Maratón de Buenos Aires: ¿Cuánto falta para que haya un 1.000.000 de personas en sus calles?

maraton multitud

Lo he comentado varias veces con amigos, pero nunca he escrito sobre ello. No piensen que estoy loco – al menos no por esto – pero el maratón de Buenos Aires debería ser una fiesta en la que, además de los corredores, hubiera al menos un millón de personas acompañando en la calle.

Muchos me han dicho que Buenos Aires no es New York, ni Berlín, ni Boston ni Londres. Que en esos lugares la gente es diferente, más participativa y solidaria. Yo les digo que creo que están equivocados. Que el problema no pasa por ahí.

Hay muchas razones por las cuales el día de la carrera somos más los que estamos corriendo que aquellos que están mirando. Y si no contamos los que están esperando a algún corredor amigo para acompañarlo en los últimos kilómetros y, a los allegados más íntimos, literalmente podríamos decir que no va nadie.

¿Por qué? ¿Es un espectáculo aburrido? ¿Hay que levantarse muy temprano? Definitivamente no.

Empecemos por la razón más elemental. Casi nadie sabe que ese día se corre la carrera. Y si nadie lo sabe es porque nunca se la ha jerarquizado como un gran evento deportivo. Valga la comparación con el circuito callejero del TC 2000, que recibió un fuerte auspicio para su organización por parte de las autoridades, y una intensa atención por parte de los medios de comunicación. TODO el mundo sabe el día que se corre esa carrera, y el resultado en términos de concurrencia está a la vista: las veces que se hizo fue multitudinario.

El running ya es después del fútbol el segundo deporte más practicado del país. Los practican por igual mujeres y varones; jóvenes y personas de edades avanzadas; atletas de elite y los que solamente buscan mejorar su condición física. Sin embargo, las noticias deportivas de las carreras que se desarrollan en nuestro país, no tienen espacio en la sección de deportes de los matutinos, sino en la de información general o en los suplementos de la Ciudad. No es, sin embargo, el mismo tratamiento que la noticia recibe cuando la competición ocurre en Chicago, Berlín o Tokio. Es cierto: Buenos Aires no está dentro del circuito de las majors (las seis maratones más importantes del mundo), pero es nuestra maratón. Los partidos de primera D tampoco son acontecimientos deportivos de primer orden, pero sus noticias tienen lugar en las sección de deportes. ¿Por qué el running no? Lo mismo sucede con el resto de las carreras de calle y con las competiciones de aventura que se multiplican en todo el país. Esa es la razón por la cual, salvo los mismos runners, nadie conoce los nombres de los grandes corredores de nuestro país. Y el motivo por el cual muchos se van del país para mejorar su situación económica, ya que el dinero que ponen los sponsors depende de la cantidad de público. Para ellos las carreras en Argentina tienen “bajo rating”.

Los diarios y casi todos los medios audiovisuales describen a estos eventos como un acontecimiento de carácter casi folklórico, en el cual un grupo de gente, un poco rara y otro poco loca, sale a la calle mientras los jóvenes regresan de los boliches, para correr unos extravagantes 42 km y 195 mts. Por supuesto que hay algunas excepciones como blogs, suplementos de running, programas en radios y señales de televisión, pero suelen ser espacios pequeños, con escaso presupuesto, y muchas veces autogestionados. La oferta es muy pobre e irrelevante si pensamos que estamos hablando del segundo deporte más practicado del país.

Los organizadores de la carrera hacen el esfuerzo de traer a keniatas y etiopíes para elevar el nivel de la competencia, pero para los medios de comunicación estos personajes no son atractivos, porque vienen a participar en una carrera que no le interesa a nadie. El problema del bajo rating se retroalimenta: si a la gente no le interesa no lo mostramos, y como no lo mostramos nadie lo conoce y, por lo tanto, el día del evento, la gente no se entera.

