El peligroso encanto del 2 x 1

2 x 1

¿A quién no le paso algo parecido a lo que voy a contar?

Dan una película que hace rato queremos ver. O recién la acaban de estrenar y viene con muy buenas críticas. Tenemos un horario que nos encaja perfecto y un cine a mano. Pero nuestra pareja no puede o estamos solos. Y tampoco tenemos a ningún amigo o pariente para recurrir a último momento. Claro que podemos ir al cine solos. Lo hemos hecho infinidad de veces y hasta nos parece un buen plan. Pero resulta que en el cine que pasan la peli y, en ese día y horario, tenemos el dichoso 2 x 1. Pagamos solamente el precio de una entrada pero la película la pueden ver dos. Es decir, la entrada nos cuesta la mitad, o quedamos de maravillas con nuestra pareja, amigo/a, conocido/a y demás deudos. Ahora estamos en una encrucijada: ¿vamos a ver la película igual a riesgo de no aprovechar el 2 x 1? ¿O esperamos una nueva oportunidad para, ahora acompañados, usufructuar los beneficios de la promo? ¿Y que pasa si finalmente se agrega otra persona más a la salida? Porque claro, los números impares no son buenos amigos del 2 x 1. Y las promociones de llevo tres y pago dos son moneda corriente en los supermercados pero no en cine y teatros.

No sé Uds., lectores de este blog, pero por el 2 x 1 u otras promociones similares, esa película que tanto quería ver finalmente la sacaron de cartel, y a veces me terminé enojando conmigo mismo por haber quedado preso de la oferta cinematográfica y de tantas otras. Hasta la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la más extensa y concurrida del mundo, tiene su 2 x 1.

Pero no se trata solo del 2 x 1 que ofrecen los clubes de lectores de ciertos periódicos en la Argentina. Las ofertas y promociones proliferan en nuestra vida de consumidores, como nunca había ocurrido en la historia de la humanidad. Así cada tarjeta de crédito nos ofrece algún día de la semana rebajas para comprar en tal supermercado o tienda de ropa. Una promoción imperdible para irnos de viaje, o asombrosos descuentos cuando llega la “vuelta al cole”. Ese electrodoméstico o teléfono celular que nos viene tentando de un día para el otro baja su precio un 30% y además permite financiarlo en un montón de cuotas. Y entonces lo compramos, nos sentimos felices, y compartimos nuestro logro y nuestro asombro con nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo. Un banco argentino dio en la tecla cuando basó su estrategia publicitaria en la frase “Cómo hacen estos tipos…?”.

Yo creo saber cómo hacen esos tipos y otros tantos magos de las ofertas y promociones casi imposibles de entender. Es sencillo: trabajan con márgenes de comercialización muy elevados; es decir, sus precios normales, cuando no hay ninguna promo, son, dicho en lenguaje argentino, “un afano”. Entonces se pueden dar el lujo del 2 x 1 y las grandes rebajas, donde también se cuentan las liquidaciones por final de temporada.

Ojo. Yo soy un amante de las ofertas y de todo tipo de promociones. Y caigo fácilmente en las garras publicitarias de tarjetas de crédito y cadenas de electrodomésticos, y me pregunto, más de una vez, cómo hacen estos tipos. Pero al mismo tiempo me doy cuenta que viviría más feliz y menos estresado si los precios fueran siempre los mismos, aunque por supuesto más bajos. Si me cobraran por los bienes y servicios que consumo un precio razonable, y no tuviera que perder tanto tiempo anoticiándome de la infinita e inabarcable cantidad de maravillosa promociones con las que nos bendice el mercado. Y no teniendo que superar a veces cierto estado de sospecha: por algo lo estarán vendiendo tan barato… Porque de la promoción extraordinaria a la estafa, el viaje a veces suele ser muy corto.

