Esteban contestaron, algo intrigados, que por supuesto estarían allí.

Antes de irse pidieron si podían utilizar unos minutos una computadora con conexión a internet. Lo primero que hicieron fue enviar un mail a todos los integrantes de la Fundación, anunciando las buenas nuevas. Luego Esteban le preguntó a Betina si quería escribirle a alguien, a lo cual ella le contestó. “¿Y a quién le voy a escribir? ¿A alguno de mis amantes? ¿A mi mamá para que después me diga que está cansada que las amigas le pregunten cuando me voy a casar? Yo paso.” Esteban le mandó un mail a Lucía avisándole que al menos los tres primeros meses continuaría cobrando su sueldo. Y en un tono mitad broma y mitad en serio, le sugería que de todas maneras esperara un poco para reciclar el baño y la cocina. Luego se quedó unos segundos con las manos en el teclado y la mirada en la pantalla, y le dijo a Betina que ya le había escrito a su amiga Lucía. “Obvio; más te vale. Le habrás preguntado además cómo están los chicos, ¿no?”. Esteban mintió y le dijo que sí. “Y ahora qué, ¿completás el cartoncito escribiéndole a la vikinga?” Esteban le contestó que no sabía qué hacer. “Qué raro. Como si alguna vez supieras”, acotó ella mientras se colgaba por atrás con sus manos apoyadas en los hombros de él. “Dale boludo; escribile. Si te morís de ganas.” Esteban no contestó pero se puso a redactarle un correo a Cecilie. Le dijo que esperaba que su regreso a Buenos Aires no haya sido muy complicado, qué suponía que habría tenido que hacer varios arreglos para adecuarse a la nueva situación, y que tenía muchas ganas de verla. Luego de saludarla envió el mail. “¿Eso fue todo? ¿Desde cuándo sos tan escueto para escribir? ¿O mi presencia te intimida?”, dijo Betina riendo. “No sé, debe ser por el distanciamiento obligado de estas tres semanas. El trato entre nosotros se volvió más formal y distante.” “Bueno, no te desesperes. Pero que no se te vaya la mano con la formalidad. No sea cosa que cuando se reencuentren la empieces a tratar de Ud.” Esa vez Esteban no se río. Estaba preocupado, y la humorada de Betina no logró distenderlo.

Tanto el resto de ese día, como en la mañana del siguiente, Esteban y Betina se dedicaron a conocer Toronto. Recorrieron parques y museos, alquilaron unas bicicletas, vieron un musical a la noche y fueron a dos restaurantes más de comida étnica. Según Betina, nunca había oído a nadie hablar de comida canadiense. Así que si existía algo por el estilo, mejor pasar. A las 14:45 llegaron por tercera vez a la oficina de los donantes. Esperaron casi media hora hasta que los llamaron y, cuando iban a entrar, la secretaria les aclaró que solo debía ingresar Esteban. Se miraron sorprendidos, pero Betina enseguida reaccionó: “Dale. Andá y tratá de conseguir más guita. A ver si esa simpatía que te sirve para conquistar chicas la usas para objetivos más nobles.” Betina termino su arenga con una palmada en la espalda de Esteban que resultó más fuerte de la que había querido darle Cuando abrió la puerta de la sala de reuniones, Esteban solo se encontró con el coordinador de proyectos para América latina y el Caribe. Se presentó nuevamente y le pidió que lo llamara Richard. Le hizo un gesto para que tomara asiento, le ofreció café y le dijo que iría al grano. Le mencionó que estaban organizando hacía unos meses una red de especialistas para discutir las políticas culturales en la región. El objetivo era evaluar la situación actual abarcando todas las dimensiones culturales. Para ejemplificar mencionó el cine, el teatro, la música, las artes plásticas, el libro y varias otras más. Para esa tarea habían convocado a 25 expertos de la región especializados en distintas temáticas, que trabajarían durante 45 días para elaborar una propuesta. Luego le dijo que sería sincero con él. Uno de los que habían sido elegidos era un chileno especializado en literatura. Hacía un par de días les había avisado que por problemas familiares no podría concurrir. “Concretamente Esteban, le estamos ofreciendo que reemplace a su colega. Ud. cumple con todos los requisitos para cumplir con las tareas que demandará la conformación de la red. Lamentablemente necesitamos que decida si le interesa la propuesta en dos horas. El trabajo comenzará dentro de una semana en Toronto. Por supuesto antes regresaría a su país para dejar ordenadas sus cosas allá, y preparar el viaje y su estadía en esta ciudad. La secretaria le informara sobre los honorarios que recibiría, pero créame que son muy buenos.” Se dieron la mano, y Esteban se comprometió a regresar con una respuesta a las 17:30. Antes de abandonar la oficina la secretaria le pidió que se acerque a su escritorio, y comunicó el monto que le pagarían por la consultoría; también se lo entregó anotado en un papel en el que estaba expresado en dólares canadienses y norteamericanos. Betina también alcanzó a escuchar la cifra, y los dos se miraron con incredulidad.