Tenemos una ciudad hermosa pero el recorrido del maratón es poco atractivo, porque su diseño prioriza cortar la menor cantidad de calles, de manera de no molestar a los automovilistas. Una gran parte del recorrido lo hacemos por lugares deshabitados. Es justamente el criterio contrario, por ejemplo, al del maratón más admirado del mundo – New York -, que atraviesa cinco condados o boroughs; Staten Island, Brooklyn, Queens, Bronx y Manhattan y muchos de los barrios más emblemáticos de cada uno de ellos. Los vecinos de esta gran ciudad no necesitan “ir” a ver la carrera, sino que la carrera se las ingenia para pasar cerca de sus casas. Nadie se preocupa o protesta porque ese día cortan los 1,298 metros del Puente colgante de Verrazano-Narrows, las avenidas de Manhattan o las calles de Long Island. Se sabe que ese día la ciudad está dedicada a su maratón, y no a los automovilistas. Y como los automovilistas están bien informados se organizan, estudian los recorridos alternativos, no se quejan.

Aquí el gran obstáculo para tener un maratón con un recorrido atractivo, es que hay que cortar muchas calles y, por lo tanto, molestar a quienes van en auto. Sin embargo no es el mismo criterio que se adoptó, por ejemplo, para llevar a cabo el TC 2000 (que requiere interrumpir el tránsito por mucho más tiempo), así como para la organización de algunos eventos culturales, como el recordado recital de Violeta, el ícono del marketing infantil de los últimos años.

Se pierde de vista, por otra parte, que no se trata solamente de “darnos el gusto” a los maratonistas. Las grandes ciudades del mundo aprovechan su maratón como un gran evento turístico, que atrae a personas de todo el mundo junto con los familiares y amigos que los acompañan. Pero no se puede pensar el impacto solo en términos de los que vienen. ¿A qué canal de televisión podría interesarle mostrar una carrera que se corre en una ciudad vacía? Invertir en un maratón requiere de pocos recursos y se puede obtener un altísimo retorno. Con cientos de miles de personas en las calles habría más sponsors, que a su vez aportarían más dinero, y se mejorarían los premios para los deportistas. ¿Por qué no podemos tener el maratón más importante de Latinoamérica?

Es verdad que a los corredores les gusta viajar para combinar running con turismo. Hay pocas cosas comparables a conocer una ciudad corriendo a través de sus calles. Pero sería bueno que no tuviéramos la obligación de salir del país solo para experimentar la indescriptible sensación de correr rodeados de cientos de miles de personas que alientan.

Por supuesto el otro puntal para que las calles de Buenos Aires se inunden de espectadores, es que ese objetivo sea una prioridad de política pública. Y no solo pienso en las autoridades del GCBA, sino también en las nacionales. Cuando se vende Buenos Aires se esta vendiendo la Argentina. Los visitantes que vienen de lejos aprovechan para hacer un recorrido turístico mas amplio También el norte y el sur argentino, la costa atlántica o la región del Cuyo, por ejemplo, podrían beneficiarse de un maratón porteño masivo. Esta es una buena razón para que ambos niveles de gobierno trabajen asociados, y cada uno aporte algo diferente y complementario.

Pero no se trata solamente de esperar las decisiones de las autoridades políticas o la promoción de los medios de comunicación masivos. Los propios corredores deberíamos tener una actitud mas proactiva. Como comunidad de runners es mucho lo que podemos hacer para llamar la atención sobre este tema. Nosotros podemos interesar a los medios de comunicación, a las autoridades políticas, a los organizadores de carreras, comunicarnos entre nosotros a través de los numerosos running teams que hay en la ciudad y en el país. Podemos, sin lugar a dudas, aprovechar el poder enorme que tienen las redes sociales para instalar como consigna #Un millón de personas en el maratón de Buenos Aires.

Tenemos que poner esta cuestión en el candelero porque aun no existe. A nosotros mismos, por costumbre, nos parece natural que nuestro maratón se corra en una ciudad vacía. A veces pasa que lo que es raro nos terminan pareciendo normal. Hay que empezar a hacer algo. Y ojo. No se trata solamente del maratón; el objetivo más amplio es al menos que también podamos convocar a la gente para eventos de participación multitudinaria, como las Fiestas Mayas (10 k) o la We Run (21 k). Vayamos “entrenando” a los espectadores en competiciones más cortas.