Pero es imposible que mis deseos se conviertan en realidad. Esto llegó para quedarse y cada vez el bombardeo será peor. Cada día deberemos dilucidar si nos conviene o no el desayuno que por unos pesos más incluye un jugo de naranja, a sabiendas que quizás nos encontremos con un vasito ínfimo y la duda si verdaderamente es exprimido. Deberemos decidir si agrandar el combo a cambio de que la gaseosa y las papas fritas pasen de medianas a grandes, y calcular cuántas calorías más vamos a ingerir de manera casi gratuita. ¿Terminaremos yendo al cine o al teatro con un acompañante dudoso para no perdernos el 2 x 1? ¿Compraremos dos kilos de tomates a un precio mucho más bajo, para luego, probablemente, dejar que la mitad se termine pudriendo en la heladera?

Solamente un consejo final. Que la magia del 2 x 1 no haga que se sientan obligados a optar por la terapia de pareja antes que la individual. Se van a divorciar igual y encima después cada uno deberá pagarle a su propio analista.

Finalmente, Correlatos se suma a la moda del 2 x 1. Si les gusto este post por el mismo precio pueden leer cualquier otro del blog. Y ya se lo que están pensando: “Cómo hace este tipo…?”.

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Cómo utilizar información para evaluar cómo nos fue en una carrera y emplearla para mejorar en la próxima. Un ejemplo a partir de los resultados de la Media B’Aires 2014

media baires

El domingo pasado se corrió en la Ciudad de Buenos Aires el medio maratón B’Aires, competencia en la cual participé y me fue muy bien. Luego de cinco años conseguí con la ayuda de mi amiga Delia Guadarrama (que me acompañó hasta el kilómetro 15) mi mejor marca, y esta es una razón más que suficiente para escribir el relato de la carrera. No está bien alterar el orden natural de las cosas, pero permitirán Uds. que por esta vez me tome esa licencia y escriba primero sobre cómo se pueden analizar los resultados difundidos por los organizadores. A partir de dichos resultados, de la utilización de algunas técnicas estadísticas y de lo que aprendí en los años que llevo corriendo, intentaré elaborar una serie de tips que permitan a los corredores analizar su performance en cada competencia y, mejor aun, que esta evaluación les sirva para corregir errores y planificar mejor la estrategia en las futuras competencias.

A continuación enumero una serie de indicadores que todos los corredores deberían tener en cuenta. Algunos son sencillos, obvios y los utilizamos todo el tiempo. Otros son un poco más sofisticados y, como no están disponibles en una primera instancia, requieren del suministro de los organizadores de la carrera, o de su elaboración por parte de los propios corredores. En este caso a esos indicadores los elaboré yo mismo.

1) El tiempo que tardamos en completar la distancia: este es el principal indicador que todos los corredores utilizan para dictaminar cómo les fue. Parece un indicador inobjetable, pero sin embargo tiene algunos problemas que debemos tener en cuenta. Si bien las distancias clásicas son siempre las mismas (por ejemplo 10k, 21k, 42k), los terrenos en los que se corren las carreras pueden tener variaciones importantes con respecto a la altimetría y otras dificultades que puedan encontrarse en el recorrido. Por ese motivo, por ejemplo, Berlín es el maratón más rápido del mundo, y el lugar en el que se establecen todos los records mundiales de la distancia. La condición climática del día de la carrera es el otro factor determinante a tener en cuenta: temperaturas extremas, lluvia, o vientos fuertes minan el rendimiento de la mayoría de los corredores. Algunos sufren más o menos ciertas condiciones climáticas, pero todos están expuestos a sus caprichos. No tener en cuenta las características del terreno ni las condiciones climáticas puede llevar a cometer graves errores al planificar la estrategia de una carrera o evaluar los resultados luego de cruzar la meta. Y ojo que equivocarse también incluye suponer que nos fue mejor de lo que objetivamente nos fue.

2) El puesto que obtuvimos en la general y por categoría: todos los organizadores de carreras suministran estos indicadores. Pero salvo para los corredores que pertenecen a la elite, como para aquellos amateurs que de tanto en tanto se cuelan en los podios de la general o de la categoría, estos indicadores no resultan de gran utilidad e, incluso, pueden ser engañosos. Veamos por qué.