Cuando salieron, Betina rompió el silencio: “Boludo, esa guita es casi la que ganás en la Fundación en todo un año. Bueno. Eso siempre y cuando la Fundación no cierre en tres meses. No sé qué es lo que tenés que pensar.” Esteban reconoció que nunca había ganado tanto dinero en tan poco tiempo, y que también en términos profesionales era una oportunidad difícil de rechazar. “¿Entonces cuál es la duda? Uh, no me digas que es por Miss Escandinavius.” Un poco sí. Ella se separó, debe sentirse angustiada y desorientada. Yo la pasé hace unos meses y no es fácil. Pero por lo menos estaba en mi país y rodeado de la gente que quiero, que estuvo al pie del cañón. Ella aquí, en cambio, solo tiene algunas pocas relaciones, pero que más que nada son formales.” “Entonces qué carajo vas a hacer”, le dijo Betina presionándolo. “Hacer lo que hago siempre: decidir a último momento”. Ella le dijo que lo entendía; que la decisión solo le pertenecía a él. “Pero si no llegas a aceptar te cago a trompadas.” Esteban se sonrió y le contestó: “Ojo que cuando tenía veintipico hice un par de años de boxeo, y a más de uno lo dejé tirado en la lona.” “Mirá”, replicó Betina. “Si nos fundimos el que va a quedar en la lona sos vos. Así que pensá un poco más en tus pibes y menos en la vikinga.” Esteban no quiso rendirse, y siguiendo con las metáforas boxísticas, le dijo que ese había sido un golpe bajo. Ella le contestó que ya no tenían tiempo para seguir peleando. Richard lo estaba esperando para conocer su decisión. Esta vez Esteban permaneció en la sala de reuniones apenas unos diez minutos. Cuando salió Betina salto del sillón y le preguntó: “¿Y?” Esteban se quedó unos segundos mirándola con la sonrisa contenida para generar misterio, y luego dijo: “Acepté” Betina se le colgó del cuello y le dio un beso ruidoso en la mejilla. “¿Viste? Es como yo te digo. En general sos un salame. Pero de vez en cuando los planetas se te alinean y haces las cosas bien. O andá a saber: por ahí la escuchaste a Betina y le hiciste caso. Qué piola qué es esa mina, ¿no?” “Y sobre todo modesta”, agregó Esteban.

Al subir al avión Betina le aclaró a Esteban que ese no sería un vuelo de confesiones. “Las que tuvimos en el viaje de ida fueron suficientes. No creas que fuiste el único que quedó agotado. Así que en éste podés leer y esperar que con suerte pasen alguna película potable. En ese caso por ahí la vemos juntos.” “¿Y también puedo ir al baño todas las veces que quiera sin que me derribes la puerta?”, preguntó Esteban. “Bueno. Si me volvés a dar la mano en el despegue y en el aterrizaje, y me prestas el hombro para dormir, tenemos un acuerdo.” Esteban le extendió la mano para sellarlo, pero Betina lo dejó pagando. “El apretón de manos dejalo para los canadienses. Conmigo lo cerramos de otra manera ¿Cómo era la cancioncita? Ah, ya me acordé. Dame la mano, dame la otra, dame un besito…Uy, me olvidé dónde era el besito. ¿Me decís? ¿O sabés qué? Mejor mostrame.”

Continuará…

Link al capítulo catorce

Publicado por pabloperelman

Soy economista, casi demógrafo, runner aficionado, distraído crónico, padre de una niña de 15 años y escritor de Correlatos. Aunque, para ser sincero, todo eso no dice mucho de mi. En verdad, no creo en el "about me", pero después de un año y medio de blog llegó el día de completarlo.

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8 comentarios

  1. Muy de capo, es asignar a uno de los protagonistas de una historia de amor, las características de Alfa. Aclaro que he leído novelas en las que la figura femenina ostenta esta propiedad. O sea…lejos está de mi intención, darle a este comentario algún matiz de supremacía por género.
    Pero volviendo a este caso concreto, pienso que a través de Esteban y su escarceo amoroso, la historia logra concitar la atención del lector y que ésta se mantenga en el tiempo.
    Y la clave es sin duda, la tensión sexual que tira y afloja el hilo del relato.
    El devaneo romántico del sociólogo Alfa con las figuras femeninas, lo alejan de su enamorada sólo lo justo y necesario para que la soga no se corte y pueda, por decisión del autor por supuesto, volver sobre sus pasos.

    Gente…extrapolando al cotidiano…la vida misma.

    Excelente el ritmo parejito de tu narración.

    P.D.: Por qué no hay un Richard en mi vida?

  2. Pablo, debes estar muy contento con todos los comentarios, caricias positivas siempre para quien entrega desde el alma. !! Felicitaciones

  3. En primer lugar disculpas por haberme demorado en las respuestas. Siempre trato de hacerlo lo antes que puedo. Pero en esta oportunidad me retrasé porque no sabía muy bien que decir.
    Quiero decir dos cosas. La primera es que estoy muy agradecido con todas las personas que han leído desde el comienzo Un romance… También por supuesto con aquellas que se sumaron a la lectura más tarde porque descubrieron el cuento después o alguien se los recomendó. Ya son aproximadamente dos meses. Mucho tiempo para seguir un relato por entregas en un blog.
    Lo segundo, que está íntimamente relacionado con lo primero, es que estoy muy contento con la repercusión que ha tenido mi primer cuento. Ya seguramente me explayaré cuando haya finalizado la historia. Pero quiero decirles que ni en el mejor de mis sueños me imaginaba que esta historia, además de convivir conmigo, otras personas (no importa cuántas sean), también la incorporarían como suya, estarían tan pendientes de los giros de la trama, se hicieran fans o criticaran a determinados personajes, estuvieran pendiente de la próxima entrega, etc.
    Es como dijo en un comentario reciente la otra Bettina (con doble t), una caricia al alma. Y eso claro que me alegra y me pone feliz.
    Gracias otra vez por leer.

    1. 👏👏👏👏👏👏 es el sueño del que escribe para ser leído, bravo! Nos tenés expectantes!!!!

  4. creo que el secreto esta en que tus personajes son de carne y hueso, cada uno vera o no con quien se siente mas identificado o hacia donde quiere que vaya la historia. una historia que a cualquiera le puede pasar- Una historia de estos tiempos. Gracias Pablo

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