Va a llegar sin duda el día que Buenos Aires tenga su maratón multitudinaria. Todos podemos aportar nuestro granito de arena para que eso ocurra lo antes posible. No sigamos perdiendo el tiempo hablando de nuestra complicada idiosincracia, o pensando que en otros lugares son mejores que nosotros. Ojalá aparezcan rápidamente socios que se sumen a esta idea. No se trata de una utopía, ni de una quijotada. Porque verdaderamente lo raro en es que corramos en calles semidesiertas. Que se venga la fiesta.

calle desierta

Cómo utilizar información para evaluar cómo nos fue en una carrera y emplearla para mejorar en la próxima. Un ejemplo a partir de los resultados de la Media B’Aires 2014

media baires

El domingo pasado se corrió en la Ciudad de Buenos Aires el medio maratón B’Aires, competencia en la cual participé y me fue muy bien. Luego de cinco años conseguí con la ayuda de mi amiga Delia Guadarrama (que me acompañó hasta el kilómetro 15) mi mejor marca, y esta es una razón más que suficiente para escribir el relato de la carrera. No está bien alterar el orden natural de las cosas, pero permitirán Uds. que por esta vez me tome esa licencia y escriba primero sobre cómo se pueden analizar los resultados difundidos por los organizadores. A partir de dichos resultados, de la utilización de algunas técnicas estadísticas y de lo que aprendí en los años que llevo corriendo, intentaré elaborar una serie de tips que permitan a los corredores analizar su performance en cada competencia y, mejor aun, que esta evaluación les sirva para corregir errores y planificar mejor la estrategia en las futuras competencias.

A continuación enumero una serie de indicadores que todos los corredores deberían tener en cuenta. Algunos son sencillos, obvios y los utilizamos todo el tiempo. Otros son un poco más sofisticados y, como no están disponibles en una primera instancia, requieren del suministro de los organizadores de la carrera, o de su elaboración por parte de los propios corredores. En este caso a esos indicadores los elaboré yo mismo.

1) El tiempo que tardamos en completar la distancia: este es el principal indicador que todos los corredores utilizan para dictaminar cómo les fue. Parece un indicador inobjetable, pero sin embargo tiene algunos problemas que debemos tener en cuenta. Si bien las distancias clásicas son siempre las mismas (por ejemplo 10k, 21k, 42k), los terrenos en los que se corren las carreras pueden tener variaciones importantes con respecto a la altimetría y otras dificultades que puedan encontrarse en el recorrido. Por ese motivo, por ejemplo, Berlín es el maratón más rápido del mundo, y el lugar en el que se establecen todos los records mundiales de la distancia. La condición climática del día de la carrera es el otro factor determinante a tener en cuenta: temperaturas extremas, lluvia, o vientos fuertes minan el rendimiento de la mayoría de los corredores. Algunos sufren más o menos ciertas condiciones climáticas, pero todos están expuestos a sus caprichos. No tener en cuenta las características del terreno ni las condiciones climáticas puede llevar a cometer graves errores al planificar la estrategia de una carrera o evaluar los resultados luego de cruzar la meta. Y ojo que equivocarse también incluye suponer que nos fue mejor de lo que objetivamente nos fue.

2) El puesto que obtuvimos en la general y por categoría: todos los organizadores de carreras suministran estos indicadores. Pero salvo para los corredores que pertenecen a la elite, como para aquellos amateurs que de tanto en tanto se cuelan en los podios de la general o de la categoría, estos indicadores no resultan de gran utilidad e, incluso, pueden ser engañosos. Veamos por qué.

Si lo que nos interesa es analizar cómo nos fue, nos tenemos que comparar con los que son similares a nosotros. Por eso en las carreras nos clasifican de acuerdo a nuestro sexo y edad. Los varones corren más rápido que las mujeres y los jóvenes son más veloces que los viejos. Hasta aquí todo muy bien. Por eso la posición que obtenemos en nuestra categoría es un dato que los corredores valoramos….hasta cierto punto. ¿Qué nos dice haber salido 72 en la categoría? La verdad que no mucho. Ese dato solamente pasa a tener relevancia cuando sabemos cuántos corredores participaron en cada categoría, ya que por cierto, no es lo mismo terminar 72 entre 75, que ubicarse 72 entre 350.