Si lo que nos interesa es analizar cómo nos fue, nos tenemos que comparar con los que son similares a nosotros. Por eso en las carreras nos clasifican de acuerdo a nuestro sexo y edad. Los varones corren más rápido que las mujeres y los jóvenes son más veloces que los viejos. Hasta aquí todo muy bien. Por eso la posición que obtenemos en nuestra categoría es un dato que los corredores valoramos….hasta cierto punto. ¿Qué nos dice haber salido 72 en la categoría? La verdad que no mucho. Ese dato solamente pasa a tener relevancia cuando sabemos cuántos corredores participaron en cada categoría, ya que por cierto, no es lo mismo terminar 72 entre 75, que ubicarse 72 entre 350.

3) El puesto por categoría sirve entonces solamente cuando sabemos cuántos corredores participaron en cada categoría. Voy a utilizar algunos ejemplos con las performances que el domingo tuvieron en la B’Aires algunos de los integrantes de mi running team “Correrayuda”. Marcelo Perotti, nuestro entrenador, salió segundo en su categoría (45-49 años), en la que participaron 553 corredores. Eso significa que estuvo entre el 0,36% de los corredores más rápidos de su grupo. Y Pedro “la Perra” Espetxe, que salió quinto en la misma categoría, quedó entre el 0,90% de los que corrieron de manera más veloz. Entre las mujeres Adriana Hidalgo quedó cuarta en su categoría entre 277 corredoras, lo que le permitió ubicarse entre el 1,44% de las más veloces entre sus pares del mismo sexo y edad (35 a 39 años). En mi caso quedé en el puesto 139 de mi categoría sobre 379 corredores, lo que significa que estuve entre el 36,68% de los más veloces entre mis similares. Mucho mejor le fue a otro amigo y compañero de categoría, Anibal Antonetti, más conocido como El Tío, que en su empeño por seguir rompiendo relojes consiguió el puesto 52 y se ubicó entre el 13,72% de los más rápidos de su sexo y edad. O a Viviana Erejemovich, con un tiempazo considerando su sexo y edad, que le permitió colarse entre el 3,64% de los más veloces de su categoría y en el séptimo puesto entre todos sus compañeros de running team. Esa información pueden verla en la columna 4 del cuadro que está al final del post.

5) El puesto de la general ordena a todos los corredores según el tiempo oficial que tardaron en llegar a la meta. No descubro nada si digo que las carreras de running las ganan siempre varones jóvenes. La ganadora entre las mujeres recién salió en el puesto 48 de la general. Entonces, para tener otro elemento que aisle el factor sexo y edad, armé una “Clasificación General Relativa” (ver columna 2) en la cual los corredores quedaron ordenados según lo rápidos que fueron en comparación con los de su categoría. En este caso, por ejemplo, Marcelo Perotti mejora en la general del puesto 37 al 10 y Adriana Hidalgo del puesto del 419 al 63. Es un método que tiende a poner en igualdad de posibilidades para esta “hipotética general” a las mujeres y a los que ya no son tan jóvenes.

6) Para saber cómo nos fue en una carrera tenemos que compararnos a nosotros mismos en otras carreras. Aunque eso en principio no es nada fácil. Todos los corredores sabemos que una de las ventajas que tiene el running con respecto a otros deportes, es que no solo corremos contra otros corredores sino también contra nosotros mismos. Aunque nunca ganemos una carrera ni hagamos podios, siempre tenemos la posibilidad de continuar mejorando. ¿Pero cómo saber si realmente lo estamos haciendo? Ya vimos que cuánto tardamos en una distancia no necesariamente es una buena referencia. Por un lado, por las características del circuito y lo fortuito de las condiciones climáticas. Pero hay otro elemento que tiene un peso aun más importante, y aunque sea obvio, muchas veces no lo tomamos (o no queremos) tomarlo en cuenta. Me refiero al paso de los años. Los corredores vivimos obsesionados con batir nuestras propias marcas en las principales distancias de las carreras de calle. El problema es que el pico de rendimiento físico ocurre antes de llegar a los cuarenta años. Pero como muchos de los corredores amateurs comenzaron a correr de grandes, no son pocos los que logran mejorar sus marcas incluso después de los 50, como me acaba de pasar a mi mismo este domingo. Sin embargo, llega un día que el límite que impone el calendario es inevitable, y no aceptarlo solo puede conducir a la frustración. ¿Eso significa que se terminaron los desafíos? ¿Que no se puede seguir mejorando? En absoluto. Solo que ahora el énfasis tiene que estar puesto en la mejora relativa y no en la absoluta. Para eso el indicador que vimos en el punto anterior, el porcentaje de los corredores más rápidos de nuestra categoría en el que nos ubicamos en cada carrera, es para mi la mejor síntesis para evaluar nuestro rendimiento a lo largo de los años. Porque a medida que cumplimos años vamos cambiando de categoría, y ese indicador nos permite siempre compararnos con nuestros pares. Puede darse el caso que tardemos más tiempo, por ejemplo, en completar una 10 k que lo que lo hacíamos siete años atrás, pero que ahora nos destaquemos más en nuestra categoría que antes. Eso significa que hemos logrado enfrentar mejor el declive natural de los años que nuestros rivales del mismo sexo y edad. Que mejoramos. Este indicador, por último, tiene una gran ventaja: nos permite evaluar nuestro rendimiento no solo con las anteriores carreras que corrimos de la misma distancia, sino con cualquier otra, ya que lo que nos dice es cuan buenos fuimos ese día en comparación con nuestros pares.

5) Para evaluar como nos fue hay que tener presente siempre el objetivo. Hasta aquí estuvimos viendo elementos para evaluar cómo nos fue en función del resultado que obtuvimos. Pero a los corredores no solo nos obsesiona el tiempo que tardamos o el puesto que obtuvimos, sino también saber cuáles fueron las razones por las cuales nos fue bien o mal, porque obtuvimos o no los resultados que esperábamos.

A cada carrera uno llega con un entrenamiento general y específico. Con más o menos experiencia. Y con distintos objetivos. Esto último es importante, porque no siempre lo que se busca es obtener una buena marca, ya que hay carreras que se corren en el contexto de un objetivo más amplio o distante, o para buscar aumentar el roce que da la competencia. Y también los resultados deben ser evaluados en ese contexto. Por ejemplo, si alguien va a buscar su mejor marca en una carrera de 10 km pero en paralelo está preparando un ultramaratón, llega con una carga de entrenamiento que es incompatible con ese objetivo. El problema es que a veces nos hacemos los distraídos, y corremos una carrera olvidando en que punto estamos o porque decidimos correrla. A veces también ocurre que estuvimos entrenando menos o que estamos en un período de mucho stress. Pero esperamos que el día de la carrera ocurra algo mágico, y que nuestras piernas reaccionen de la misma manera que cuando estábamos en un momento pico de entrenamiento o en un período de la vida más tranquilo. El resultados es un camino más o menos seguro a la frustración.

6) Pero aun si estamos en un momento ideal para buscar nuestra marca o dar el batacazo, hay otras situaciones que nos pueden aguar la fiesta. Me refiero a la estrategia de carrera. Sea cual fuera nuestra condición, toda carrera precisa de la definición de una estrategia. La palabra es grandilocuente, pero básicamente en running definir una estrategia es saber a que ritmo queremos salir y, en la medida de lo posible, sostenerlo a lo largo de toda la carrera. Cuanto más parejo, mejor. Los corredores sabemos que definir y mantener un ritmo en carrera es tremendamente difícil, por muchas razones que aquí sería muy largo enumerar.