3) El puesto por categoría sirve entonces solamente cuando sabemos cuántos corredores participaron en cada categoría. Voy a utilizar algunos ejemplos con las performances que el domingo tuvieron en la B’Aires algunos de los integrantes de mi running team “Correrayuda”. Marcelo Perotti, nuestro entrenador, salió segundo en su categoría (45-49 años), en la que participaron 553 corredores. Eso significa que estuvo entre el 0,36% de los corredores más rápidos de su grupo. Y Pedro “la Perra” Espetxe, que salió quinto en la misma categoría, quedó entre el 0,90% de los que corrieron de manera más veloz. Entre las mujeres Adriana Hidalgo quedó cuarta en su categoría entre 277 corredoras, lo que le permitió ubicarse entre el 1,44% de las más veloces entre sus pares del mismo sexo y edad (35 a 39 años). En mi caso quedé en el puesto 139 de mi categoría sobre 379 corredores, lo que significa que estuve entre el 36,68% de los más veloces entre mis similares. Mucho mejor le fue a otro amigo y compañero de categoría, Anibal Antonetti, más conocido como El Tío, que en su empeño por seguir rompiendo relojes consiguió el puesto 52 y se ubicó entre el 13,72% de los más rápidos de su sexo y edad. O a Viviana Erejemovich, con un tiempazo considerando su sexo y edad, que le permitió colarse entre el 3,64% de los más veloces de su categoría y en el séptimo puesto entre todos sus compañeros de running team. Esa información pueden verla en la columna 4 del cuadro que está al final del post.

5) El puesto de la general ordena a todos los corredores según el tiempo oficial que tardaron en llegar a la meta. No descubro nada si digo que las carreras de running las ganan siempre varones jóvenes. La ganadora entre las mujeres recién salió en el puesto 48 de la general. Entonces, para tener otro elemento que aisle el factor sexo y edad, armé una “Clasificación General Relativa” (ver columna 2) en la cual los corredores quedaron ordenados según lo rápidos que fueron en comparación con los de su categoría. En este caso, por ejemplo, Marcelo Perotti mejora en la general del puesto 37 al 10 y Adriana Hidalgo del puesto del 419 al 63. Es un método que tiende a poner en igualdad de posibilidades para esta “hipotética general” a las mujeres y a los que ya no son tan jóvenes.

6) Para saber cómo nos fue en una carrera tenemos que compararnos a nosotros mismos en otras carreras. Aunque eso en principio no es nada fácil. Todos los corredores sabemos que una de las ventajas que tiene el running con respecto a otros deportes, es que no solo corremos contra otros corredores sino también contra nosotros mismos. Aunque nunca ganemos una carrera ni hagamos podios, siempre tenemos la posibilidad de continuar mejorando. ¿Pero cómo saber si realmente lo estamos haciendo? Ya vimos que cuánto tardamos en una distancia no necesariamente es una buena referencia. Por un lado, por las características del circuito y lo fortuito de las condiciones climáticas. Pero hay otro elemento que tiene un peso aun más importante, y aunque sea obvio, muchas veces no lo tomamos (o no queremos) tomarlo en cuenta. Me refiero al paso de los años. Los corredores vivimos obsesionados con batir nuestras propias marcas en las principales distancias de las carreras de calle. El problema es que el pico de rendimiento físico ocurre antes de llegar a los cuarenta años. Pero como muchos de los corredores amateurs comenzaron a correr de grandes, no son pocos los que logran mejorar sus marcas incluso después de los 50, como me acaba de pasar a mi mismo este domingo. Sin embargo, llega un día que el límite que impone el calendario es inevitable, y no aceptarlo solo puede conducir a la frustración. ¿Eso significa que se terminaron los desafíos? ¿Que no se puede seguir mejorando? En absoluto. Solo que ahora el énfasis tiene que estar puesto en la mejora relativa y no en la absoluta. Para eso el indicador que vimos en el punto anterior, el porcentaje de los corredores más rápidos de nuestra categoría en el que nos ubicamos en cada carrera, es para mi la mejor síntesis para evaluar nuestro rendimiento a lo largo de los años. Porque a medida que cumplimos años vamos cambiando de categoría, y ese indicador nos permite siempre compararnos con nuestros pares. Puede darse el caso que tardemos más tiempo, por ejemplo, en completar una 10 k que lo que lo hacíamos siete años atrás, pero que ahora nos destaquemos más en nuestra categoría que antes. Eso significa que hemos logrado enfrentar mejor el declive natural de los años que nuestros rivales del mismo sexo y edad. Que mejoramos. Este indicador, por último, tiene una gran ventaja: nos permite evaluar nuestro rendimiento no solo con las anteriores carreras que corrimos de la misma distancia, sino con cualquier otra, ya que lo que nos dice es cuan buenos fuimos ese día en comparación con nuestros pares.