Un dato que entregó la organización de la B’Aires 2014 es el tiempo que los corredores tardaron los primeros 10 Km. A partir de esa información calculé el tiempo que cada corredor necesitó para terminar los últimos 11 km. y con esos dos datos pude estimar el ritmo promedio que llevaron en la primera y la segunda mitad de la carrera (columnas 7 y 8). Tenemos entonces la posibilidad de analizar cuan parejos fuimos a lo largo de la competencia. Si nuestro tiempo en la primera mitad fue mucho más rápido, es probable que en algún momento nos hayamos fundido y no lo hayamos podido sostener. Si la caída es pronunciada (más de medio minuto por kilómetro) es porque decididamente nos confiamos demasiado o quedamos presos de la ansiedad. En cambio, si tuvimos una carrera mucho mejor en la segunda mitad, en este caso puede que hayamos sido demasiado conservadores al elegir el ritmo al inicio, y terminamos la carrera sintiendo que nos sobraban fuerzas. También puede haber sucedido que largamos muy atrás y nos tocó un par de kilómetros de mucho “congestionamiento” y eso terminó afectando el ritmo promedio de la primera parte de la carrera. En otras palabras, si disponemos de los parciales, podemos evaluar cómo nos fue en la estrategia de carrera (¿salimos demasiado rápido? ¿empezamos muy despacio por temor a fundir antes del final o porque había mucha cola?) y en la próxima ajustar mejor el paso. Lo que sucede la mayoría de las veces que nos equivocamos con el ritmo, es que no cumplimos con el plan de carrera. Sobre todo en las distancias largas como el medio maratón y, más todavía el maratón, el cuerpo comienza a enviar señales engañosas, y hay que resistirse a la música imaginaria de Carrozas de Fuego que empieza a sonar en nuestras cabezas y mantener la frialdad. Sino tenemos principios gloriosos con finales funestos. Para que tengan una idea de lo importante que es mantenerse parejo, el ganador de la carrera, Ulises Sanguinetti, tardó solamente dos décimas de segundo por kilómetro más en la segunda parte que en la primera; es decir, corrió los 21 km al mismo ritmo. Eso es lo que hacen los atletas de elite. Pero muchos de mis compañeros de equipo que hicieron buenas carreras y, que son tan amateurs como yo, también hicieron ritmos muy parejos, lo cual muestra que es posible. Se trata de tener mucha disciplina y de aprovechar la experiencia que da correr carreras. Una buena estrategia garantiza lograr el mejor tiempo que podemos hacer ese día, siempre teniendo en cuenta la preparación con la que llegamos a la competencia, nuestras aptitudes naturales y la edad y el sexo que tenemos.

7) Una última reflexión sobre la información. Los indicadores que utilice para hacer este análisis no son suministrados por los organizadores de carreras. Sería saludable que los incorporaran. Si los programaran desde un inicio, incluso no sería necesario retrasar el acceso de los resultados al público. Seguramente hay otros indicadores que pueden agregarse. Por ejemplo, lo ideal sería que nos dieran información sobre el tiempo y ritmo de cada kilómetro. La tecnología a esta altura no es un obstáculo, y a los corredores nos permitiría disponer de un dato invalorable para autoevaluarnos y tener más elementos a disposición de nuestros entrenadores. Es cierto que muchos corredores utilizan en las carreras sofisticados equipos que les permiten obtener toda la información que utilicé y más detallada aun. Pero no todos saben cómo aprovecharla o no tienen tiempo para hacerlo. Mientras tanto, en las carreras importantes, y en la medida que tenga tiempo, intentaré seguir haciendo este trabajo.

cuadro media baires

correrayuda en la baires 2014
Los Correrayuda amaneciendo. Todos llenos de ganas y expectativas esperando la largada.

¿Por qué el running es furor en Argentina y el mundo y llegó para quedarse?

Mi running team Correrayuda en el Cruce de los Andes 2014
Mi running team Correrayuda en el Cruce de los Andes 2014

No conozco estadísticas pero, si me apuran un poco, me animo a apostar que después del fútbol el running es el deporte más practicado del país. Cuando se produce un fenómeno de tales características no se trata de una casualidad, sino que con seguridad hay razones muy concretas que lo motivan. Voy a tratar de desentrañarlas con el fin de alentar a aquellos que aun no corren, pero que lo están pensando. Así, de paso, en lugar de explicarles lo que viene abajo los mando a leer mi blog.

Cuando me preguntan por qué corro y las preguntas van más allá de las generalidades y comienzan a ser más específicas, casi con seguridad no se trata solo de un simple curioso, sino también de alguien que tiene ganas de empezar, que lo está pensando. Como muchas de esas charlas van derivando en interrogatorios, más o menos tengo organizado un discurso para promover que esos candidatos a runners dejen de dar vueltas, se pongan de una vez las zapatillas y salgan a correr. Así que este post va a dedicado a ellos, aunque creo que también va a interesarles a aquellos que hace rato descubrieron el maravilloso mundo de las correrías.

Como el running es una de las opciones deportivas que hay para escoger entre tantas otras, voy a hacer una comparación con el fútbol, que es el deporte que reina en la Argentina, con una creciente cantidad de mujeres que lo practican. Los varones comenzamos a jugar al fútbol desde muy chicos. Lo hacemos porque el juego es atractivo, porque vemos fútbol y escuchamos hablar de fútbol casi todo el tiempo (en los medios, pero también en charlas con amigos, compañeros de estudio o de trabajo). Pero también porque es una forma de integrarnos socialmente. Aun los que son medio pataduras van a jugar al fútbol para no quedarse afuera de lo que hacen el resto de sus amigos. Una vez concluida la etapa escolar, algunos lo continúan jugando, pero a medida que pasan los años, la mayoría comienza a “retirarse”. Buena parte de los que siguen practicándolo lo único que hacen es jugar un picadito semanal, quizás más motivados por la cena post partido que por la actividad deportiva en sí misma. Cumplen así una pequeña cuota de actividad deportiva que, lamentablemente, sino se la acompaña con otro ejercicio, no solamente no sirve de nada, sino que por el contrario puede ser muy peligrosa para la salud. Tarde o temprano esos picaditos cada vez resultan más difíciles de sostener. Llega un día donde se toma la decisión de abandonar y aparece una pregunta complicada de responder: ¿Y ahora qué?

El running, aunque en los últimos años este panorama viene cambiando aceleradamente, y hay una creciente cantidad de jóvenes que se está volcando a esta actividad es, por el contrario, un deporte a la que la mayoría llegamos en la madurez. En muchos casos después de alcanzados los cuarenta. Y los cincuenta también. Por el contrario, ¿a quién conocen que se ponga los botines y se haga futbolista a tales edades? A nadie. Veamos por qué.

Para empezar a correr solo se necesita tomar la decisión. A veces ese paso es el más difícil y puede llevar mucho tiempo de largas meditaciones con la almohada. Trataré de ayudar con este post a que el tiempo de las reflexiones se acorte un poco. Si sienten que tarde o temprano van a tomar la decisión, si empezar a correr es una cuestión de tiempo, por qué no hacerlo, no digo hoy, sino al menos mañana.

Veamos. La verdad es que hace un montón de años que no hacen deporte. Es más; si se sinceran un poco, salvo en la clase de educación física del colegio y algún partidito de fútbol o de voley que los obligaron a jugar porque faltaba uno para completar equipo, nunca hicieron nada. Saben que les vendría muy bien hacer deporte. Quizás el médico clínico después de ver los últimos análisis clínicos y anotar lo que marcó la balanza, los miró seriamente y les dio a entender que el asunto solo con dieta no se arregla y, Uds. (en ese momento casi convencidos), le prometieron que una vez que solucionen ciertos problemas, que reorganicen algunos horarios, que arreglen con la abuela o alguna tía para que les cuide a los chicos, arrancan. A lo cual el facultativo seguramente les devolverá una sonrisa comprensiva, y no les diga que por lo menos en los últimos cinco años le vienen haciendo el mismo verso.