5) Para evaluar como nos fue hay que tener presente siempre el objetivo. Hasta aquí estuvimos viendo elementos para evaluar cómo nos fue en función del resultado que obtuvimos. Pero a los corredores no solo nos obsesiona el tiempo que tardamos o el puesto que obtuvimos, sino también saber cuáles fueron las razones por las cuales nos fue bien o mal, porque obtuvimos o no los resultados que esperábamos.

A cada carrera uno llega con un entrenamiento general y específico. Con más o menos experiencia. Y con distintos objetivos. Esto último es importante, porque no siempre lo que se busca es obtener una buena marca, ya que hay carreras que se corren en el contexto de un objetivo más amplio o distante, o para buscar aumentar el roce que da la competencia. Y también los resultados deben ser evaluados en ese contexto. Por ejemplo, si alguien va a buscar su mejor marca en una carrera de 10 km pero en paralelo está preparando un ultramaratón, llega con una carga de entrenamiento que es incompatible con ese objetivo. El problema es que a veces nos hacemos los distraídos, y corremos una carrera olvidando en que punto estamos o porque decidimos correrla. A veces también ocurre que estuvimos entrenando menos o que estamos en un período de mucho stress. Pero esperamos que el día de la carrera ocurra algo mágico, y que nuestras piernas reaccionen de la misma manera que cuando estábamos en un momento pico de entrenamiento o en un período de la vida más tranquilo. El resultados es un camino más o menos seguro a la frustración.

6) Pero aun si estamos en un momento ideal para buscar nuestra marca o dar el batacazo, hay otras situaciones que nos pueden aguar la fiesta. Me refiero a la estrategia de carrera. Sea cual fuera nuestra condición, toda carrera precisa de la definición de una estrategia. La palabra es grandilocuente, pero básicamente en running definir una estrategia es saber a que ritmo queremos salir y, en la medida de lo posible, sostenerlo a lo largo de toda la carrera. Cuanto más parejo, mejor. Los corredores sabemos que definir y mantener un ritmo en carrera es tremendamente difícil, por muchas razones que aquí sería muy largo enumerar.

Un dato que entregó la organización de la B’Aires 2014 es el tiempo que los corredores tardaron los primeros 10 Km. A partir de esa información calculé el tiempo que cada corredor necesitó para terminar los últimos 11 km. y con esos dos datos pude estimar el ritmo promedio que llevaron en la primera y la segunda mitad de la carrera (columnas 7 y 8). Tenemos entonces la posibilidad de analizar cuan parejos fuimos a lo largo de la competencia. Si nuestro tiempo en la primera mitad fue mucho más rápido, es probable que en algún momento nos hayamos fundido y no lo hayamos podido sostener. Si la caída es pronunciada (más de medio minuto por kilómetro) es porque decididamente nos confiamos demasiado o quedamos presos de la ansiedad. En cambio, si tuvimos una carrera mucho mejor en la segunda mitad, en este caso puede que hayamos sido demasiado conservadores al elegir el ritmo al inicio, y terminamos la carrera sintiendo que nos sobraban fuerzas. También puede haber sucedido que largamos muy atrás y nos tocó un par de kilómetros de mucho “congestionamiento” y eso terminó afectando el ritmo promedio de la primera parte de la carrera. En otras palabras, si disponemos de los parciales, podemos evaluar cómo nos fue en la estrategia de carrera (¿salimos demasiado rápido? ¿empezamos muy despacio por temor a fundir antes del final o porque había mucha cola?) y en la próxima ajustar mejor el paso. Lo que sucede la mayoría de las veces que nos equivocamos con el ritmo, es que no cumplimos con el plan de carrera. Sobre todo en las distancias largas como el medio maratón y, más todavía el maratón, el cuerpo comienza a enviar señales engañosas, y hay que resistirse a la música imaginaria de Carrozas de Fuego que empieza a sonar en nuestras cabezas y mantener la frialdad. Sino tenemos principios gloriosos con finales funestos. Para que tengan una idea de lo importante que es mantenerse parejo, el ganador de la carrera, Ulises Sanguinetti, tardó solamente dos décimas de segundo por kilómetro más en la segunda parte que en la primera; es decir, corrió los 21 km al mismo ritmo. Eso es lo que hacen los atletas de elite. Pero muchos de mis compañeros de equipo que hicieron buenas carreras y, que son tan amateurs como yo, también hicieron ritmos muy parejos, lo cual muestra que es posible. Se trata de tener mucha disciplina y de aprovechar la experiencia que da correr carreras. Una buena estrategia garantiza lograr el mejor tiempo que podemos hacer ese día, siempre teniendo en cuenta la preparación con la que llegamos a la competencia, nuestras aptitudes naturales y la edad y el sexo que tenemos.