Si la mala cara del médico y las motivaciones de una vida más saludable no son suficientes para tomar la decisión, la obligación de este escriba es sumar otros argumentos que sean convincentes. Recordemos entonces que los chicos y chicas comienzan a jugar al fútbol (o al voley, al rugby, al basket o al hockey) también para integrarse con otros pares. De esos grupos de pequeños deportistas muchos conocerán a los amigos que conservarán a lo largo de su vida. En otras palabras, tanto o más importante que la salud o la recreación, el deporte sirve para integrarse con otras personas, para conocer gente, y esa es la otra gran pata que explica, a mi juicio, la gran revolución runner que se produjo en Argentina y gran parte del mundo en los últimos cinco o diez años.

Suele decirse que una de las grandes ventajas que tiene el running frente a otros deportes, es que para correr no se necesita juntarse con otras personas ni contar con una cancha. Sin embargo, el running está lejos de ser un deporte solitario, porque muchos de aquellos que lo practican lo hacen acompañados de un partner o en el seno de un running team. Por supuesto que lo que se busca en un grupo es el asesoramiento profesional: la rutina de los entrenamiento, los consejos técnicos, las sugerencias sobre qué carreras correr, o aspectos básicos referidos a la alimentación. Pero también (y creo que aquí está la gran clave del auge de este deporte) porque un running team es un ámbito eminentemente social en el que se reúnen personas que, si bien en un principio solo tienen en común el objetivo de correr, con el paso del tiempo irán descubriendo que esos extraños que conocieron en las primeras clases se les parecen en muchas otras cosas. Al principio uno tiene compañeros de running, pero con el paso del tiempo comienza a sumar amigos.

Hay muchas razones por las cuales corriendo existe la posibilidad de hacer más amigos que en otros deportes. Por un lado, en los entrenamientos, sobre todos en los fondos semanales, mientras se entrena es perfectamente factible conversar. Así se da la paradoja que en una actividad en la que se compite de manera individual (aunque también existe la modalidad por equipos), la gente dialoga mucho, lo cual es imposible hacer en deportes colectivos como el fútbol, el basket, el voley o el hockey. Ni en otros individuales como la natación o el tenis. Como dice mi amiga Delia, cuando dos corredores quieren charlar difícilmente se juntan a tomar un café, sino que hacen un fondito. Asimismo, en el running existe una oferta abundante y creciente de competencias que tienen lugar en numerosas ciudades y parajes naturales del país, lo que motiva los viajes grupales hacia un destino elegido por varios miembros de un grupo de entrenamiento. Estos viajes a la vez que permiten trazar desafíos maravillosos como cruzar la cordillera de Los Andes, también sirven para afianzar las relaciones surgidas entre los compañeros de grupo. Y, como alguno de los lectores lo estarán imaginando, en ciertos casos lo que se termina encontrando no es un amiga ni un amigo, sino una novia o un novio, o porque no el padre o la madre de los hijos que algún día llegarán.

Yo entreno en el mismo running team hace más de siete años, y muchos de mis compañeros de entrenamiento se transformaron en grandes amigos que quiero y respeto. Amigos que no tendría si no fuera porque los conocí corriendo. No ha sido mi caso, pero he visto a lo largo de estos años muchas parejas que se conocieron en el grupo, algunas de ellas se casaron o conviven en pareja; varias han tenido hijos.

En síntesis, si un día caemos en la cuenta que podemos comenzar una actividad que es saludable, recreativa, sencilla de practicar y que probablemente nos permita engrosar nuestro número de amigos (y hasta conseguir novio o novia), seguramente habrá llegado el momento de no pensarlo más. Yo no creo en casualidades: por estos motivos y otros que seguramente se me escapan ahora, el running es furor en Argentina y el mundo por que se convirtió en una enorme y creciente red social. Y, sin duda, llegó para quedarse.

Gaby, Delia y Laura
De izquierda a derecha Gaby Vespe, Delia Guadarrama y Laura Frezzotti: corredoras y amigas