7) Una última reflexión sobre la información. Los indicadores que utilice para hacer este análisis no son suministrados por los organizadores de carreras. Sería saludable que los incorporaran. Si los programaran desde un inicio, incluso no sería necesario retrasar el acceso de los resultados al público. Seguramente hay otros indicadores que pueden agregarse. Por ejemplo, lo ideal sería que nos dieran información sobre el tiempo y ritmo de cada kilómetro. La tecnología a esta altura no es un obstáculo, y a los corredores nos permitiría disponer de un dato invalorable para autoevaluarnos y tener más elementos a disposición de nuestros entrenadores. Es cierto que muchos corredores utilizan en las carreras sofisticados equipos que les permiten obtener toda la información que utilicé y más detallada aun. Pero no todos saben cómo aprovecharla o no tienen tiempo para hacerlo. Mientras tanto, en las carreras importantes, y en la medida que tenga tiempo, intentaré seguir haciendo este trabajo.

cuadro media baires

correrayuda en la baires 2014
Los Correrayuda amaneciendo. Todos llenos de ganas y expectativas esperando la largada.

Carta urgente a Miguel Ángel Morales

Querido Miguel: antes que nada espero que estés bien y que puedas recibir esta carta. Porque hace como un año que no te veo y no tengo manera de ubicarte. Hace tiempo que vengo pensando en vos porque hay algo que tengo que decirte. Cuando todavía te veía casi todos los sábados y domingos, tuve infinidad de oportunidades de contártelo, pero por alguna razón nunca lo hice. Supongo que me dio pudor. Pero no te doy más vueltas. Esto pasó hace cinco años y comenzó con una carta que escribí al foro de mi grupo de running  Correrayuda.

Queridos amigos: ayer salí a correr a la mañana y al cruzar por Figueroa Alcorta y Dorrego  me sorprendí con los avances de la obra del futuro puente que será utilizado por peatones, corredores y ciclistas. Sin dudas, una buena noticia para todos aquellos que practican deportes o pasean por la zona.

Creo que todos conocemos al hombre que desde hace años ayuda a cruzar correctamente el complicado cruce sobre el cual se está construyendo el puente. Ese hombre está postrado desde hace quién sabe cuanto tiempo en una silla de ruedas. No puede caminar; mucho menos correr o andar en bicicleta. Y sin embargo es ese mismo hombre el que generosamente nos alerta sobre el peligro que la imprudencia y la distracción (tan propia de ciclistas y atletas pedestres) puede ocasionarnos. No puedo evitar pensar que quizás ese hombre, del que desconozco nombre o apodo, haya sufrido tiempo atrás un accidente que le impidió volver a caminar, y decidió hacer lo poco que estaba a su alcance para evitar que otras personas tengan el mismo trágico destino. 

No tengo dudas que ese hombre salvó a muchos de un terrible accidente. No he visto a nadie ignorar sus instrucciones. Yo mismo he clavado decenas de veces los frenos de mis zapatillas cuando el levanta su mano derecha y hace sonar el silbato. Este hombre me ha protegido de los asesinos seriales que se cansan de burlar los semáforos en rojo. Me pregunto cuántos accidentes habrá evitado, cuántos cuerpos habrían quedado gravemente dañados, cuántas vidas se habrían perdido prematuramente, cuántas familias hubiesen quedado destruidas por el dolor. Pero sobre todo me pregunto qué hará ese hombre cuando el puente se inaugure y todos nosotros podamos prescindir de sus servicios.  ¿Sentirá la satisfacción de “misión cumplida” y verá con agrado que sea ahora el Estado el que se ocupe de la seguridad vial y peatonal de esa esquina? 

No puedo saber qué piensa ese hombre. No sé cómo se sentirá. Jamás me detuve a hablar con él. Nunca le dije cuanto valoro su trabajo. No sé que hará ese hombre, pero sí sé lo que debería hacer la comunidad. 

Propuesta

Para empezar, el futuro puente debería llevar su nombre. Nadie como ese hombre hizo tanto para mantener la seguridad de esa esquina. Y si esta obra finalmente se concretó, también en parte se la debemos a él, que todos los días con su presencia nos dice: ¡esta esquina es muy peligrosa! ¡tengan cuidado! ¡no se maten! 

Nosotros podemos hacer algo por él. Hagamos una placa en su homenaje para que todos sepan, incluyendo a las futuras generaciones, que antes de que se construyera ese puente hubo un hombre que durante años, a cambio de nada, ayudó a preservar la vida de los que por ahí pasaban. Y entreguémosela en el mismo día y en el mismo momento en que el puente se inaugure oficialmente. Es poco en comparación con lo que él hizo por nosotros. Pero es un gesto humano y posible. Y él se lo merece. ¿Alguien me quiere acompañar en la comisión pro-homenaje? 

No te imaginás Miguel todo lo que generó esta carta. Todos mis compañeros estaban emocionados, conmovidos. Mi casilla de mail por esos días explotaba. Todos querían ayudar en lo que pudieran. Escribimos un petitorio dirigido al Jefe de Gobierno pidiendo que el puente llevara tu nombre. Varios de nosotros hicimos gestiones informales en el Gobierno de la Ciudad. No pasaba un solo día sin que alguien aportara una nueva idea. Que el puente llevara tu nombre pasó a ser nuestra gran causa.

El sábado 20 de diciembre de 2008 varios amigos me escribieron contándome una gran noticia. Sorpresivamente el puente se había inaugurado el día anterior, y esto salió en el diario La Nación de esa fecha: “Rodríguez Larreta propuso bautizarlo como el “Puente de Miguel”, en homenaje a un joven discapacitado que suele visitar la zona de Palermo y que es muy querido por los vecinos. No obstante, será la Legislatura porteña la que elija el nombre.” (http://www.lanacion.com.ar/1082768-ya-esta-en-uso-el-puente-de-dorrego). No habíamos podido entregarte la placa que habíamos pensado. Pero el puente iba a llevar tu nombre y eso era lo más importante. Cuando el trámite oficial se cumpliera, te haríamos también nuestro propio homenaje.

Vos nos sorprendiste y una vez que el puente fue inaugurado te quedaste en la esquina de Figueroa Alcorta y Dorrego. Seguiste haciendo tu trabajo de la misma manera que lo hacías antes. Tenías razón porque no toda la gente que camina o corre usa el puente, y los ciclistas lo tienen restringido. Nos seguiste cuidando de la misma forma que lo hacías antes. A cambio de nada. Los años pasaron y todavía el puente no lleva tu nombre. Yo sigo confiando en el que el reconocimiento finalmente va a llegar. Seguro que más de un diputado de la legislatura porteña cuando conozca esta historia hará las gestiones pertinentes. Vos sabés que a veces lo urgente posterga lo importante. Pero también que cuando una causa es justa finalmente el reconocimiento llega. Pero mientras se hagan los trámites, quiero hacerte llegar, gracias al arte de mi amigo Juan Antonio Currado*,  el homenaje de nuestro grupo. El que no pudimos hacerte cinco años atrás. Ojalá que puedas verlo. Y que te conmueva y emocione tanto como a nosotros cuando comenzamos a pensarlo cinco años atrás. Te mando un gran abrazo y espero verte pronto.

Imagen

*Agradecimiento especial a Juan Antonio Currado de JAC Fotocollage (http://jacfotocollage.blogspot.com.ar/)